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A pesar de la cantidad de noticias horrorosas que nos persiguen cada día (guerras, refugiados, hambrunas…) estoy convencida de que una buena parte de la ciudadanía es buena gente. E incluso puede que haya un alto porcentaje de buena gente buena.
Solidaridad sí, pero todo el año

 

Normalmente llamamos buena gente a alguien de fiar, buena persona, bondadosa... y  gente buena alguien que hace bien lo que hace, responsable, eficiente...  Así que la buena gente buena es aquélla a quien todo el mundo desearía tener cerca.

La buena gente, por lo general, basa su comportamiento en principios y valores de alguna religión o algún sistema filosófico, e intenta además ser lo más coherente posible.  La gente buena, normalmente, presenta altos índices de necesidad de logro y adecuados niveles de perseverancia, herramientas que aplica para marcarse sus objetivos de mejora e ir superando las diferentes fases de su planificación al efecto.

Con todas las excepciones que queramos, en contextos "capitalistas" se da preponderancia a los comportamientos habitualmente observados en la gente buena:  la importancia de los objetivos económicos priman en los planes a corto plazo, peleas por el poder, planteamientos yo gano - tú pierdes, entronización del ego y desapego hacia los demás. A la vez, en contextos "humanistas" se favorecen comportamientos habitualmente observados en la buena gente: planes a medio o largo plazo, repartos de poder, planteamientos yo gano - tú ganas, priorización de conductas inclusivas…

Ambos grupos, como no podía ser de otra forma, disponen de sus propios códigos como marco de las relaciones sociales que se tejen:  todos aceptan qué se puede y qué no se puede hacer en el contexto social en el que se mueven.  Y no solo son válidos para su propio mundo, sino que les sirven como  tarjeta de identidad y como guía ante personas o situaciones ajenas a su contexto habitual.  Así, todos hemos visto a alguien que hace gala de su estatus económico y también a alguien que se encarga de demostrar la bondad de sus planteamientos sobre cooperación, por ejemplo.  

Puesto que estamos en sociedad, todos hacemos política, (si entendemos con la RAE que el término política se refiere a "actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo"), y se puede contemplar  cómo las personas se mueven en la sociedad  enclavadas en el contexto "capitalista" o en el "humanista":  el lenguaje, los gestos, la vestimenta, el uso del espacio, los textos escritos… reflejan el código que les sirve de guía en sus planteamientos de vida.

Afortunadamente, estamos en una época en que la  revisión permanente de los códigos que rigen las conductas sociales está más de moda que nunca.  Lo que podemos observar diariamente en el Parlamento u otros lugares públicos es solo un pálido  reflejo de la  compleja realidad social actual;  no solo los partidos políticos, sino los sindicatos, las patronales, las empresas, las organizaciones de todo tipo, están revisando sus códigos de comportamiento para adecuarse a este ingente movimiento social que parece, por fin, encauzado hacia una convivencia más pacífica y respetuosa entre nosotros, incluyendo por primera vez en "nosotros" el medio ambiente y el Planeta en su conjunto.

El éxito de este movimiento global depende, creo, de que la buena gente y la gente buena tome consciencia de cuál es su postura vital y su presencia política,  comenzando así a revisar qué aspectos positivos podría incorporar en su propio conjunto de valores, independientemente de si esos valores se han estado identificando hasta ahora con el grupo "capitalista" o el "humanista".  

Sería un paso gigantesco:  cada vez más buena gente buena poniendo su granito de arena para conseguir un mundo mejor.  Como dice José León Carrión, cultivarse a sí mismo es una de las formas de aportar y contribuir dando paz y seguridad a los demás, muy en línea con el pensamiento de Emmanuel Kant:  Dormía y soñé que la vida era belleza, pero desperté y advertí que es deber".  El deber que todos tenemos de hacerla bella.

¿Revisamos bajo este prisma nuestros propósitos de año nuevo?

 

Edita Olaizola (@EditaOla)

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