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¿Están los niños y niñas más vulnerables escolarizados en los centros con menos recursos? ¿Hasta qué punto la distancia hasta las aulas favorece el abandono? UNICEF busca responder a estas cuestiones mediante MICS-EMIS, una metodología que cruza información sobre las condiciones de vida de los hogares con los registros administrativos de los centros educativos.
Hogar y escuela: la nueva radiografía de la desigualdad educativa

Las desigualdades educativas no comienzan ni terminan en las puertas de una escuela. Las condiciones socioeconómicas de las familias, las posibilidades de aprendizaje en el hogar, la distancia que separa una vivienda del centro educativo o los recursos disponibles en las aulas pueden condicionar conjuntamente la trayectoria de niños, niñas y adolescentes. Sin embargo, analizar todas estas dimensiones de manera integrada continúa siendo un desafío.

El problema no radica necesariamente en la ausencia de información, sino en su fragmentación. Por un lado, las encuestas de hogares permiten conocer las circunstancias familiares y los resultados de aprendizaje. Por otro, los ministerios de Educación recopilan información sobre los centros, como sus infraestructuras, número de estudiantes o disponibilidad de personal. Hasta ahora, ambas fuentes han funcionado habitualmente por separado.

Para salvar esa brecha, UNICEF está impulsando el análisis MICS-EMIS, una herramienta que integra los datos de la Encuesta de Indicadores Múltiples por Conglomerados (MICS), su principal programa de encuestas de hogares, con la información administrativa de los Sistemas de Información para la Gestión Educativa (EMIS).

Según informa UNICEF, este trabajo forma parte de MICS-Link, una iniciativa más amplia destinada a conectar los datos obtenidos mediante las encuestas MICS con diferentes registros administrativos. Con apoyo específico del Intercambio de Conocimiento e Innovación de la Alianza Mundial para la Educación (GPE-KIX), el análisis MICS-EMIS se está implementando en ocho países socios de la organización con el propósito de obtener una fotografía conjunta de los entornos familiares y escolares.

Del hogar al centro educativo

El primer desafío consiste en establecer una conexión fiable entre cada estudiante incluido en MICS y el centro al que asiste. Para hacerlo posible, las encuestas incorporan preguntas adicionales destinadas a identificar la escuela concreta de cada niño o niña.

Esta información requiere, además, especiales garantías de privacidad. Los microdatos de MICS se publican de manera anonimizada, por lo que variables identificativas como el nombre del centro educativo no aparecen en las bases de datos disponibles públicamente.

El conjunto completo de información de MICS sigue siendo útil, por ejemplo, para realizar comparaciones entre distritos. Sin embargo, para vincular las características particulares de una escuela con la situación de un estudiante es necesario que el centro declarado pueda identificarse claramente y asociarse con los registros de EMIS.

Por esta razón, el proceso conserva para el análisis vinculado únicamente aquellos casos en los que la escuela puede emparejarse de manera fiable con el sistema administrativo. UNICEF subraya que este filtrado tiene como finalidad garantizar la calidad de la vinculación y no limitar los usos más amplios de la información procedente de MICS.

Convertir los registros educativos en información comparable

La otra parte del proceso se encuentra en los sistemas EMIS gestionados habitualmente por los ministerios de Educación. Estas bases pueden contener tanto registros generales de cada escuela —infraestructura, matrículas o número de docentes— como información individual sobre estudiantes y profesorado. El objetivo es transformar esa diversidad de registros en una única base de datos completa a escala escolar que pueda combinarse posteriormente con MICS.

Para desarrollar esta tarea, UNICEF explica que se constituye un Grupo Técnico de Trabajo integrado por el Ministerio de Educación, la Oficina Nacional de Estadística y el propio organismo internacional. Este equipo revisa los cuestionarios de EMIS y determina qué variables resultan prioritarias para el análisis.

La preparación de los registros administrativos comienza con una fase de limpieza y transformación. Se identifican datos ausentes, valores atípicos o entradas inesperadas y se convierten las variables originales en indicadores adecuados para el análisis. Por ejemplo, una fuente de agua potable puede clasificarse como mejorada o no mejorada, mientras que las respuestas abiertas pueden agruparse en categorías homogéneas, como sucede con la información sobre etnicidad.

Posteriormente, los registros individuales se agregan al nivel de cada centro educativo. La razón es que MICS-EMIS vincula al estudiante con una escuela y no con los registros individuales almacenados dentro de EMIS.

Así, los datos del profesorado pueden utilizarse para calcular el número total de docentes de una escuela, la proporción que dispone de cualificación para enseñar o su distribución por sexo. De manera similar, los registros del alumnado permiten obtener indicadores como la matrícula desagregada por sexo o etnicidad y las puntuaciones medias obtenidas en evaluaciones.

Una tercera fase introduce controles de coherencia. Entre otras comprobaciones, puede contrastarse el total de estudiantes que declara tener una escuela con la suma de los registros individuales disponibles. Detectar estas discrepancias no solo mejora la calidad del análisis, sino que también puede contribuir al fortalecimiento de los propios sistemas EMIS.

Una nueva mirada sobre las desigualdades educativas

Una vez depuradas las dos fuentes, los datos de estudiantes procedentes de MICS pueden combinarse con la información escolar de EMIS mediante el identificador del centro recogido durante la encuesta.

El resultado permite observar simultáneamente factores que hasta ahora permanecían separados: por una parte, las condiciones socioeconómicas y los resultados de aprendizaje de los hogares; por otra, cuestiones como las infraestructuras, el personal o el tamaño de las escuelas.

Esta combinación abre la posibilidad de analizar con mayor precisión de qué manera el contexto familiar y las condiciones del sistema educativo interactúan y afectan a las oportunidades de aprendizaje.

El potencial de MICS-EMIS, además, no se limita al seguimiento de estudiantes concretos. La comparación de indicadores procedentes de ambas fuentes permite comprobar hasta qué punto los sistemas estadísticos están describiendo una misma realidad.

Por ejemplo, indicadores obtenidos a través de MICS a escala de distrito —como las tasas de niños y niñas fuera de la escuela o las tasas de finalización de los estudios— pueden contrastarse con las mediciones de EMIS. Estas comparaciones permiten detectar patrones y analizar cómo los indicadores derivados de las encuestas de hogares se relacionan con las características del sistema escolar de cada territorio.

De los datos a políticas educativas más equitativas

La iniciativa ya está avanzando en varios países. Según UNICEF, Belice, Guatemala, Madagascar, Nepal, Ucrania y Samoa ya han incorporado las preguntas necesarias para establecer estos vínculos en sus encuestas MICS y se encuentran en las etapas finales de recopilación de información o preparando la publicación de los datos.

Estos países están constituyendo ahora sus respectivos Grupos Técnicos de Trabajo para desarrollar conjuntamente los análisis. El proceso busca también favorecer la transferencia de conocimiento y fortalecer las capacidades locales para utilizar estas herramientas.

La apuesta de MICS-EMIS parte así de una premisa sencilla pero relevante para las políticas públicas: conocer cuántos niños y niñas están escolarizados no basta para comprender la desigualdad educativa. También es necesario saber en qué condiciones viven, a qué escuelas acceden y qué recursos encuentran cuando llegan a ellas.

Al conectar información que tradicionalmente permanecía fragmentada, UNICEF plantea una vía para identificar con mayor precisión dónde se concentran las desventajas y generar evidencias que permitan orientar las decisiones públicas hacia sistemas educativos más inclusivos y equitativos.

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