La pandemia de COVID-19 no se parece a ninguna otra crisis sanitaria global y es la más difícil que el mundo ha enfrentado desde la Segunda Guerra Mundial. En algún punto, esta situación nos ha igualado, ya que el virus no diferencia la procedencia. Toda la humanidad somos vulnerables a contraer la enfermedad, aunque luego los recursos para hacerle frente sean diferentes. El nuevo desafío será poder garantizar que la vacuna contra el Covid19 llegue a toda la población mundial, sin diferencias.
El próximo desafío: garantizar la distribución equitativa de la vacuna

Tras propagarse por 200 países y territorios, el virus ha infectado a más de 2,5 millones de personas, provocando 170 000 muertos y empujando además a los países a una crisis económica. La pandemia ha desestabilizado la economía mundial, ha expuesto la debilidad de los sistemas de salud y ha alterado la vida de miles de millones de personas en todo el mundo. Según estimaciones del banco mundial, co¿omo resultado de esta crisis, por lo menos 50 millones de personas caerán en la pobreza extrema.

Si bien el futuro es aún incierto acerca de cómo evolucionará el virus y su incidencia en los diferentes países, hay algo claro y es que debemos unirnos para encontrar una respuesta más eficaz al virus, financiando y desarrollando una vacuna.  Quizás falten meses para lograr este objetivo, pero se espera que la disponibilidad de una vacuna ayude al mundo a superar esta crisis. Y cuando esto suceda será responsabilidad de los Estados aunar esfuerzos para que el reparto de esta vacuna sea igualitaria en todas las latitudes del mundo.

Trabajar juntos para desarrollar una vacuna

En febrero, la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI, por sus siglas en inglés) se unió al Banco Mundial y a otros asociados para crear un Grupo de Trabajo para el Desarrollo de Vacunas contra la COVID-19,  centrado en el financiamiento y la fabricación de vacunas que estén disponibles en todo el mundo.

Si bien ya se han logrado algunos avances, la CEPI estima que se necesitarán USD 2000 millones en financiamiento adicional para desarrollar hasta tres vacunas en los próximos 12 a 18 meses.  Este cálculo no incluye los costos de fabricación o de distribución.

Dadas las enormes consecuencias sanitarias, sociales y económicas de la pandemia, Muhammad Ali Pate, Director de Salud, Nutrición y Población del Banco Mundial, sostiene que  a todos les interesa trabajar mancomunadamente y ayudar a proporcionar el financiamiento necesario. Por experiencias pasadas, desde el Banco Mundial saben que las contribuciones directas de los Gobiernos y los mecanismos de financiamiento innovadores han ayudado a recaudar fondos para vacunas. Hoy, se debería aplicar el mismo enfoque.

Ali Pate, refuerza la idea de que, además de tener un financiamiento suficiente, es central establecer un sistema de distribución equitativa para garantizar que todos los países del mundo, incluidos los más pobres, tengan el mismo acceso a las vacunas cuando se encuentren disponibles. El experto apunta a tres principios rectores que serán clave: trabajar rápidamente, fabricar y distribuir la vacuna a gran escala y garantizar el acceso mundial.

En el Banco Mundial, se ha iniciado una respuesta masiva para la pandemia de COVID-19, con un financiamiento de hasta USD 160 000 millones en los próximos 15 meses, para ayudar a los países de todas las regiones a abordar las necesidades de salud inmediatas y mitigar los impactos económicos y sociales a corto y largo plazo de la pandemia.

Si bien se está financiando parte del trabajo realizado por la CEPI para agilizar el proceso de desarrollo y ayudar a disminuir el costo de fabricación, será necesario también contar con el apoyo financiero adicional de los sectores público y privado, así como de organizaciones filantrópicas.

La visión del Banco Mundial, explica Ali Pate, es que las vacunas se desarrollen a gran escala y se distribuyan de manera gratuita, a través de un proceso razonable y objetivo. En este sentido, las vacunas se deben poner primero a disposición de diferentes grupos de la población por etapas, priorizando a los trabajadores de la salud que están en la primera línea de la respuesta a la COVID-19, así como a las personas con mayor riesgo de contraer enfermedades graves y morir.

El especialista en salud sostiene que no podemos permitir que los países de ingreso alto monopolicen el suministro mundial de las vacunas para la COVID-19, como ocurrió durante la pandemia de gripe A (H1N1) de 2009.

Los países y las poblaciones más pobres y vulnerables no pueden quedar rezagados. Sería una solución mucho mejor que la comunidad mundial garantice la existencia de un sistema de distribución equitativa en todo el mundo.

No podemos detener este virus por sí solos. Necesitamos actuar juntos porque a todos nos conviene. Es un imperativo moral: simplemente, es lo que hay que hacer.

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