Con una austeridad de medios y de ínfulas que reflejan fielmente su carácter y con un rigor analítico que no abunda en nuestros pagos, la Fundación ÉTNOR viene realizando desde 1994 un impresionante trabajo en torno a la responsabilidad y la ética de la empresa.
José Angel Moreno Izquierdo
Con una austeridad de medios y de ínfulas que reflejan fielmente su carácter y con un rigor analítico que no abunda en nuestros pagos, la Fundación ÉTNOR viene realizando desde 1994 un impresionante trabajo en torno a la responsabilidad y la ética de la empresa.
Aunque no estemos todavía más que al principio del camino, ciertamente la RSE ha avanzado no poco en España. No hay más que fijarse en el panorama existente a comienzos del presente decenio, cuando las mayores empresas del país -en buena medida, por presiones exteriores- empezaban a preocuparse por una cuestión que les resultaba ignota.
Es un avance (con no pocas contradicciones, pero avance) en el que mucho tienen que ver, desde luego, tanto las empresas como la presión social. Pero un avance en el que han jugado también un papel fundamental otras instituciones, que han contribuido decisivamente a un protagonismo y a un prestigio crecientes (inimaginables hace pocos años) de la RSE española en el contexto internacional: instituciones académicas o impulsadas por empresas en algunos casos, pero muy especialmente organizaciones autónomas surgidas de la sociedad civil y dedicadas al conocimiento, la difusión y el fomento de todo lo relacionado con la responsabilidad de las empresas. Sin ellas, sin su trabajo, sin sus documentos, sin su labor pedagógica y comunicativa, tanto el conocimiento sobre la RSE como los progresos realizados por las empresas españolas (nos parezcan grandes o pequeños) estarían muy lejos de donde están en la actualidad.
Es algo que me viene a la cabeza al hilo de un reciente producto de una de esas organizaciones. Se trata de un análisis sobre la difusión de la RSE entre el pequeño comercio valenciano (“RSE: una aproximación ética al comercio valenciano”): un trabajo espléndido, claro e innovador sobre un sector empresarial hasta ahora muy poco estudiado en términos de RSE. Un trabajo que aporta resultados de mucho interés (y en algunos aspectos, poco sospechados) y que les recomiendo muy sinceramente. La organización, claro está, es la autora del trabajo: la Fundación ÉTNOR (Fundación para la Ética de los Negocios y de las Organizaciones, en cuya web -www.etnor.org- puede encontrarse el estudio mencionado).
Muchos de ustedes la conocerán sobradamente, pero para quien no la conozca, permítanme destacarles que se trata de una institución absolutamente fundamental en el panorama de la RSE en nuestro país. Una institución independiente, sin ánimo de beneficio, modélica y pionera, que viene trabajando en torno a la ética y la responsabilidad social de las empresas (y de todo tipo de organizaciones) desde mucho antes de que estos temas se popularizaran en España. Oficialmente, desde 1994, año en el que surge en torno a un pequeño grupo de personalidades del mundo de la empresa y de la universidad de Valencia, liderados por Emilio Tortosa (ex Director General de Bancaja y que asume desde entonces la presidencia de la Fundación) y Adela Cortina (catedrática de Ética y Filosofía Moral de la Universidad de Valencia y -perdonen la obviedad- una de las figuras más eminentes del pensamiento español, que ha sido desde su creación la Directora General de la Fundación).
Con estos mimbres, con el concurso permanente de profesionales como los catedráticos Jesús Conill y Domingo García-Marzá y como los más jóvenes José Félix Lozano, Elsa González, Mónica Gassent, Carmen Martí o Roberto Ballester (Gerente de la Fundación) y con el apoyo de Bancaja, no cabe extrañarse (aunque no se conozca lo suficiente fuera de la región valenciana) del impresionante trabajo que viene realizando la Fundación. Con una austeridad de medios y de ínfulas que reflejan fielmente su carácter y con un rigor analítico que no abunda en nuestros pagos, la Fundación, entre otras muchas actividades, ha creado un Observatorio de la Ética y la RSE de la Comunidad Valenciana, desarrolla investigaciones y seminarios de calidad poco habitual, publica textos imprescindibles para quien quiera estar al tanto del panorama de la RSE y la ética empresarial, trenza relaciones universitarias y está permanentemente presente en medios de comunicación y en actos públicos. Y además, y en base al prestigio académico que allí tienen sus principales profesionales, está gestando una red de relaciones y proyectos con América Latina que la convierten en una de las principales representantes españolas de la RSE en el continente.
No tienen más que echar un vistazo a la web de la Fundación para comprobar la extraordinaria riqueza del trabajo realizado. Un trabajo caracterizado, además, por una inusual sobriedad y por una no menos infrecuente coherencia metodológica. Coherencia que deriva de una convicción nuclear que inspira toda la actividad de la Fundación: la responsabilidad empresarial plena sólo es posible (y sólo despliega todo su potencial positivo para la empresa) desde una firme base ética. Sin renunciar a la eficiencia, pero -como no se cansa de repetir Adela Cortina- aspirando irrenunciablemente a la justicia.
Es una forma indudablemente exigente de entender la RSE: no sólo como una herramienta de gestión ni, desde luego, como un instrumento de imagen; no sólo como una estrategia de protección de la reputación y de generación de valor; sino también y ante todo como una obligación moral de la empresa ante aquellos (personas, colectivos, entidades, sociedad) a los que directa o indirectamente afecta. Como un modelo integral de empresa en el que la RSE pasa a ser un vector central, que no es incompatible, sino todo lo contrario, con la competitividad y la rentabilidad, pero que no puede ser instrumentalizado sin perder su esencia.
Sin duda, no todos los partidarios de la RSE comparten esta opción. Pero no es posible dejar de constatar que una modesta entidad valenciana está construyendo desde estas bases, con muy pocas alharacas pero con mucho rigor, una de las aportaciones más serias al conocimiento de la RSE de las que puede presumir este país.
Cuando tan frecuentemente nos deslumbran iniciativas en las que el ruido es muchas veces mucho mayor que las nueces, no está demás recordar que en el centro de Valencia, en unas frugales dependencias, tenemos un auténtico lujo.