Publicado el
Bajo el impulso de diversas cajas de ahorros, se ha publicado lo que han denominado Libro verde sobre la Responsabilidad Social Corporativa en el sector financiero. La necesidad de la reflexión que se expresa en el título es evidente, y especialmente, si se me permite decirlo así, por parte de las cajas. Porque no hay duda que atender a la dimensión social forma parte intrínsecamente de la razón de ser y de la actuación de las cajas. Josep María Lozano www.josepmlozano.cat
Las cajas, la RSE  y la obra social: ¿oportunidad o coartada?

 

Bajo el impulso de diversas cajas de ahorros, se ha publicado lo que han denominado Libro verde sobre la Responsabilidad Social Corporativa en el sector financiero. La necesidad de la reflexión que se expresa en el título es evidente, y especialmente, si se me permite decirlo así, por parte de las cajas. Porque no hay duda que atender a la dimensión social forma parte intrínsecamente de la razón de ser y de la actuación de las cajas. Y de aquí que hagan -legítimamente- referencia constante al impacto de su obra social, como un rasgo que las caracteriza desde su fundación. Pero éste es también el origen del gran riesgo -e, incluso, de la posible coartada- de las cajas en el debate contemporáneo sobre la RSE. Riesgo que consistiría en decir, más o menos, "a nosotras que no nos miren cuando se reclama RSE, porque la tenemos incorporada de serie: miren, si no, la obra social desde nuestros orígenes". Ésta sería hoy una actitud un poco miope, la reedición posmoderna de aquella narración bíblica que nos habla de la mujer de Lot, que se convirtió en estatua de sal por mirar hacia atrás, y no hacia delante.

 

   Si lo queremos tratar en términos filosóficos y no en términos bíblicos, podríamos revisar, como un ejemplo paradigmático de lo que estoy planteando, el conocido mensaje publicitario que nos habla del alma de la caja. Mensaje que nos devuelve al clásico debate que, desde Platón hasta Descartes, discutía no tanto sobre la existencia del alma sino, sobre todo, sobre qué conexión tenía con el cuerpo. O si tan sólo eran dos realidades asociadas de hecho, pero sin que hubiera manera de entender qué conexión tenían entre sí. Pues bien, el reto de la RSE para las cajas (hoy y, sobre todo, de cara al futuro inmediato) no es tanto la pregunta por su alma, sino la pregunta por su cuerpo, y por la conexión entre ambos. Es decir, la pregunta inicial no es sobre cómo gastan el dinero, sino sobre cómo lo ganan y a qué tipo de actividades financieras dan prioridad.

 

   De aquí que sea tan interesante el estudio al que me estoy refiriendo, en la medida que adopta un enfoque que no es el habitual cuando se plantean las cuestiones sociales referidas a las cajas. Porque el estudio casi no habla de la obra social y, en cambio, habla mucho de la actividad estrictamente financiera: del qué y del cómo de la actividad financiera. Y, así, plantea como retos para las entidades financieras en términos de RSE (también para las cajas) cuestiones como la lucha contra el blanqueo de capitales; el gobierno corporativo y la transparencia; la inclusión financiera; facilitar la financiación de las pymes; la consideración del impacto social y ambiental que se deriva de la financiación de determinados proyectos; o la potenciación de la inversión socialmente responsable.

 

   Quizás se podrían añadir más, pero estos retos, al menos como primera referencia, son más que suficientes. Sobre todo, suficientes para explicitar qué puede representar en el futuro una agenda de RSE, también para las cajas. El debate de la RSE en el sector financiero se sitúa en la misma gestión del negocio, (como en todos sectores, por otra parte). Por lo tanto, las cajas se equivocarían si, al hablar de RSE, se limitaran a remitir a su obra social, con el añadido que nadie iguala la cantidad de dinero que le dedican. Porque hablar de RSE es hablar de modelo de gestión y de modelo de negocio: por eso las cajas hoy quizás no deberían arrancar su discurso sobre la RSE por la obra social. Y aquí se sitúa el interés de que un conjunto de cajas, con la coordinación de la CECA, hayan impulsado un estudio que habla estrictamente de cómo las entidades financieras -en tanto que entidades financieras- pueden contribuir a dar respuesta al reto de la sostenibilidad.

 

   Y es a partir de este enfoque que la obra social se puede confirmar como una verdadera oportunidad de diferenciación para las cajas. Porque se convierte en una herramienta ciertamente muy potente cuando responde a una visión de conjunto mínimamente integrada, en la que la gestión financiera y la de la obra social tienen una coherencia en su planteamiento y en su discurso, y evitan la tentación de consolidar itinerarios paralelos que no llegan a encontrarse nunca. En cambio, cuando esto último sucede, la obra social, en lugar de potenciar a la RSE, se convierte en una coartada para no abordarla.

 

Josep María Lozano

www.josepmlozano.cat

En este artículo se habla de:
OpiniónMedio ambienteEficiencia energética

¡Comparte este contenido en redes!

Este sitio utiliza cookies de terceros para medir y mejorar su experiencia.
Tu decides si las aceptas o rechazas:
Más información sobre Cookies