Parece que una vez más discreparemos Alberto Andreu y el suscrito, pero creo que no es en el fondo sino en la forma (¡Es la sostenibilidad, estúpido!, Diario Responsable, 21 marzo). Como cuando rebatía mi artículo sobre Porter y Kramer (Si no está roto no lo arregles: Porter y Kramer sobre RSE, 26 de enero 2011 ) insiste en que hay que cambiarle el nombre a la RSE porque según él ha fracasado: “los programas de “Acción Social y la Filantropía”, le han ganado la batalla a la RSC”. Ahora vuelve a recomendar que le cambiemos el nombre por el de Sostenibilidad.
He leido con atención el post “¡Es sostenibilidad, estupido!” que publica mi buen amigo Alberto Andreu, @aandreup en su blog. Coincido en que la Acción Social o filantropía ha ganado la primera batalla -que espero no sea la guerra- dentro de las empresas, y es cierto que el gran público no entiende a que nos referimos cuando hablamos de RSC. Un gran público que confunde esos términos.
El martes 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua. Este año el lema propuesto por la UNESCO para conmemorar este día internacional es el de ‘Agua para las ciudades: respondiendo al desafío urbano’. Con este lema se pretende poner de relieve el problema de la escasez de agua en algunas ocasiones y de la falta de salubridad en otras y alentar a los gobiernos, las organizaciones, comunidades y personas a participar activamente para responder al desafío de la gestión del agua urbana.
¡Es la economía, estúpido! (it’s the economy, stupid), fue una de las frases más utilizadas en la política estadounidense durante la campaña electoral de Bill Clinton en 1992 contra George H. W. Bush (padre) y que le llevó a convertirse en Presidente de los Estados Unidos.
Pues bien. He utilizado esta frase para ilustrar el dilema ante el que, se encuentra la RSC hoy.
La VIII Conferencia Interamericana sobre la Responsabilidad Social de la Empresa, se celebrará en Asunción, Paraguay, del 24 al 26 de mayo de 2011.
El pasado sábado 5 de marzo se publicaba en el BOE la nueva Ley de Economía Sostenible, compendio regulatorio que afecta a los más diversos ámbitos económicos y sociales y que tiene por objeto “introducir en el ordenamiento jurídico las reformas estructurales necesarias para crear condiciones que favorezcan un desarrollo económico sostenible”. Merece destacarse su artículo 39 porque hace referencia a la promoción de la RSE (Responsabilidad Social Empresarial) por parte de la Administración Pública, tanto en empresas grandes como en medianas y pequeñas (¿a estas alturas no está más que asumido que la responsabilidad social no sólo afecta a las empresas hablando de RSE y no mejor de RSC?) haciéndose especial hincapié en la promoción de buenas prácticas y en el análisis de los efectos de la RSE sobre la competitividad.
Esta semana he asistido en Barcelona a un curso sobre la Global Reporting Initiative (GRI). El GRI es el estándar más extendido para reportar sobre la sostenibilidad de las empresas. Aunque aún tengo que estudiar este estándar con cuidado y dedicación, aquí van mis primeras conclusiones...
Hace más de 20 años que realicé mis estudios de Marketing. En aquellos tiempos, pocos conocían en España ese término y a qué realmente se dedicaba las personas que conseguían licenciarse en ello.
El desastre nuclear de Japón demuestra una vez más que ciertos intereses corporativos imperan por encima de nuestras vidas y lo que es peor, por encima de la vida de nuestros descendientes, los cuales por supuesto ahora con nuestra no-acción están indefensos frente a un daño (la radiación) que les puede provocar gran cantidad de dolor y muerte (recuérdese a los millones de afectados de Chernobil)