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Según un nuevo informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la pandemia de la COVID-19 ha provocado que durante el primer semestre de 2020 los salarios mensuales de dos terceras partes de los países sobre los que se disponía de datos oficiales se redujeran notablemente o crecieran más lentamente. Asimismo, la investigación advierte que es probable que en el futuro cercano la crisis continúe ejerciendo una inmensa presión a la baja sobre los salarios. Cabe destacar que la existencia de salarios mínimos adecuados podría contribuir a lograr más justicia social y menos desigualdad.

Incluso antes de desatarse la pandemia de coronavirus cientos de millones de trabajadores del mundo percibían una remuneración inferior al salario mínimo. Esto limita en gran medida las posibilidades reales de construir sociedades más equitativas.  La Declaración del Centenario de la OIT para el Futuro del Trabajo (2019), que realiza un llamamiento a aplicar un enfoque del futuro del trabajo centrado en las personas, recalca la importancia de un salario mínimo adecuado establecido por ley o negociado.  En este sentido, la existencia de salarios mínimos podría contribuir a lograr más justicia social y menos desigualdad.

El Informe Mundial sobre Salarios 2020-2021  publicado a finales del pasado diciembre por la OIT, indica que la crisis no ha afectado del mismo modo a todos los trabajadores. Las mujeres se han visto más perjudicadas que los hombres. De las estimaciones basadas en una muestra de 28 países europeos se desprende que, sin los subsidios, en el segundo trimestre de 2020 la pérdida salarial para las mujeres hubiera sido del 8,1 por ciento frente al 5,4 por ciento para los hombres.

Además, los análisis empíricos expuestos en la parte II de dicho informe indican que cuando los salarios mínimos se establecen en un nivel adecuado, cubren por ley a los asalariados con más probabilidades de tener un empleo mal remunerado y se hacen cumplir rigurosamente, no solo sirven para proteger a los trabajadores contra una remuneración indebidamente baja, sino que además contribuyen a reducir la desigualdad.  Al mismo tiempo, el informe afirma que el salario mínimo será aún más eficaz si va acompañado de otras medidas que fomenten la formalización de la economía informal, la creación de empleo asalariado y el crecimiento de la productividad de las empresas sostenibles. El salario mínimo es solo uno de los elementos de un conjunto de políticas que pueden utilizarse para promover el crecimiento económico con justicia social.

La investigación demuestra que los efectos más adversos de la crisis se han hecho sentir con más intensidad en el salario de las mujeres y de los trabajadores con remuneraciones más bajas. Un dato curioso que aporta el informe es que, al analizar los datos, parecía observarse un aumento del salario medio en una tercera parte de los países que habían facilitado datos; sin embargo, ello se debía a la distorsión del valor promedio provocada por el gran número de trabajadores mal pagados que habían perdido el empleo y cuyos datos ya no se incluían entre los de los asalariados.

Además de haber golpeado con fuerza a la población femenino, la crisis también ha perjudicado a los trabajadores con remuneraciones más bajas. En este sentido, quienes tenían una ocupación de baja calificación perdieron más horas de trabajo que quienes ocupaban un cargo directivo o profesional mejor remunerado. A partir de los datos del grupo de 28 países europeos el informe explica que, sin los subsidios temporarios, el 50 por ciento de quienes menos ganan hubiera perdido aproximadamente el 17,3 por ciento de su salario.

Según Guy Ryder, Director General de la OIT, “El crecimiento de la desigualdad a causa de la crisis de la COVID-19 podría dejar un desolador saldo de pobreza e inestabilidad social y económica de enormes proporciones. Nuestra estrategia de recuperación debe centrarse en las personas. Necesitamos políticas salariales adecuadas que tengan en cuenta la sostenibilidad del empleo y de las empresas, en las que se aborden también las desigualdades y la necesidad de sostener la demanda. Si queremos reconstruir pensando en un futuro mejor, también hemos de plantearnos cuestiones incómodas, como por qué con tanta frecuencia las ocupaciones de gran valor social, como la de cuidadores/as y personal docente son sinónimo de sueldo bajo.”

Si bien la pandemia ha afectado a la población mundial, las diferentes políticas públicas implementadas por las administraciones marcaron una diferencia. En los países en los que se adoptaron medidas firmes para preservar el empleo, los efectos de la crisis se sintieron fundamentalmente como reducciones salariales, más que como pérdida masiva de puestos de trabajo. Sin los subsidios, la cuantía salarial media perdida en todos los grupos hubiera sido del 6,5 por ciento. Sin embargo, dichas prestaciones compensaron el 40 por ciento de este monto.

En el Informe se incluye también un análisis de los sistemas de salario mínimo, que podrían ser un factor determinante para conseguir una recuperación sostenible y justa. En la actualidad, el 90 por ciento de los Estados Miembros de la OIT tiene establecida alguna modalidad de salario mínimo. Ahora bien, incluso antes de comenzar la pandemia de COVID-19, a nivel mundial, 266 millones de personas, es decir, el 15 por ciento de todas las personas asalariadas del mundo percibían una remuneración inferior a la del salario mínimo por hora, ya fuera a causa del incumplimiento de la normativa pertinente o porque su ocupación estaba excluida de la misma. Las mujeres son mayoría entre los trabajadores que perciben el salario mínimo o una suma inferior.

Para paliar el impacto de la crisis que la pandemia ha dejado en el mundo entero y apoyar la recuperación económica se necesitan políticas salariales adecuadas y equilibradas, acordadas mediante un diálogo social sólido e inclusivo. En el futuro cercano, es probable que las consecuencias económicas y laborales de la crisis de la COVID-19 ejerzan una enorme presión a la baja sobre los salarios de los trabajadores. En este contexto, se requerirán ajustes salariales adecuadamente equilibrados, que contemplen los factores sociales y económicos pertinentes, para salvaguardar los empleos y asegurar la sostenibilidad de las empresas, al tiempo que se protegen los ingresos de los trabajadores y sus familias, se mantiene la demanda y se evitan situaciones deflacionarias.

En la carrera en la que se encuentran la mayoría de los Estados por prepararse para una nueva y mejor “nueva normalidad”, la existencia de salarios mínimos adecuados establecidos por ley o negociados, podría contribuir a lograr más justicia social y menos desigualdad en mundo cada vez más injusto.

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