La reputación corporativa tiene un impacto directo en la cuenta de resultados. Para bien o para mal, una empresa tiene una estrategia y pone en marcha unas iniciativas que generan una reputación (el apoyo o el rechazo de los stakeholders), lo cual acaba impactando en su resultado financiero, por sus actitudes de compra, recomendaciones o inversiones.
En tiempos de crisis, hay un premio adicional: las empresas reputadas gozan del “beneficio de la duda” y eso les ayuda a resistir mejor los embites del mercado.
Juan Cardona Soriano
La reputación corporativa tiene un impacto directo en la cuenta de resultados. Para bien o para mal, una empresa tiene una estrategia y pone en marcha unas iniciativas que generan una reputación (el apoyo o el rechazo de los stakeholders), lo cual acaba impactando en su resultado financiero, por sus actitudes de compra, recomendaciones o inversiones. En tiempos de crisis, hay un premio adicional: las empresas reputadas gozan del “beneficio de la duda” y eso les ayuda a resistir mejor los embites del mercado.
El análisis de la cadena de valor de la reputación ha sido el eje de la Conferencia de Reputación Corporativa celebrada la pasada semana en el IESE, con la coorganización del Foro de Reputación Corporativa y el Reputation Institute. El éxito de participación –cerca de 300 directivos de diversos países de Europa y América Latina- revela el creciente interés empresarial por gestionar la reputación corporativa como una función estratégica.
La reputación es la estima que una compañía tiene por parte de sus observadores. Es una evaluación global que realizan los stakeholders y que aumenta si existe una alineación entre la marca, la imagen y la identidad de una compañía. Es decir, que una buena reputación está cimentada en un buen comportamiento en el mercado.
Por ello, la reputación se puede considerar también es una fuerza de transformación social a través del fenómeno de la imitación. La creciente importancia de la reputación corporativa está relacionada con el enorme incremento de las redes de comunicación promovidas por las nuevas tecnologías de la información en mercados cada vez más complejos. Hace ya diez años, el Manifiesto Cluetrain definía los mercados como conversaciones. Hoy, esa visión ya es una realidad y un reto: las empresas deberán incrementar su credibilidad y recuperar la confianza para seguir liderando el proceso de transformación en la nueva economía social que se adivina.