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Frutas y hortalizas representan ya cerca de una cuarta parte del valor de la producción agrícola mundial, pero su creciente importancia económica todavía no garantiza dietas saludables y asequibles. Según la FAO, impulsar la productividad, facilitar el acceso a la innovación y reforzar las políticas públicas será determinante para aprovechar el potencial de la horticultura frente al cambio climático y los desafíos nutricionales.
La horticultura, clave para alimentar mejor al mundo

La transformación de los sistemas agroalimentarios no pasa únicamente por producir más alimentos. El desafío consiste también en conseguir que la agricultura proporcione una oferta suficientemente diversa y nutritiva, disponible y económicamente accesible para toda la población. En este escenario, la horticultura puede desempeñar un papel cada vez más relevante.

Así lo defendió el director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), QU Dongyu, durante su intervención en el Congreso Internacional de Horticultura de 2026, celebrado en Kioto (Japón). Ante representantes de la comunidad científica, responsables políticos, empresas y productores, destacó la contribución de las frutas, las hortalizas y otros cultivos hortícolas tanto a una alimentación saludable como a la biodiversidad, la adaptación al cambio climático y la resiliencia de los medios de vida.

Para el responsable de la FAO, el rendimiento de la agricultura ya no debería evaluarse exclusivamente por el volumen de alimentos obtenido. También resulta necesario considerar su capacidad para proporcionar los productos que necesitan sociedades saludables y garantizar que estos puedan llegar a todas las personas en condiciones accesibles y asequibles.

Un sector que crece, pero no llega por igual a todos

La horticultura ha adquirido un peso considerable dentro de la economía agrícola mundial. Según los datos presentados por la FAO, entre 2010 y 2024 la producción de frutas y hortalizas avanzó a un ritmo superior al de los cereales. Actualmente, estos cultivos representan cerca de una cuarta parte del valor de toda la producción agrícola mundial, alrededor de 1,4 billones de dólares.

El comercio internacional también se ha expandido. Durante ese mismo periodo, las exportaciones aumentaron aproximadamente un 2,6 % anual y alcanzaron en 2024 los 175 millones de toneladas, con un valor de 240.000 millones de dólares.

Sin embargo, este dinamismo económico no se ha traducido automáticamente en una mejora equivalente de las dietas. La FAO identifica tres obstáculos estrechamente relacionados para aprovechar plenamente el potencial nutricional de la horticultura: productividad, disponibilidad y asequibilidad.

Los rendimientos del sector han aumentado menos de un 1 % anual, por debajo del crecimiento registrado por los cereales. La organización vincula esta evolución, entre otros factores, con una inversión insuficiente en investigación, genética e infraestructuras.

Las dificultades también aparecen cuando se analiza cuánto alimento está realmente disponible. Los últimos cálculos de la FAO señalan que, en 2023, solo alrededor de la mitad de los países producía suficientes frutas y hortalizas para alcanzar la recomendación conjunta de la FAO y la Organización Mundial de la Salud (OMS), situada en 400 gramos diarios por persona.

El consumo mundial medio permanece lejos de esa referencia: aproximadamente 80 gramos de fruta y 190 gramos de hortalizas por persona y día.

A ello se suma el encarecimiento de estos productos. Entre 2016 y 2025, los precios percibidos por los productores aumentaron en el 89 % de los países en el caso de las frutas y en el 93 % para las hortalizas. Las subidas medianas anuales fueron de alrededor del 4,2 % y el 4,7 %, respectivamente.

El cambio climático añade presión sobre la producción

Las perspectivas plantean nuevos desafíos para las próximas décadas. Las previsiones recogidas por la FAO indican que, en 2050, menos de un tercio de los países del África subsahariana contará con suministros de frutas y hortalizas suficientes para cumplir con la recomendación de consumo establecida conjuntamente por la FAO y la OMS.

Este escenario coincide con una creciente presión sobre los recursos naturales. La disponibilidad limitada de tierra y agua se combina con los efectos del cambio climático, desde el incremento de las temperaturas y la escasez hídrica hasta los fenómenos meteorológicos extremos y una mayor incidencia de plagas y enfermedades.

Ante estas amenazas, QU Dongyu reclamó inversiones destinadas a mejorar las semillas y el material de siembra, recuperar la salud de los suelos, utilizar sistemas de riego más eficientes e impulsar la mecanización y las tecnologías digitales. También señaló la necesidad de reforzar los servicios de extensión agraria, los sistemas de poscosecha y las conexiones entre productores y mercados.

La prioridad, según planteó durante el Congreso, debe ser mejorar la eficiencia para conseguir que el crecimiento futuro de la producción proceda cada vez más de obtener mejores resultados utilizando menos recursos.

Innovación al alcance de los pequeños productores

La FAO considera que aumentar la escala de los sistemas existentes no será suficiente. Será necesaria una transformación en la que los agricultores ocupen una posición central y participen activamente en las decisiones, las políticas y la incorporación de nuevas soluciones.

Tecnologías como la inteligencia artificial, la edición del genoma y las herramientas digitales ya están acelerando los procesos de mejora de los cultivos y ofreciendo posibilidades para disminuir las pérdidas posteriores a la cosecha.

Entre los ejemplos mencionados por el director general figura el trabajo desarrollado por el Centro Conjunto FAO/OIEA de Técnicas Nucleares en la Alimentación y la Agricultura. Su labor en materia de mejoramiento por mutación ha contribuido a la introducción oficial de más de 3.450 variedades correspondientes a más de 70 especies vegetales, entre ellas numerosas frutas y hortalizas.

Pero la incorporación de tecnología plantea también un desafío de equidad. La FAO defiende que las innovaciones deben ser accesibles, asequibles y sencillas de adoptar, especialmente para los pequeños agricultores. Su relevancia en este sector es considerable: las explotaciones de hasta 20 hectáreas generan más de la mitad de las frutas y hortalizas producidas en el planeta. En Asia y el África subsahariana, su participación supera el 80 %.

Por ello, QU Dongyu reclamó también un mayor respaldo gubernamental a la investigación, los sistemas de semillas y las infraestructuras, junto con políticas comerciales y mercados capaces de reconocer la calidad y el valor nutricional de los alimentos.

Tradición y tecnología para una horticultura más sostenible

La transformación del sector tampoco implica abandonar los conocimientos acumulados durante generaciones. La FAO considera que las prácticas tradicionales pueden combinarse con tecnologías avanzadas para mejorar la producción y aprovechar mejor las características de cada territorio.

La horticultura tiene, de hecho, una presencia destacada dentro de los Sistemas importantes del patrimonio agrícola mundial reconocidos por la organización. De los 104 sistemas incluidos en esta iniciativa, casi la mitad están relacionados con actividades hortícolas.

Entre ellos figuran los huertos de azufaifos del condado de Jia, en China; las palmas datileras y los olivares del oasis de Siwa, en Egipto; y los sistemas agrícolas en terrazas de los Andes peruanos.

Durante un intercambio con los asistentes al Congreso, el director general de la FAO señaló además que las tecnologías de vanguardia pueden contribuir a extraer todo el potencial de cultivos y métodos productivos tradicionales. Al mismo tiempo, subrayó la importancia de acompañar a los consumidores para adaptar los hábitos alimentarios a los nuevos contextos y disminuir el desperdicio de alimentos.

La organización trabaja en esta dirección mediante su enfoque de agricultura inteligente y programas como Un país, un producto prioritario, la Iniciativa Mano de la mano y la Iniciativa ciudades verdes.

La FAO profundizará en estos desafíos en Unlocking the Full Potential of Fruits and Vegetables Globally (Aprovechar todo el potencial de las frutas y hortalizas a escala mundial), un informe cuya publicación está prevista para 2027. El documento analizará la evolución de la producción, el comercio y el consumo y abordará cuestiones como los medios de vida, la salud, la productividad, la sanidad vegetal, el suministro de semillas y los mercados.

Las conclusiones preliminares presentadas durante un acto paralelo al Congreso Internacional de Horticultura apuntan, según la organización, a la necesidad de acelerar las medidas para que el crecimiento de este sector pueda traducirse en sistemas agroalimentarios más sostenibles y, sobre todo, en dietas saludables al alcance de toda la población.

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