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Diseñemos el futuro

Estamos en un extraño presente… Lo tenemos casi todo, pero somos infelices. Más de un 7% de las personas en España toma antidepresivos, los índices de suicidio están desbocados, no disfrutamos del presente y tememos el futuro. Este mundo de abundancia triste que nos hemos montado en el norte global, además, sale carísimo. Hemos forzado al planeta por encima de muchos de sus límites. Hemos condenado a la miseria durante siglos a las personas del sur global, de donde salen los recursos que ávidamente consumimos… El colonialismo sigue tan presente como hace 500 años, con fórmulas políticas más correctas, pero igual de depredador.

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La gráfica muestra la evolución del consumo de energía a lo largo de los últimos doscientos años. Es demoledora. Deja meridianamente clara la locura de nuestro modelo de consumo, de nuestro modelo de vida… Muestra también que ninguna fuente de energía sustituye a otra, simplemente se van añadiendo a la vorágine de derroche.

Este consumo de energía, y el consiguiente consumo de muchos otros recursos naturales, nos ha llevado a la policrisis actual… Vivimos desde hace muchos años una crisis social dónde la desigualdad se va agudizando año a año. Vivimos una crisis ecológica de destrucción masiva de la biodiversidad: a día de hoy el 96% de los mamíferos del mundo son humanos, ganado y mascotas. Sólo un 4% de los mamíferos del mundo corresponde a animales salvajes en su entorno. Estamos entrando de lleno en una crisis energética motivada por el fin del petróleo asequible y barato que va a provocar (y está provocando) una crisis alimentaria, porque nuestras agricultura y ganadería son tremendamente dependientes del petróleo. El aumento de los precios del combustible y el colosal consumo están agudizando los problemas de extracción, con lo que los materiales son cada vez más caros y las zonas de sacrificio son cada vez más amplias… Problemas en los suministros, problemas en la cadena de producción. El círculo de privilegio se va estrechando y ya nos está afectando, ya vemos caer a nuestros vecinos y, como las golondrinas, seguimos agarradas al cable mientras cae gente a nuestro alrededor. Para dibujar la dramática situación, ni siquiera me ha hecho falta citar al cambio climático.

En este contexto, el decrecimiento no es una idea política, no es una opción… Como dice Yayo Herrero, el decrecimiento es un dato. La esfera material de la vida de la humanidad ya está decreciendo y lo que está en juego es cómo vamos a decrecer. Por el momento, van perdiendo los más débiles, va ganando dejar caer países, restringirles el acceso a la decreciente energía. Tenemos los ejemplos de Líbano, Sri Lanka, Pakistán, Sudáfrica… El decrecimiento vía precios lleva a la inflación en el norte global a estar muy alta y en el sur global a estar desatada. La inflación es hambre.

Y va ganando la guerra.

No diseñamos el modelo que nos ha llevado hasta aquí. Este modelo de capitalismo crecentista, volviendo a citar a Yayo, le declaró hace mucho la guerra a la vida. Este modelo ha sido diseñado por una élite con el único objetivo de maximizar los beneficios económicos. Todo vale por la cuenta de resultados. No importa cuántos pueblos son destrozados, cuántas especies extinguidas, cuántos activistas asesinados, cuántos chicos forzados a ser soldados muertos, cuánta hambre, cuánta tristeza… Y nosotros y nosotras mirando hacia otro lado… y eso que este capitalismo también se basa en el trabajo de cuidados invisibilizado que desempeñamos las mujeres.

La élite que nos ha traído hasta aquí también está diseñando el decrecimiento. Su decrecimiento se fundamenta en el aumento de la precariedad, en la disminución de los derechos generales, en el retroceso de los derechos de las mujeres, en la apropiación del dinero público defendiendo falsas soluciones que solo aumentan la brecha e incrementan los beneficios. En este último punto me estoy refiriendo, fundamentalmente, a las energías renovables eléctricas, que se nos venden como la panacea que nos va a permitir prescindir de las energías fósiles manteniendo el mismo ritmo de vida. Esto es completamente imposible. Las energías renovables eléctricas ni por escala, ni por materiales, ni por versatilidad, ni por prestaciones van a sustituir a las fósiles. No son una solución. Yo defiendo que no existe ninguna solución, entendiendo por solución algo que nos permita evitar la destrucción y mantener el ritmo de vida.

Tenemos que dejar de buscar soluciones y empezar a buscar caminos. Este presente lo han diseñado sin nosotros y, aún más, sin nosotras. No podemos permitir que diseñen un futuro dónde se queme hasta el último gramo de carbón, hasta el último árbol. No podemos permitir un futuro que nos quite los avances en derechos de los que muchas disfrutamos. No podemos permitir un futuro dónde nuestros hijos mueran en una guerra, matando a los hijos de otras.

No.

Debemos parar. Pensar. Diseñar el futuro que queremos. Un futuro dónde la vida digna de todas y todos sea el principal objetivo. Un futuro de paz y respeto. Un futuro que permita al resto de las especies prosperar y que garantice la vida digna de las próximas generaciones. Un futuro diseñado desde abajo. Un futuro diseñado, también, por las mujeres.

Un futuro justo.

En este artículo se habla de:
Opiniónmujeres lideresigualdad de género

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