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La meta 8.7 de la Agenda 2030 busca poner fin al trabajo infantil en todas sus formas para el 2025. Este es uno de los objetivos más difíciles de alcanzar ya que en la región latinoamericana a causa de la pandemia, puede haber un importante aumento de la tasa de trabajo infantil, lo que implica que al menos entre 109.000 y 326.000 niños niñas y adolescentes podrían ingresar al mercado de trabajo sumándose a los ya 10,5 millones que están en esta inaceptable situación.

Las y los niños deben crecer en ámbitos de amor y respeto, muy lejos de la explotación en todos sus sentidos. Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL, advirtió que el trabajo infantil es producto y origen de cadenas de desigualdad. En aquellas sociedades más inequitativas hay mayores tazas de trabajo y explotación infantil. Sumado a la ya injusta realidad que viven muchos países del continente latinoamericano, diversas investigaciones muestran que, a causa de la pandemia, puede haber un importante aumento de la tasa de trabajo infantil en la región, lo que implica que al menos entre 109.000 y 326.000 niños niñas y adolescentes podrían ingresar al mercado de trabajo sumándose a los ya 10,5 millones que están en esta situación.

Esta situación es inaceptable en el siglo XXI. Urge por consiguiente, avanzar hacia universalizar el acceso a la protección social y a la salud y otorgar un ingreso básico de emergencia a los niños, niñas y adolescentes en la región y sobre todo garantizar educación sin discriminación con estándares de calidad y con adaptación a nuevas tecnologías.

Es ahora más que nunca cuando los niños, niñas y adolescentes deben estar en el centro de las prioridades de acción y por ello es urgente revitalizar las alianzas entre los gobiernos, los empleadores, los trabajadores, la sociedad civil y la cooperación internacional para intensificar los esfuerzos para que en un futuro muy cercano América Latina y el Caribe sea la primera región en el mundo en poner fin al trabajo infantil.

En un acto oficial organizado por Naciones Unidas se decretó el 2021 como el Año Internacional para la Eliminación del Trabajo Infantil en las Américas. Youssouf Abdel-Jelil, director regional adjunto del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia en América Latina y el Caribe, señaló la importancia de que los países detecten a niños, niñas y adolescentes que están atrapados en algunas de las peores formas de trabajo infantil analizando sus casos y reestableciendo sus derechos. “Estamos comprometidos a trabajar con todos ustedes, gobierno, sociedad civil sector privado, para poner fin al trabajo infantil en las Américas”, aseguró.

El director general de la Organización Internacional del Trabajo, Guy Ryder, señaló que ha habido avances importantes en la materia. En el año 2020, el Convenio 182 sobre las peores formas de trabajo infantil alcanzó la ratificación universal y en todo el mundo. Otro avance es el hecho de que, en el periodo comprendido entre el año 2000 y el 2016, se redujo en 100 millones el número de niñas, niños y adolescentes que trabajan.

Empero, aún queda mucho por hacer. Ya hay investigaciones que muestran que los efectos de la pandemia de COVID-19 tiene el potencial de revertir gran parte del progreso alcanzado por el aumento de la pobreza, la caída de los ingresos familiares y el cierre de las escuelas. De ahí la urgencia de impulsar acciones efectivas que pongan a salvo a este sector de la población. 

Durante el evento de lanzamiento Sofía Mauricio, extrabajadora doméstica infantil, activista peruana por los derechos de las trabajadoras y trabajadores del hogar y representante de la Asociación Grupo de Trabajo Redes, ofreció su testimonio de cuando estuvo obligada a trabajar como niña. Sofía comenzó a trabajar a los 7 años y fue víctima de maltrato, explotación y violencia sexual. Ella salió de la zona rural de Perú para ir a trabajar a Lima con la finalidad de ayudar a su madre y a sus hermanos.

“El maltrato y la violencia y el dolor me hacía sentir que no valía para nada y cuando mi madre venía a verme y me preguntaba cómo me sentía, yo le decía que estaba bien por dos razones: una para que ella no se fuera triste y otra porque era amenazada”. Por ello Sofía hizo un llamado a todos los sectores involucrados para eliminar el trabajo infantil y garantizar que las niñas, niños y adolescentes de la región puedan tener “una infancia con recuerdos felices, no una cómo la que tuve yo”. 

La problemática es compleja y es preciso que se la aborde en toda su amplitud. Por un lado, la falta de políticas públicas que protejan la infancia, pero por el otro también se encuentran los empleadores que aun sabiendo el daño que provoca en las y los niños el trabajo infantil aún deciden contar con el mismo.  Alberto Echevarría, representante de la Organización Internacional de Empleadores (OIE), señaló que este año trabajarán con el sector en dos frentes: con una campaña para que líderes empresariales trabajen en el objetivo 8.7 de la Agenda 2030 y a través del monitoreo de buenas prácticas para que se puedan intercambiarlas entre distintas organizaciones. 

Kailash Satyarthi, Premio Nobel de la Paz, señaló que sí es posible eliminar el trabajo infantil. Y no se equivoca. Sabemos cuál es el problema y existen los recursos para hacerle frente sólo falta una cosa: la voluntad política para hacerlo.

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