El enorme ruido generado en torno a la reciente Cumbre de Copenhague sobre el Cambio Climático no ha podido desviar la atención sobre la cuestión principal: cómo pasar a la acción. Esencialmente, todos los países y actores coinciden en el diagnóstico y, en gran medida, en las soluciones a adoptar. El reto ahora es acertar en el desarrollo tecnológico adecuado para acompañar el cambio de modelo energético.
Juan Cardona
El enorme ruido generado en torno a la reciente Cumbre de Copenhague sobre el Cambio Climático no ha podido desviar la atención sobre la cuestión principal: cómo pasar a la acción. Esencialmente, todos los países y actores coinciden en el diagnóstico y, en gran medida, en las soluciones a adoptar. El reto ahora es acertar en el desarrollo tecnológico adecuado para acompañar el cambio de modelo energético. Es fundamental disponer de una energía sostenible, competitiva y segura que sustituya progresivamente la dependencia de los combustibles fósiles por la generación con fuentes limpias.
En los países más avanzados, la introducción de impuestos al carbón ha encarecido sus costes facilitando la viabilidad comercial de las energías limpias como el gas natural, la energía nuclear o las renovables. En esta línea, hay que reconocer el liderazgo mundial de las empresas españolas en la producción de energía verde, sabiendo que las empresas son la parte técnica del escenario global, pero no son los financiadores del mismo. Y no nos engañemos: la lucha contra el cambio climático y la innovación en tecnología tienen un precio. Manteniendo la premisa de que lo verde no es caro, si la sociedad y los Gobiernos apuestan por el cambio de modelo de consumo energético tendrán que estar dispuestos realizar las inversiones correspondientes, en sectores como transporte, construcción o generación eléctrica.
En los países emergentes, aunque también en Estados Unidos, además de promocionar las energías no emisoras de gases de efecto invernadero será necesario un mayor compromiso de los Gobiernos para implantar las tecnologías comerciales de captura y almacenamiento de CO2. Como señalan los principales estudios en la materia, en muchos países, no es viable plantear la supresión del carbón a corto plazo. La estrategia pasa por implantar las tecnologías de captura y secuestro de CO2 que minimicen las consecuencias del aumento en el consumo de este combustible. Ya existen diversos experimentos de captura de C02 en varios países, aunque es cierto que la tecnología es todavía muy cara y poco comercial.
No hay soluciones mágicas. Mientras que el petróleo está llegando a su límite, la Tierra dispone de 120 años de reservas de carbón teniendo en cuenta los patrones actuales de consumo. Cabe esperar que, como en épocas históricas anteriores, el ingenio humano encontrará las soluciones y hará frente a los problemas que hoy nos plantea el Cambio Climático. Tras la cita de Copenhage, todavía quedan muchos pasos para establecer objetivos vinculantes y conseguir un acuerdo político con el consenso y apoyo suficiente, pero la corriente hacia una transformación profunda del modelo energético es imparable e irreversible.