
Las pequeñas y medianas empresas forman un amplio porcentaje del tejido empresarial y necesitan, tanto o más que las grandes corporaciones, subirse al carro del crecimiento sostenible para sobrevivir en el nuevo escenario económico tras la crisis. Las pymes han tenido, tradicionalmente, muy poco acceso a las guías, códigos y recomendaciones que florecen desde el panorama institucional a las que, por el contrario, acceden sin reparos las grandes corporaciones.

Nos llenamos la boca a la hora de hablar de lo que trabajamos para otros, de lo que trabajamos para hacer de este mundo un mundo más justo y que se acaben por fin las injusticias que caen sobre muchos. Seguimos llenándonos la boca al hablar de lo difícil que es encontrar un empleo digno en estos momentos de crisis mundial.

Recientemente han surgido dos casos relacionados con la responsabilidad empresarial que muestran un gran contraste en los resultados de las acciones de stakeholders y que nos dejan importantes lecciones: manzanas y bananas, Apple y Chiquita Banana
Estamos perdiendo el tiempo. Seguimos en plena crísis y con la prima de riesgo alcanzando máximos anuales. Ni la reforma laboral, ni la amnistía fiscal o nuestra actitud sumisa ante los mercados parece que den resultados pero, por fin, La Luz ha llegado.
El Ministerio de Empleo y Seguridad Social tiene previsto destinar 5,18 millones de euros al desarrollo de la economía social y de la responsabilidad social corporativa (RSC), según consta en el proyecto de Presupuestos Generales del Estado entregado en el Congreso de los Diputados.
El pasado 21 de marzo de 2012, David S Paunero publicaba un post en el Blog de la Cátedra Telefónica de la UNED de Responsabilidad Corporativa y Sostenibilidad en la que se publicaba la lista de los tuiteros más influyentes de España según Klout. Todo un honor para mí aparecer en ella.
Mi amiga María, que vive en Madrid y es una apasionada usuaria del transporte publico, me contaba que en uno de los muchos autobuses urbanos que hacen el trayecto al centro de la ciudad escuchó sin querer una conversación entre dos jóvenes estudiantes universitarios.
En los últimos años la business education ha sido mucho más business que education. Pero eso no quiere decir que haya una tranquila conformidad al respecto. Ni la autocomplacencia de creer que hoy no hace falta mucho más que algunos retoques periféricos. Por el contrario, proliferan iniciativas que se están replanteando radicalmente la situación.
Es peligroso asomarse al exterior, así rezaban unos carteles posicionados encima de las ventanas de los viejos trenes de pasajeros. Hoy las ventanas no se pueden abrir y el peligro inminente ha desaparecido, pero nos acechan riesgos matizados por la velocidad de los trenes y unos cristales tintados que deforman la realidad.
