
Estas son dudas que me llegan a consulta y, no tenerlo claro, tiene una repercusión directa en cómo vivimos nuestras vidas. Para resolverlas tenemos que entender la diferencia entre emoción y sentimiento.
La alegría es una emoción primaria que tiene un componente fisiológico importante, de corta duración. Además, está asociada a nuestra supervivencia como especie, por lo que es universal, como el resto de emociones primarias, como la tristeza, la ira, el asco o el miedo.
En cambio, la felicidad es un sentimiento. Son experiencias más duraderas que las emociones, normalmente tienen un componente más cognitivo y no son tan reactivos al entorno. Otros sentimientos son el amor, la esperanza, la compasión o la melancolía.
¿Pueden convivir varias emociones con algún sentimiento? Por supuesto, podemos sentir amor por una persona pero enfadarnos con ella y al día siguiente alegrarnos o entristecernos con ella. Nuestro amor no cambia, pero nuestra emoción sí. Este es el motivo por el que podemos sentirnos felices y a veces estar tristes o sentir miedo.
Sabemos que, precisamente, la dificultad para permitirnos sentir emociones negativas correlaciona con depresión, ansiedad y otros trastornos emocionales. En un mundo de “felizocracia” parece que estar triste es malo, no deberías sentirte así y si te sientes así es por tu culpa.
La realidad es que una de las claves para ser más felices, según la ciencia, es no luchar contra la tristeza, más bien sostener y convivir con ella y con el resto de emociones.