Víctor Viñuales no solo es el Director de la Fundación Ecología y Desarrollo ECODES, otras de sus múltiples facetas son la de sociólogo, profesor, experto en proyectos de cooperación internacional y la más importante, ser un verdadero amante de los higos y de sus tierras zaragozanas. Con motivo de la celebración de la 25ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP25) en España, le hemos invitado por primera vez a nuestra nueva oficina de Diario Responsable.
Víctor Viñuales: “Antes la sostenibilidad era de gente alternativa, ahora la sostenibilidad es la única alternativa”

Tras la renuncia de Chile, Madrid será la sede de la próxima cumbre del clima que tendrá lugar entre el 2 y 13 de diciembre de 2019 en el recinto ferial Ifema, bajo la presidencia de Chile. Tras publicarse la noticia, Víctor Viñuales afirmaba en sus redes sociales que: "el gobierno central, pero también todas las administraciones públicas, empresas, ONG, medios de comunicación debemos dar lo mejor de nosotros mismos para que la COP25 sea un éxito climático y un éxito de hospitalidad". 

Jordi Jaumá.- ¿Qué es la COP25 y por qué es tan estratégica esta celebración?

Víctor Viñuales.- En el mundo de hoy no tenemos muchos motivos para la desconfianza y el fatalismo y por tanto tenemos que entrenar la mirada para encontrar signos de esperanza. Uno de ellos es que en el año 2015, la Humanidad y los 193 países que la componen se pusieron de acuerdo en un programa común para afrontar un problema común que es el Cambio Climático, ningún país puede resolver este problema en soledad.

Las cumbres del clima son la articulación de esa voluntad colectiva gubernamental, y no solo gubernamental, para afrontar ese problema común que es de una dificultad enorme. No hay otro desafío mayor que este.

J.J.- ¿Somos realmente conscientes los ciudadanos de la gravedad de la situación?

V.V.- Yo creo que nos está pasando, como pasa en la vida personal, que cuando tenemos un problema que no queremos afrontar de cara, muchos apartamos la mirada para no ver, es común, psicológicamente es difícil convivir con noticias duras. Lo que ha cambiado en estos tiempos es que como las señales de los fenómenos climáticos extremos se han multiplicado, la conciencia de que estamos ante una crisis climática se ha generalizado, ya no es una cosa de científicos, ni de gente ilustrada.

Mis primos son agricultores y preguntaban a las antiguas generaciones sobre cuándo sembrar, pero ahora ya no preguntan porque les contestan que no saben qué va a pasar, este clima no es el que conocían. La idea de que el clima ha enloquecido en el mundo está generalizada.

J.J.- ¿Cuáles son los temas fundamentales que van a negociarse en la COP25?

V.V.- En el año 2020, las contribuciones nacionales determinadas, es decir lo que cada país realiza para frenar el cambio climático, tienen que revisarse. Tienen que revisarse al alza, a mucha alza, todo país tiene que hacer un acto de contricción y reflexión sobre si puede hacer más. De hecho, la nueva presidenta de la Comisión Europea en su discurso inaugural dijo: “donde Europea se comprometió en Paris a reducir un 40% sus emisiones, nosotros nos unimos a un 50% y estamos dispuestos para 2030 a subirlo a un 55% en relación a lo que hagan otros”, una manera de presionar a otros. En ese sentido, esta cumbre es relevante para forzar y empujar a que todos los gobiernos hagan todo lo que pueden.

El presidente Eisenhower en Estados Unidos, con motivo de la segunda guerra mundial, dijo “Hagan todo lo que puedan, allí donde estén, con lo que tengan”. Ese es el objetivo de la COP25 empujar la ambición climática de todos los actores.

J.J.- El gobierno español ha estado rápido a la hora de ofrecer Madrid como sede alternativa a la de Santiago de Chile para celebrar la COP25. ¿Qué significa para España acoger por primera vez una cumbre de cambio climático?

V.V.- Ha estado rápido y valiente, con tan poco tiempo no es fácil improvisar. Si esta COP no se realizará, una vez que Chile ya ha renunciado, a esto se sobreañade la renuncia de Brasil, de alguna forma es una manera de salvar este evento porque no podemos perder más tiempo. El gobierno español en funciones lo ha hecho bien, no hacer esta COP o retrasarla, con las agendas ya cerradas hubiera sido lanzar un mensaje negativo. Por los problemas particulares como las crisis domésticas que los países aplacen el objetivo común hace que procrastinen como malos estudiantes, llevándonos por muy mal camino.

Es una oportunidad para España, porque junto a Chile deberían intentar que salgan los mayores compromisos de la COP. También permite un acelerón en la sociedad española de llevar a cabo sus compromisos climáticos porque cuántas empresas miden su huella de carbono, cuántas de ellas tienen planes de reducción, cuántas compensan sus emisiones, ¿Y las ONG?, ¿Y los ayuntamientos? Hay un retraso generalizado y se necesita una implicación de todos los actores para lograr cumplir con los compromisos, los funcionarios de la Unión Europea por sí solos no lo van a conseguir.

J.J.- ¿Seguimos encontrándonos “Greenwashing”, lavado de cara, en las propuestas políticas y en las memorias de las empresas o estamos experimentando un cambio sistémico?

V.V.- Yo creo que la gente tiene la convicción de que el mundo tiene que girar, si antes la sostenibilidad era de gente alternativa, ahora la sostenibilidad es la única alternativa. Fuera de la sostenibilidad, no va a haber negocio. ¿Qué negocios están cerrando? Endesa va a cerrar dos o tres centrales térmicas, los negocios en crisis son los del automóvil y los que crecen son los negocios verdes. Este es el siglo XXI donde al fin, si o si, tenemos que construir una economía que haga las paces con la naturaleza porque hemos construido en el siglo XIX y XX una economía que estaba reñida y divorciada totalmente de la biosfera. Cuanto mejor iba la economía, peor iba la biosfera.

J.J.- ¿Pero, no estamos en una burbuja en la que solo los países industrializados estamos viviendo esa realidad?

V.V.- Es una percepción equivocada, hablemos de China. En Shenzhen, el 100% de sus autobuses son eléctricos, ¿Es el caso de Madrid, Barcelona o Zaragoza? No. El 65% de los taxis en Shenzhen son eléctricos ya y en 2020 el 100% lo será. Y ahora la industria automovilística europea dice que esta industria la están ganando los chinos porque han apostado fuerte por una transición energética. En el caso chino ha sido muy relevante la contaminación de sus ciudades para cambiar las cosas.

J.J.- ¿Y la reacción de los jóvenes?

V.V.- Los jóvenes han gritado y tienen toda la razón para gritar mucho más porque en el fondo, han constatado que les estamos “rrrrrrobando su futuro” y alargo la “r”. Cuando Televisión Española difundió los escenarios climáticos de Donostia diciendo que en un determinado escenario se perderá 19 metros de playa y en algunas zonas 23 metros. Si nosotros fuéramos esos jóvenes de Donostia, ¿Qué diríamos?

V.V.- Cuando ahora los jóvenes ven que, por termino medio, cada ciudadano ingerimos en torno a cuarto kilo de plásticos al año, ¿Qué pueden pensar? Hemos construido una economía que está envenenando su futuro. Es normal que griten y manifiesten un dolor enorme y pidan a las generaciones anteriores que les han metido en este lio que les saquen.

Hay dos grandes injusticias climáticas: la injusticia intrageneracional, muchas veces los fenómenos catastróficos extremos más graves se producen en países que han contribuido muy poco a los gases de efecto invernadero y sin embargo sufren la gran parte de las consecuencias. La otra gran injusticia es la intergeneracional, nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos que son absolutamente inocentes van a sufrir el mayor daño y esto no tiene razón de ser.

J.J.- Esta mañana, Estados Unidos acaba de anunciar que el próximo año abandonará el Acuerdo de París. ¿Cómo puede haber personajes como Trump que siguen siendo negacionistas en este aspecto?

V.V.- Habría que decir con precisión que es el gobierno de los Estados Unidos quien ha renunciado, porque en realidad la economía norteamericana está virando hacia la sostenibilidad también, nunca se han cerrado más centrales de carbón que con Trump, no va a invertir en economías que se caen.

Es muy distinto lo que puntualmente un presidente, que está sometido en un proceso de “impeachment”, haya decidido y otra cosa es lo que hace la sociedad de Estados Unidos, donde hay muchos estados y muchas empresas que están comprometidas con este viraje. De hecho, el 19 de agosto de este año, 181 CEO de las mayores empresas de los Estados Unidos hablaban claramente de que las empresas no solo están para la maximización de los beneficios sino están también para cumplir con las expectativas de todos sus grupos de interés.

En definitiva, lo de Trump es negativo, pero también está generando una reacción dentro de la sociedad norteamericana. De alguna forma, desde el principio Trump ha hecho un discurso contra la ciencia como un virus particularista suicida que dice que no tiene problemas comunes, sálvese quien pueda, hago muros y América primero.

Tenemos muchas posibilidades para dividirnos pero si vamos por ese camino de confrontación en relación con las diferencias que tenemos, no reuniremos fuerzas para la gran pelea que es asumir y afrontar este gran desafío entre todos. Tenemos que multiplicar una cultura de cooperación entre países y sectores para ese objetivo común.

J.J.- ¿Hay motivos para ser optimista? ¿O para ser realista?

V.V.- Hay motivos para la desesperanza y motivos para la esperanza pero tenemos que entrenar la mirada para seleccionar los motivos de esperanza. Esto es una gran batalla que exige hacer una revolución en las leyes, una revolución tecnológica y una revolución en el estilo de vida. El motor para la revolución es la esperanza, tenemos que regarla con acciones concretas, relevantes y útiles para rehacer el clima.

 

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