La respuesta es sí. Para cumplir con unos elevados volúmenes de producción alimentaria que son necesarios para cubrir las necesidades de las personas, los expertos en la materia opinan que los océanos pueden convertirse en un aliado inesperado para abordar a este desafío, siempre y cuando se haga de manera responsable y sostenible.
¿Pueden los océanos ayudar a acabar con el hambre en el mundo?

Gran parte de la población mundial padece de hambre y desnutrición. A esto debemos agregarle el factor determinante del imparable crecimiento de habitantes en el planeta, con una previsión de 9700 millones de personas para el año 2050. Este crecimiento afectará a la humanidad en muchos factores, pero uno de ellos tendrá una especial relevancia para nuestra subsistencia: la producción de alimentos. Expertos en la materia afirman que la acuicultura, o el cultivo de especies acuáticas tanto animales como vegetales, es uno de los sectores de producción de alimentos de más rápido crecimiento en el mundo. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en 2018 la acuicultura alcanzó un récord productivo histórico de 114,5 millones de toneladas.

La FAO advirtió en su informe mundial 2020 sobre pesca y acuicultura que el deterioro de las reservas pesqueras y la captura excesiva de peces en su hábitat natural se ha convertido en un problema permanente. Un 30% de especies no se encuentra dentro de unos niveles biológicamente sostenibles y alrededor del 60% están cerca de alcanzar un nivel similar. Es por esto, que resulta urgente tomar medidas tendientes a desarrollar una gestión sostenible de los recursos marinos. Si esto efectivamente se logra, podría tener un efecto transformador en la alimentación de la población mundial.

Wenche Grønbrekk, presidenta de la red local del Pacto Mundial de las Naciones Unidas para Noruega, destaca que la cantidad de alimentos de origen marino que se cultivan actualmente podría, de hecho, sextuplicarse de manera sostenible, si se dan las condiciones adecuadas. La experta, pese a esta optimista afirmación, reconoce que persisten los problemas medioambientales. Entre los efectos perjudiciales de la acuicultura se incluyen la destrucción de los hábitats marinos, el uso de productos químicos y medicamentos veterinarios perjudiciales y la generación de residuos.

En este sentido, urge poder construir una economía azul que sirva para alimentar a todo el mundo de manera sostenible y equilibrada para el planeta. El enviado especial del Secretario General de las Naciones Unidas para los Océanos, Peter Thomson, confía que, de lograrse la gestión adecuada, los mares desempeñarán un papel importante en la erradicación del hambre en todo el mundo. Sobre esto, expresó "El potencial de la economía azul sostenible (el desarrollo de las actividades económicas oceánicas de forma integrada y sostenible) para alimentar al mundo es inmenso. No hay que olvidar que el océano cubre el 70% de la superficie del planeta y que mucho más del 90% del espacio habitable del planeta está bajo la superficie del Océano".

Al mismo tiempo, Thomson indicó que los océanos nos proporcionarán una gran parte de los alimentos nutritivos que necesitamos mediante “el desarrollo de nuevas formas de acuicultura sostenible con especies y piensos adecuados, la maricultura (el cultivo de las plantas y animales marinos), el cultivo de mariscos y prestando una mayor atención a las macroalgas para la alimentación humana y animal".

La Plataforma de Acción Empresarial Oceánica Sostenible del Pacto Mundial de las Naciones Unidas promueve el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 2, que busca acabar con el hambre en el mundo, mediante el fomento de la producción de alimentos marinos sostenibles.Asimismo, trabaja para lograr las metas asociadas al Objetivo número 14, que busca el uso sostenible de mares, océanos y recursos marinos, fomentando la gestión eficaz de los océanos y las normas para reducir la pesca excesiva, la contaminación marítima y la acidificación de los océanos. Dado que los productos marítimos generan una huella de carbono relativamente baja en comparación con la agricultura terrestre, la acuicultura desempeña un papel positivo en el cumplimiento del Objetivo número 13 que conlleva la adopción de medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus repercusiones.

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