El Atlas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2020 creado por el Banco Mundial presenta narraciones interactivas y visualizaciones de datos sobre los 17 ODS. Este propone un exhaustivo panorama de cada una de las metas marcadas hacia 2030. Además, en los casos a donde ya hay datos disponibles, el atlas también destaca el impacto emergente de la pandemia de coronavirus. Puntualmente, sobre el ODS 12, Consumo y producción responsables, gestionar los residuos de plástico y de alimentos para un futuro sostenible, el Atlas advierte que, si bien venían registrándose buenos resultados, la pandemia los ha detenido. Principalmente por el aumento del consumo de plástico de un solo uso lo cual ha hecho que se retroceda en este aspecto. Será necesario entonces redoblar esfuerzos para llegar a 2030.
Más retrocesos que avances en la carrera hacia 2030

El Banco Mundial ha publicado su Atlas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2020. Este se basa en la base de datos de los Indicadores del Desarrollo Mundial del Banco Mundial, así como en una amplia variedad de fuentes de datos pertinentes de científicos y otros investigadores de todo el mundo. La propuesta interactiva destaca las principales tendentendicas dentro de cada objetivo e introduce conceptos sobre cómo se miden algunos de ellos. El Atlas fue elaborado por el Grupo de Datos sobre Economía del Desarrollo (DECDG, por sus siglas en inglés) del Banco Mundial, en colaboración con diversas dependencias del Banco Mundial. Además, el Fondo de colaboración para los objetivos de desarrollo sostenible (Fondo SDG) proporcionó un generoso apoyo financiero.

En la mayoría de los Objetivos se puede observar que venían registrándose buenos resultados que se vieron detenidos, o bien empeorados a causa de la pandemia de coronavirus. Concretamente sobre el ODS 12, Consumo y producción responsables, gestionar los residuos de plástico y de alimentos para un futuro sostenible, el índice reconoce que el desarrollo y el crecimiento económico a largo plazo dependen de que se modifique la forma en que producimos y consumimos los bienes. Asimismo, explica la investigación muestra que la pandemia ha tenido negativos efectos sobre este.

El índice afirma, además, que, para alcanzar este objetivo, será necesaria una gestión más eficiente y respetuosa con el medio ambiente de los materiales a lo largo del ciclo de vida, a través de la producción, el consumo y la eliminación de los mismos cuando sea posible. Esto incluye algunos objetivos críticos y ambiciosos, por ejemplo, mejorar la forma en que usamos y eliminamos materiales como minerales, combustibles fósiles y metales, reducir la pérdida de alimentos en todas las etapas de la cadena de suministro de alimentos y minimizar los desechos plásticos que impregnan el medio ambiente natural.

La investigación expone que se prevé que el mayor crecimiento económico y los mayores ingresos per cápita, combinados con el crecimiento demográfico previsto de 3.000 millones de personas para 2050, aumentarán el uso de materiales. Asimismo, se espera que el uso de materiales a nivel mundial aumente en un 15% para 2030 y en un 75% para 2060, hasta alcanzar los 167.000 millones de toneladas métricas. El crecimiento de las economías de ingresos bajos y medios que aspiran a igualar el nivel de vida de las economías de ingresos altos podría ser un motor importante del consumo de materiales. Ante este contexto, sin políticas estructurales o tecnológicas específicas para frenar el consumo de recursos o promover el reciclaje, el uso de materiales se expandirá sin cesar. Esto tendrá consecuencias negativas para el medio ambiente, debido a la extracción de materiales, así como a la contaminación de los desechos posteriores. Los residuos de alimentos y plásticos juntos constituyen más de la mitad de los residuos mundiales.

El informe del Banco Mundial afirma que los desechos son un subproducto inevitable de las sociedades que crean y consumen bienes. En 2016 se generaron más de 2.000 millones de toneladas métricas de desechos en todo el mundo, y cada persona contribuyó con un promedio de 0,74 kilogramos por día. Más de la mitad de los desechos mundiales proceden de los alimentos y el plástico; otras categorías importantes de desechos son el papel y el cartón, el vidrio, el metal, el caucho, el cuero y la madera.

Cabe mencionar que en los países más pobres la mayor pérdida de alimentos se produce en las etapas de producción y distribución, mientras que en los países más ricos la mayor pérdida se produce en la etapa de consumo. La cadena de suministro de alimentos es el camino por el cual los alimentos se mueven de las granjas a nuestros platos. Los alimentos son producidos, almacenados, procesados y distribuidos antes de ser vendidos por los minoristas a los consumidores. La pérdida de alimentos se refiere a los alimentos destinados al consumo humano que salen de la cadena de suministro de alimentos entre ser producidos y llegar a un minorista. Las causas más comunes de la pérdida de alimentos son los daños durante la cosecha, las pérdidas durante el almacenamiento debido a temperaturas inadecuadas, y la humedad o infestación. Los desechos de alimentos se refieren a los alimentos que son desechados por los minoristas o los consumidores, por ejemplo, porque han llegado a su fecha de caducidad o como resultado de su deterioro.

La cantidad de pérdida y desperdicio de alimentos en las diversas etapas de la cadena de suministro de alimentos difiere según la región. El índice muestra que el desperdicio de alimentos es particularmente notable en América del Norte, donde se pierden 10 veces más alimentos en la etapa de consumo que en el África subsahariana y Europa. En cambio, la mayor parte de las pérdidas de alimentos en las economías de ingresos bajos y medianos se producen en las etapas de manipulación y almacenamiento porque muchos de esos países carecen de la infraestructura necesaria para almacenar alimentos de manera adecuada.

La pérdida de alimentos durante la producción es un problema mundial, independientemente de la región o el nivel de ingresos. Un tercio de las pérdidas de alimentos se producen en la etapa de producción en muchas economías. La pandemia de COVID-19 ha perturbado gravemente las cadenas mundiales de suministro, lo que puede agravar las pérdidas de producción. Por ejemplo, los cierres aplicados en muchos países para evitar la propagación de la enfermedad han afectado a la capacidad de los restaurantes para vender los alimentos que han comprado. Esa comida puede desperdiciarse si no se redirige a los bancos de alimentos o a las tiendas de comestibles. Sin embargo, el aumento del costo de los alimentos y la incertidumbre en las cadenas de suministro de alimentos pueden generar un nuevo impulso entre los consumidores para reducir el desperdicio de alimentos.

La reducción de la pérdida de alimentos y del desperdicio de alimentos es crucial para acabar con el hambre. Cada año se desperdician más de 1.300 millones de toneladas métricas de alimentos, mientras que casi 2.000 millones de personas padecen hambre o están subalimentadas. Para alcanzar el ODS 12, las economías deben centrarse en estrategias para las etapas de la cadena de suministro de alimentos que registran las mayores pérdidas, como la producción de alimentos más utilizables con la misma cantidad de recursos o el acceso de los agricultores a mejores instalaciones de almacenamiento que puedan limitar la cantidad de recursos necesarios para producir los alimentos del mundo.

Por otro lado, referido a los plásticos, el Índice expone que más de dos tercios de todos los plásticos producidos en el último año han sido desechados, y sólo el 6 por ciento de los plásticos han sido reciclados.  Los plásticos representan una quinta parte de los desechos mundiales y están siendo objeto de un creciente escrutinio ambiental. Aunque la producción a gran escala de plásticos no comenzó hasta la década de 1950, los plásticos son ahora parte de la vida cotidiana, desde los contenedores de almacenamiento y los envases hasta la electrónica. De 1950 a 2015 se produjeron más de 8.300 millones de toneladas métricas de plásticos, y la mayoría se ha utilizado sólo una vez. Más de dos tercios de todos los plásticos que se han fabricado se han desechado, terminando en los vertederos y contribuyendo a la contaminación del medio ambiente.

La pandemia de la COVID-19 ha empeorado también este aspecto del ODS12, principalmente porque ha impulsado el consumo de plástico. Los plásticos de un solo uso, como las mascarillas, los equipos de protección personal y las botellas de desinfectante se han considerado esenciales para controlar la propagación de la enfermedad. A nivel mundial, la venta de mascarillas desechables se ha multiplicado por 200 -de 800 millones en 2019 a 166.000 millones en 2020-, lo que ha dado lugar a un asombroso aumento de los desechos de plástico. Además, con las medidas de bloqueo y distanciamiento social adoptadas en muchos países, los hogares de todo el mundo han recurrido a la entrega de alimentos, paquetes y otros artículos de primera necesidad, otra causa del aumento de los desechos plásticos.

Pero no todo está perdido. La investigación explica que el consumo y la producción responsables de plásticos pueden realizarse mediante mejores estrategias para la producción de plásticos y la gestión de los desechos. Algunas de las estrategias más comunes en la producción de plásticos son la desmaterialización, la sustitución y la mejora de en las técnicas de biodegradado. Para una mejor gestión de los desechos plásticos, es necesario crear una economía eficaz de los plásticos después de su uso, con una recogida y un reprocesamiento eficiente para reducir las fugas a los sistemas naturales.

El índice resalta que también es necesario invertir más en la gestión de residuos, especialmente en las economías de bajos ingresos, donde la producción y el consumo de plástico crecerán más. Unas cadenas de valor de reciclaje más fuertes y una mejor eficiencia financiera de la gestión de los residuos sólidos son claves para asegurar que los sistemas mejoren. Los gobiernos también pueden contribuir a reducir los desechos de plástico prohibiendo o gravando los productos o envases de plástico de un solo uso y proporcionando otro tipo de supervisión reglamentaria.

Antes de la pandemia de la COVID-19, tanto los gobiernos como las empresas intentaban reducir los residuos plásticos. En 2019, más de 180 países firmaron una actualización del Convenio de Basilea de 1989 de las Naciones Unidas para incluir el plástico como residuo peligroso, y las industrias de todo el mundo se comprometieron a aumentar el plástico reciclado en los envases hasta el 22 por ciento para 2025.  A medida que se desarrollen los planes de recuperación de COVID-19, los países tendrán la oportunidad de "reajustar el reloj" y de avanzar en su compromiso de reducir los residuos de plástico y de alimentos. Aún queda mucho camino por recorrer y aunque el 2030 parezca lejano, diez años no es tanto si consideramos lo que nos falta por alcanzar.

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