Desde hace años diferentes corrientes teóricas están poniendo en cuestión el concepto de desarrollo. En esta puesta en duda de categorías muy arraigadas entra también el crecimiento económico. Este se encuentra estrechamente vinculado al aumento de la producción, el consumo y la utilización de recursos y, por consiguiente, tiene efectos perjudiciales para el medio ambiente y la salud humana. Es poco probable que se pueda lograr a escala mundial una desvinculación duradera y absoluta entre el crecimiento económico a gran escala y las presiones y repercusiones ambientales; por lo tanto, será nuestro desafío replantear lo que se entiende por crecimiento y progreso y su significado para la sostenibilidad y la vida.
¿A qué estamos dispuestos a renunciar para cumplir nuestras ambiciones de sostenibilidad?

Progreso, desarrollo y crecimiento son conceptos que a priori parecieran ser positivos. La pregunta debería ser entonces ¿positivos para quién? La actual "Gran Aceleración" en la pérdida de biodiversidad, el cambio climático, la contaminación y la pérdida de capital natural está estrechamente vinculada a las actividades económicas y al crecimiento económico. Si bien existen algunas alternativas de crecimiento que son respetuosas con el medioambiente, lo cierto es que el nivel de consumo y producción actual es completamente insostenible. La plena disociación del crecimiento económico y el consumo de recursos es improbable afirma una investigación publicada por la Agencia Europea de Medioambiente (AEMA).

El Acuerdo Verde Europeo y otras iniciativas políticas para un futuro sostenible requieren no sólo un cambio tecnológico sino también cambios en las prácticas de consumo y sociales. El crecimiento está arraigado cultural, política e institucionalmente, con lo cual el cambio requiere que abordemos esta transformación desde todas estas aristas. Las diversas comunidades que viven de manera simple ofrecen inspiración para la innovación social.

La investigación de la AEMA afirma que el mundo está experimentando un rápido cambio el cual implica que la civilización humana sea hoy profundamente insostenible. Esta dinámica tiene que cambiar. Los gobiernos, los científicos y las organizaciones no gubernamentales de todo el mundo se están uniendo para tratar de idear nuevas ideas, políticas, planes y narrativas posibles para construir otro mundo posible.

Basándose en las ideas de los informes de la AEMA sobre los impulsores del cambio y las transiciones hacia la sostenibilidad, la última publicación realizada por un grupo de expertos de la Agencia Europea de Medioambiente explora ideas sobre el crecimiento y el progreso con el objetivo de ampliar el debate sobre la sostenibilidad.  En este marco es que surge la pregunta acerca de si ¿Podría el Acuerdo Verde Europeo, por ejemplo, convertirse en un catalizador para que los ciudadanos de la UE creen una sociedad que consuma menos y crezca en dimensiones distintas?

Dado que no se está produciendo la disociación mundial del crecimiento económico y el consumo de recursos, se requiere una verdadera creatividad: ¿cómo puede la sociedad desarrollarse y crecer en calidad (por ejemplo, propósito, solidaridad, empatía), en lugar de en cantidad (por ejemplo, niveles de vida materiales), de una manera más equitativa? ¿A qué estamos dispuestos a renunciar para cumplir nuestras ambiciones de sostenibilidad?

La investigación pretende esbozar algunas respuestas a estas trascendentales preguntas.  Para comenzar, el informe sostiene que, a nivel mundial, el crecimiento no se ha disociado del consumo de recursos y de las presiones ambientales y no es probable que llegue a lograrlo. La huella de carbono, el producto interno bruto (PIB) y las emisiones de gases de efecto invernadero han aumentado rápidamente a lo largo del tiempo, y están fuertemente correlacionados. Si bien el crecimiento de la población fue la principal causa del aumento del consumo entre 1970 y 2000, el surgimiento de una clase media mundial acomodada ha sido el motor más fuerte desde el cambio de siglo explica el informe. Además, el desarrollo tecnológico se ha asociado hasta ahora con el aumento del consumo y no a la inversa.

El documento advierte que Europa consume más y contribuye más a la degradación del medio ambiente que otras regiones, y las perspectivas de Europa de alcanzar sus objetivos de política ambiental para 2030 y 2050 son escasas. Las políticas de alto nivel (por ejemplo, el Acuerdo Verde Europeo y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas) proponen como solución la disociación del crecimiento económico y el uso de los recursos. Sin embargo, los debates científicos sobre la posibilidad de la disociación se remontan al siglo XIX y todavía no hay consenso.

Si bien algunos países de la UE lograron reducir algunas formas de contaminación entre 1995 y mediados del decenio de 2010, la disociación entre el crecimiento y las huellas ambientales (por ejemplo, el agua, los materiales, la energía y los gases de efecto invernadero) asociada a las pautas de consumo de la UE suele ser relativa y varía entre los países. Estos cambios están asociados a una combinación de factores entre los cuales figuran los cambios económicos estructurales, que dieron lugar a la externalización de una parte importante de las actividades de gran consumo energético a países no pertenecientes a la UE. Es por esto que la investigación sostiene que una reducción absoluta de las presiones y los impactos ambientales requeriría transformaciones fundamentales en un tipo diferente de economía y sociedad.

La circularidad del 100 % es imposible

El estudio advierte que lograr una economía completamente circular no es posible. Entonces se pregunta, si no se puede desvincular el crecimiento económico del uso de los recursos, ¿se puede ampliar el uso de los recursos existentes dentro de la economía? Las políticas de economía circular tienen como objetivo mejorar la gestión de los desechos e inducir culturas de producción y consumo responsables. Sin embargo, es posible que la economía circular no logre la transformación hacia la sostenibilidad si las medidas de circularidad impulsan una estrategia de crecimiento que conduzca a un aumento del consumo de materiales.

El concepto de "economía circular" sugiere que los recursos materiales podrían obtenerse cada vez más dentro de la economía, reduciendo el impacto ambiental mediante el aumento de la reutilización y el reciclaje de los materiales. Sin embargo, este "imaginario" tiene un potencial limitado para la sostenibilidad, tal como lo revelan los análisis biofísicos. De hecho, a escala de toda la economía, en 2019 sólo se reciclaba alrededor del 12% del insumo material en la UE-27 (Eurostat, 2020). Habida cuenta de las actuales tecnologías de diseño de productos y gestión de desechos, las tasas de reciclado de materiales como los plásticos, el papel, el vidrio y los metales pueden -y deben- aumentar considerablemente en consonancia con las ambiciones políticas de la UE. Sin embargo, en general, el material reciclable sigue siendo una parte escasa del rendimiento de los materiales.

El bajo potencial de circularidad se debe a que una gran parte del rendimiento de los materiales primarios está compuesta por:

1) portadores de energía, que se degradan a través del uso como se explica en las leyes de la termodinámica y no pueden ser reciclados, y

2) materiales de construcción, que se añaden a las existencias de los edificios, que se reciclan durante períodos mucho más largos.

Además, el alto rendimiento y las bajas tasas de reciclaje parecen ser condiciones para una alta productividad. Las sociedades avanzadas requieren altos rendimientos de energía y materiales para mantener su complejidad organizativa. Lo que estas ideas apuntan es la necesidad de repensar y reformular las nociones sociales de progreso en términos más amplios que el consumo.

Pistas para repensar el crecimiento y el progreso

El informe concluye que históricamente, los estados modernos adoptaron el pensamiento económico que se centraba en el crecimiento y conceptualizaban los problemas sociales y ambientales como externalidades. Como resultado, el crecimiento está arraigado cultural, política e institucionalmente. En todo el mundo, la legitimidad de los gobiernos no puede separarse de su capacidad para generar crecimiento económico y proporcionar empleo, pero no así sostenibilidad.

Sin embargo, en los últimos decenios se han llevado a cabo diversas iniciativas para "repensar la economía" y desarrollar perspectivas teóricas que combinan la atención a las necesidades legítimas de la población humana actual con la necesidad de una transformación hacia un futuro sostenible.  Por ejemplo, el pensamiento ecomodernista   promueve el 'crecimiento verde' a través del progreso científico y tecnológico.  Otros campos académicos y movimientos sociales fueron más allá de la idea del crecimiento verde y propusieron conceptos como la "economía de la rosquilla" y el "decrecimiento" por citar algunos casos.

La innovación social, política y tecnológica es necesaria para traducir las ideas alternativas sobre el crecimiento en nuevas formas de vida. El reto en los próximos años será llevar estas ideas a los principales procesos políticos y considerar cómo pueden ponerse en práctica de forma efectiva en apoyo de los objetivos de sostenibilidad de Europa.

Si bien el planeta es finito en su sentido biofísico, puede ser posible un crecimiento infinito de los valores existenciales humanos, como la belleza, el amor y la bondad, así como de la ética. La sociedad está experimentando actualmente límites al crecimiento porque está encerrada en la definición del crecimiento en términos de actividades económicas y consumo material. El imperativo del crecimiento económico está arraigado cultural, política e institucionalmente. Sin embargo, como ha subrayado el Vicepresidente de la Comisión, Frans Timmermans, la necesidad de un cambio transformador, amplificado y acentuado por la pandemia de COVID-19, exige un replanteamiento profundo de nuestras actividades a la luz de la sostenibilidad.

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