La actual crisis sanitaria causada por el coronavirus ha puesto de manifiesto, aún más si cabe, la relevancia de integrar la sostenibilidad en los procesos de toma de decisiones de inversión. Y así lo han demostrado los mercados financieros que, una vez más, han sabido identificar aquellas compañías con un perfil más sostenible como empresas más resilientes ante un escenario de elevada incertidumbre y dificultades económicas.
COVID-19: inversión sostenible y control de riesgos

Durante las últimas semanas y a lo largo del mes de marzo hemos sido testigos de un fuerte repunte de la volatilidad en los mercados financieros, donde el conjunto de activos, y en especial aquellos de más riesgo, registraban caídas muy significativas.  Las bolsas globales llegaban a sufrir caídas superiores al 30%, incluso del 40% en algunos casos, desde los máximos alcanzados en febrero de este mismo año. Sin embargo, en el universo de la renta variable, destacaba el comportamiento diferencial de aquellas compañías con características sostenibles, es decir, aquellas empresas con un perfil de sostenibilidad robusto desde el punto de vista ambiental, social y de gobierno corporativo (ASG).

En anteriores episodios de volatilidad y caídas generalizadas en los mercados financieros (año 2018), ya había quedado probado como estos activos presentaban un mejor comportamiento relativo frente a sus comparables menos sostenibles. Y este mismo patrón es el que hemos visto repetirse a lo largo de este mes. Para ello, hemos analizado tres familias de índices sostenibles, con diferentes grados de exigencia en cuanto a sostenibilidad, realizando el estudio a nivel global y regional para evitar posibles sesgos geográficos:


• MSCI ESG Universal Indexes: este índice sobrepondera aquellas compañías con mejor rating ASG e infrapondera aquellas más débiles. Además, valora positivamente aquellas empresas que han mostrado una mejora de su rating ASG en los últimos 12 meses (best-efforts), y excluye compañías pertenecientes a la industria armamentística y empresas que violen las normas internacionales.
• MSCI ESG Leaders Indexes: incluye las compañías que tienen una puntuación más alta en criterios ASG y que representan el 50% de la capitalización de cada sector. Además, excluyen empresas vinculadas al alcohol, tabaco, el juego, armas (civiles, militares y nucleares) y organismos modificados genéticamente.
• MSCI SRI Indexes: incluye las compañías que tienen una puntuación más alta en criterios ASG y que representan el 25% de la capitalización de cada sector. Además, excluyen empresas vinculadas al alcohol, tabaco, el juego, armas (civiles, militares y nucleares) y organismos modificados genéticamente.

En términos de rentabilidad, se observa, cómo tanto a nivel global como en las diferentes zonas geográficas (Estados Unidos, Europa y Economías Emergentes), los índices sostenibles presentan unas menores minusvalías que los índices tradicionales.  En lo que a riesgo se refiere, la inversión sostenible medida a través de volatilidad no presenta diferencias significativas, incluso en algunos casos, los índices con características ASG presentan mayores niveles de volatilidad como consecuencia del menor número de valores en cartera (los índices MSCI SRI agrupan el 25% de activos del índice tradicional), y por tanto, un menor efecto diversificación. Sin embargo, cuando utilizamos otras medidas como el drawdown o máxima caída, vemos cómo los índices sostenibles vuelven a presentar mejores resultados.

En todos los casos, el máximo drawdown registrado en los últimos cinco años se da en este último mes, y de nuevo, tanto a nivel global como regional, los índices sostenibles presentan caídas menos intensas que sus índices tradicionales. Y es que precisamente estos eventos de cola, que puedan generar pérdidas extraordinarias en una compañía, son los que trata de mitigar la inversión en base a criterios ASG. Finalmente, analizábamos si existía alguna correlación entre las empresas con un mejor perfil sostenible y aquellas con un perfil “valor” (value) o “crecimiento” (growth). Las empresas value suelen caracterizarse por presentar unas valoraciones bajas, altos dividendos, y un ritmo de crecimiento muy moderado. Por el contrario, las compañías growth, suelen ser empresas con elevados ritmos de crecimiento y elevadas valoraciones.

Partiendo de un análisis regional, se observaba como en Europa, EEUU y los Países Emergentes, los índices MSCI SRI presentaban un mayor sesgo hacia compañías estilo growth, y menor hacia empresas estilo value. En una primera lectura, esta correlación podría explicarse por el hecho de que aquellas actividades controvertidas (alcohol, tabaco, armas, etc.) excluidas de los índices MSCI SRI fuesen sectores típicamente value. Sin embargo, analizando otro de los índices de la “familia sostenible” de MSCI, veíamos como este argumento quedaba desmontando.

Es el caso de los índices MSCI ESG Focus, que buscan tener una mayor exposición a valores ASG que sus índices tradicionales, pero lo hacen únicamente a través de la exclusión de sectores controvertidos y de aquellos valores que no tengan un rating ASG. Es decir, no sobreponderan aquellas empresas con mejor puntuación ASG. Si replicamos el análisis de factores growth y value de estos índices frente a sus índices tradicionales (en este caso únicamente en EEUU y en los Países Emergentes, ya que esta familia de índices no dispone de índices europeos), se observa como las diferencias entre los índices dejan de ser significativas.

Por tanto, se podría afirmar, que la correlación que veíamos entre los índices sostenibles y el factor growth, no viene explicado por la exclusión de ciertas actividades controvertidas, como se demuestra en los gráficos inferiores, sino por un perfil de sostenibilidad (ASG) más robusto.

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