
La situación de la infancia y la juventud continúa siendo uno de los grandes desafíos sociales de América Latina y el Caribe. De los aproximadamente 255 millones de niños, niñas, adolescentes y jóvenes que viven en la región, cerca del 45 % está en riesgo debido a la pobreza, mientras una parte importante de esta población afronta además situaciones de desigualdad y violencia.
Este escenario vuelve especialmente relevante la búsqueda de nuevas fórmulas para financiar políticas destinadas a garantizar derechos y mejorar las condiciones de vida desde las primeras etapas. Según informaron CAF, banco de desarrollo de América Latina y el Caribe, y UNICEF, durante la Semana de Alto Nivel del 81.º período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, uno de los principales retos pasa por conseguir que los recursos disponibles se traduzcan en resultados medibles en ámbitos como el desarrollo infantil temprano, la salud y la educación.
El debate tuvo lugar un año después de la puesta en marcha de Banco Futuro LAC, una iniciativa creada en septiembre de 2025 con el objetivo de orientar financiación pública y privada hacia programas dirigidos a niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Para finales de 2026, se prevé que las aprobaciones realizadas en este marco alcancen cerca de 1.400 millones de dólares, con un potencial beneficio para alrededor de siete millones de personas de estas edades.
El objetivo planteado desde su lanzamiento es movilizar 5.000 millones de dólares hasta 2031 y alcanzar a 50 millones de niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Para ello se aplica el Marco de Inversión con Enfoque en Infancia de UNICEF (CLIF, por sus siglas en inglés), una metodología destinada a incorporar criterios específicos sobre infancia en las decisiones de inversión, la selección de proyectos y la medición de sus resultados.
La búsqueda de financiación cobra especial importancia en un momento en el que disminuye parte del apoyo tradicional a las agendas multilaterales, mientras persisten la pobreza, la desigualdad, la violencia y los retrasos en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) relacionados con la infancia.
“En un momento en que los recursos para el desarrollo enfrentan presiones crecientes, cada dólar debe generar un mayor impacto para cada niño y niña”, señaló Kitty van der Heijden, directora ejecutiva adjunta de UNICEF. La responsable defendió la necesidad de ampliar el impacto y sumar nuevos actores capaces de dirigir recursos hacia las necesidades de niños, niñas, adolescentes y jóvenes.
Una de las vías exploradas consiste en asociar determinados incentivos financieros al cumplimiento de resultados vinculados con los ODS. Este enfoque busca reforzar la rendición de cuentas y acelerar los avances en áreas especialmente relevantes para el bienestar infantil, entre ellas la atención durante los primeros años de vida, la salud y la educación.
Actualmente se desarrollan operaciones relacionadas con este modelo en Argentina, Barbados, República Dominicana, El Salvador, Honduras, Panamá, Trinidad y Tobago y Uruguay. Ecuador también ha incorporado evidencia centrada en la infancia en la financiación para el desarrollo mediante el programa Nueva Infancia CAF, cuya experiencia fue presentada durante el encuentro por la ministra de Trabajo y Desarrollo Humano, Cynthia Gellibert.
La movilización de capital para estas políticas no se limita a los presupuestos públicos tradicionales. En enero de 2026 se puso en marcha un programa de bonos para la niñez y la juventud por 1.000 millones de dólares. Hasta ahora se han emitido más de 315 millones bajo un marco común orientado a reforzar la selección de proyectos, la medición del impacto, la gobernanza y la transparencia.
Durante el encuentro celebrado en la sede de UNICEF también se abordaron otras fórmulas para ampliar los recursos disponibles, como el cofinanciamiento, las garantías, los fondos concesionales, las subvenciones y la asistencia técnica. En el intercambio participaron representantes del Fondo de Qatar para el Desarrollo, Education Above All, el Banco Mundial y los gobiernos de Ecuador y Finlandia.
Alicia Montalvo, vicepresidenta de Cooperación, Alianzas y Movilización de Recursos de CAF, defendió que destinar recursos a niños, niñas y jóvenes supone una inversión de desarrollo a largo plazo y señaló que, tras el primer año de la iniciativa, el objetivo es avanzar desde los compromisos hacia operaciones concretas y mecanismos capaces de movilizar capital a mayor escala.
El debate incorporó asimismo la voz de las nuevas generaciones. Richard Martínez, integrante del Consejo de Acción Adolescente y Juvenil de la Oficina Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe, participó en el encuentro para reflexionar sobre el papel que puede desempeñar la juventud ante algunos de los principales desafíos que atraviesa la región. Este consejo funciona como una plataforma de diálogo y colaboración entre UNICEF y jóvenes líderes latinoamericanos y caribeños.
Además de analizar las experiencias ya desarrolladas, el encuentro permitió intercambiar aprendizajes sobre cómo incorporar criterios de infancia en las decisiones financieras. Entre las cuestiones abordadas estuvieron la identificación de proyectos, el seguimiento de sus efectos y la posibilidad de adaptar estas metodologías a otros mercados y regiones.
El desafío de fondo, sin embargo, trasciende los instrumentos financieros: en una región donde millones de niños, niñas y jóvenes siguen expuestos a la pobreza, la desigualdad y la violencia, aumentar los recursos resulta inseparable de garantizar que estos lleguen a las políticas capaces de mejorar de forma efectiva su salud, educación, desarrollo y oportunidades de futuro.