Frutas y hortalizas representan ya cerca de una cuarta parte del valor de la producción agrícola mundial, pero su creciente importancia económica todavía no garantiza dietas saludables y asequibles. Según la FAO, impulsar la productividad, facilitar el acceso a la innovación y reforzar las políticas públicas será determinante para aprovechar el potencial de la horticultura frente al cambio climático y los desafíos nutricionales.