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Según el último informe del McKinsey Global Institute, la expansión de sectores como la inteligencia artificial, la movilidad eléctrica o la robótica marcará el rumbo económico mundial en las próximas décadas, con un crecimiento muy superior al del resto de la economía.
La IA y las industrias del futuro transforman la economía global

La economía global está entrando en una nueva fase marcada por el avance acelerado de industrias tecnológicas y estratégicas. Tal y como señala el McKinsey Global Institute, estos sectores —que incluyen desde la inteligencia artificial (IA) hasta los vehículos eléctricos o la robótica— podrían generar hasta 48 billones de dólares en ingresos de aquí a 2040, redefiniendo no solo el crecimiento económico, sino también los modelos productivos y su impacto ambiental.

El informe, titulado “The race takes off in the next big arenas of competition”, identifica 18 industrias clave que ya están creciendo a un ritmo muy superior al del resto de la economía. Según el análisis, sus ingresos avanzan hasta diez veces más rápido, consolidándose como motores del nuevo ciclo económico global.

El auge de la IA y su impacto en la transición tecnológica

Uno de los principales vectores de esta transformación es el ecosistema de la inteligencia artificial. De acuerdo con el informe de McKinsey, en apenas tres años este ámbito ha generado 500.000 millones de dólares adicionales en ingresos y ha aportado cerca de 11 billones de dólares al valor de mercado global.

Este crecimiento no solo responde al desarrollo digital, sino también a su aplicación en el mundo físico. Tecnologías basadas en IA están impulsando sistemas autónomos como drones o robots capaces de interactuar con su entorno, lo que abre nuevas oportunidades, pero también plantea desafíos en términos de consumo energético, uso de recursos y sostenibilidad.

Además, la infraestructura que sustenta esta revolución tecnológica está concentrando enormes volúmenes de inversión. Según el informe, siete grandes compañías tecnológicas elevaron su inversión conjunta en investigación y desarrollo y capital hasta los 750.000 millones de dólares en 2025, con previsiones de alcanzar el billón en 2026. Este nivel de inversión refleja una carrera global por liderar el desarrollo de la IA y sus aplicaciones.

Nuevas industrias, nuevos retos para la sostenibilidad

Más allá del entorno digital, el informe destaca que varias industrias “físicas” están entrando en una fase de expansión acelerada. Sectores como la movilidad autónoma o la electrificación del transporte ya muestran señales de adopción creciente, con proyectos de vehículos autónomos operando en distintas ciudades a nivel internacional.

Este proceso de transformación industrial tiene implicaciones directas para la sostenibilidad. La electrificación, por ejemplo, puede contribuir a reducir emisiones si se acompaña de una transición energética basada en renovables. Sin embargo, también implica una mayor demanda de minerales, infraestructuras y energía, lo que obliga a repensar los modelos de producción y consumo.

Según informa McKinsey, este nuevo ecosistema está dominado por grandes corporaciones tecnológicas capaces de operar en múltiples sectores al mismo tiempo, reutilizando infraestructuras digitales, logísticas y de datos. Este modelo les permite escalar rápidamente, pero también concentra poder económico y capacidad de decisión sobre el rumbo de la transición tecnológica.

Europa, ante el desafío de no quedarse atrás

El informe advierte de una creciente brecha global en el liderazgo de estas industrias. Estados Unidos y China concentran actualmente el 90 % del valor de mercado de estos sectores, mientras que Europa apenas alcanza el 7 % de la capitalización vinculada a estas actividades.

Aunque el continente mantiene posiciones relevantes en ámbitos como la biotecnología no médica o determinados equipos tecnológicos, la diferencia en inversión es significativa. McKinsey estima que Europa presenta un déficit anual de inversión tecnológica cercano a los 880.000 millones de euros respecto a Estados Unidos.

Este contexto plantea un desafío clave para la transición ecológica europea: cómo impulsar innovación y competitividad sin perder de vista criterios de sostenibilidad, equidad y autonomía estratégica.

El análisis concluye que estas nuevas industrias han alcanzado tal dimensión que ninguna organización queda al margen de su influencia. Según el McKinsey Global Institute, las empresas deberán adaptarse rápidamente, evaluando su posición en este nuevo ecosistema —ya sea como actores directos, proveedores o sectores impactados indirectamente—.

En un escenario marcado por inversiones masivas y cambios tecnológicos acelerados, no reaccionar a tiempo puede implicar quedar fuera de las dinámicas de crecimiento. Pero, al mismo tiempo, esta transformación abre una oportunidad para integrar criterios ambientales y sociales desde el inicio, orientando el desarrollo tecnológico hacia un modelo más sostenible y justo.

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