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El trabajo de múltiples colectivos y organizaciones vinculadas al movimiento feminista ha logrado en los últimos años un avance fundamental en Derechos Humanos. Las pequeñas entidades desarrollan múltiples actividades de sostén, asesoramiento y acompañamiento, aunque conviven con importantes dificultades de financiación. En los últimos años, el movimiento feminista se ha convertido en un motor social inigualable para ofrecer un horizonte mejor y más justo.
Avanzando orgullosas y siempre en colectiva

“Nace de un ruido, hay algo que te chirría, y creo que al final escuchando a otras mujeres y saber que ese ruido, esa situación, es compartida, de ahí nace mi feminismo”, explica Carla Davies, presidenta de la Asociación Mujeres con Voz. “Creo que de eso va esto, de poder cuestionarse las creencias, los hábitos, también de aceptarse. Puedo decir que no a lo que no quiero y sostenerme en mis creencias y valores, sabiendo que no estoy sola”, añade. La organización de la que ella hace parte, Mujeres con Voz, es un grupo de mujeres migrantes, con sede en Getxo, que trabaja para el reconocimiento, desarrollo y protección de los derechos de mujeres migrantes en el Estado español. Al igual que ellas, cientos de grupos, organizaciones, entidades y asociaciones trabajan diariamente para seguir avanzando en la adquisición de unos derechos que durante muchos años les fueron negados a una parte importante de la población.

En los últimos años, el movimiento feminista se ha convertido en un motor social inigualable para ofrecer un horizonte mejor y más justo. La investigación sobre el aporte del movimiento de mujeres en el avance de los derechos humanos ‘Yo soy porque las otras están’, de Ruth Caravantes Vidriales y Miriam García Torres, lo refleja de forma muy clara:  “Cuando las empleadas de hogar apuestan por una reorganización social de los cuidados o las organizaciones agroecofeministas por un sistema agroalimentario basado en la soberanía alimentaria y el cuidado de la vida, están desafiando el marco de lo posible abriendo la posibilidad de avanzar hacia futuros radicalmente transformadores”. Uno de los frutos de la lucha feminista se tradujo en la aprobación del Convenio 189 de la OIT, que permitió la adquisición de ciertos derechos a las trabajadoras del hogar y los cuidados, labores realizadas mayoritariamente por mujeres migradas. Además, la incidencia en la derogación de la ley de extranjería, que vulnera los derechos de muchas mujeres, también se ha situado en el centro de la reivindicación. “Hemos conseguido visibilidad, al movimiento feminista de mujeres migradas se nos empieza a ver y a oír, porque cada vez somos más en número y porque cada vez vemos más que se están moviendo también en otros países; nos retroalimentamos unas a otras”, añade Carla Davies.

Y es que el avance en los derechos de las mujeres y el colectivo LGTBIQ+ se ha situado en el centro del activismo social y eso ha tenido su reflejo en muchos ámbitos.  El de la violencia machista es primordial, uno de los que ha logrado importantes avance gracias al movimiento feminista. Si a día de hoy se considera una cuestión de Estado ha sido gracias al trabajo de colectivos como Mujeres Supervivientes, entidad sin ánimo de lucro creada en 2013 y liderada por un equipo multidisciplinar de expertas que han superado la violencia machista. “Es fundamental sentir pertenencia y sentir comunidad, y ver entre todas cómo poder colaborar; eso abate la soledad. Para nosotras el logro es vivir en paz, tener serenidad, no tener a alguien que te maltrate, poder decidir qué ropa ponerte, qué quieres hacer con tu tiempo (estudiar, bailar). Esa conquista personal de realización, además de la parte económica, que es importante, es vivir en paz sin violencia el principal logro”, señala Antonia Ávalos, integrante de este colectivo. Acompañarse en la reconstrucción de sus propias vidas es el eje en el que se mueven, porque en la unión con otras es donde encuentran su sostén. “El movimiento feminista a mí me ha cambiado la vida porque todo ese estudio que tantas mujeres teóricas han hecho, cuando ves todos los datos, análisis, sientes que formas parte de algo muy grande, muy justo y verdadero. Yo a partir de darme cuenta de todo esto vi que era la ideología por la que yo quiero caminar; da fuerza, sana y nutre. Cuando somos conscientes de los derechos que tenemos, cambiamos nuestra historia. Se te quita la venda de los ojos y ves que eres una persona con derechos y no tengo que dejar que nadie me humille y me pisotee por ser mujer. Es como un relámpago de luz”, señala Rosario Rodríguez, superviviente de violencia de género y beneficiaria de Mujeres Supervivientes. En 2011, después de múltiples vivencias de maltrato, dio con esta asociación gracias a una amiga, y eso le abrió una puerta hacia un futuro mejor. “Conocí un espacio en que poder compartir y sanar, y fue muy importante para empezar una vida libre, y poder compartir con otras mujeres que habían pasado por lo mismo”, añade.

El avance en los Derechos Humanos en el Estado español gracias al trabajo de múltiples colectivos y organizaciones ha fructificado también en la consecución de otros derechos, como la interrupción voluntaria del embarazo o a la ‘ley trans’, que reconoce el derecho a la autodeterminación de género. Todo ello gracias a la actividad constante e incansable de múltiples colectivos de base y organizaciones de mujeres diversas: migrantes y racializadas, lesbianas, bisexuales y personas trans, mujeres jóvenes o mujeres rurales, entre muchas otras. Pero, tal y como recoge el documento ‘Yo soy porque las otras están’, los logros conquistados no son permanentes y existen amenazas reales de un retroceso en derechos, por eso resulta de vital importancia que la acción de estos colectivos continúe.

Flexibilización para acceder a recursos

Calala Fondo de Mujeres está impulsando actualmente la campaña #SacaPecho, para poner en valor la lucha interseccional y organizada. La entidad apoya desde hace una década el fortalecimiento del movimiento feminista migrante. Las organizaciones con las que colabora tratan de salir adelante  buscando financiación, pero el trabajo no siempre resulta sencillo. El mecanismo habitual de asignación de fondos  de las convocatorias públicas y privadas conlleva distintas trabas. Tal y como indica la  investigación sobre financiación pública y privada para organizaciones de mujeres, elaborada por Paula de Dios Ruiz y Lorena Pajares Sánchez, “los donantes en su mayoría no incorporan criterios para valorar si la organización solicitante es una OMF –Organización de Mujeres o Feminista-”. El 55 % de los donantes privados y el 33 % de los públicos indican que las organizaciones de mujeres y feministas no tienen problemas de acceso a sus fondos, pero esa no es la realidad de las pequeñas entidades.

Un obstáculo frecuente para las organizaciones es que las convocatorias exigen requisitos que suelen responder a una profesionalización y tecnificación del sector de las ONG, al igual que ocurre con la justificación de fondos. Es decir, se precisan unos conocimientos técnicos y financieros que suponen una barrera para las OMF, especialmente para aquellas menos visibles, que no disponen de personal ni de una estructura estable y no pueden competir en las convocatorias con las grandes ONG. La solución, según se indica en el estudio, pasa por crear mecanismos accesibles para las entidades más reducidas y para las que están iniciando sus actividades y requieren apoyos iniciales para poder crecer y desarrollar sus proyectos. “En Andalucía, la Administración nos quitó la financiación. En una ocasión intentamos acceder a una convocatoria con La Caixa, y nos faltaban requisitos y tampoco lo logramos. No tenemos técnicas en proyectos, y nosotras, al estar atendiendo a mujeres, impartiendo talleres y haciendo acompañamientos, no podemos abarcar todo. Falta una técnica que se dedique a eso. Esa es nuestra realidad”, apunta Antonia Ávalos.

Pese a todo, las mujeres continúan haciendo su trabajo para construir una sociedad más democrática, igualitaria y justa, aunque todavía no tengan el apoyo financiero que necesitan dar nuevos pasos. “El trabajo de barrio es el más cercano a las personas, el más accesible. El apoyo que una puede encontrar en un grupo de mujeres es valioso, ahí hay algo bien bonito que surge, esa intimidad, esa confianza, esa complicidad, esa empatía. Ese punto de encuentro es como una tabla de salvación”, asegura Rosario Rodríguez. La acción feminista incluye una diversidad de actividades – talleres, encuentros, manifestaciones, entre muchas otras-. Y los colectivos necesitan seguir adelante para afianzar los avances. “El movimiento feminista es el único capaz de transformar el mundo y de conseguir justicia social, y también de evitar un colapso ecológico. Es el único, no hay otro”, concluye Antonia Ávalos.

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