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Estamos acostumbrados a escuchar, leer e, incluso, percibir que es necesario el progreso para poder conseguir una vida mejor. ¿Qué significa exactamente el progreso? ¿de quién hablamos? ¿cómo podemos valorar esa vida mejor?

 Progreso es por definición la acción de ir hacia delante. Adelantamiento, perfeccionamiento. Pero podemos añadir otras definiciones. Así progreso es el movimiento de avance de la civilización y de las instituciones políticas y sociales. Esta última definición puede modificarse considerando las aportaciones realizadas por escuelas filosóficas y definir este término de la siguiente manera: “Desarrollo gradual e indefinido de la sociedad, de sus condiciones de existencia y de sus aptitudes o capacidades intelectuales y morales”.

Estas definiciones de progreso nos llevan a pensar y hacer una reflexión sobre el progreso que vivimos en la actualidad. Efectivamente vamos hacia delante, con un gran avance y perfeccionamiento en tecnologías que nos obligan al conocimiento continuo de las mismas. Deberíamos insistir, por todos los medios a nuestro alcance, que si no hacemos un uso correcto de estos conocimientos técnicos no lograremos conseguir mejores condiciones de vida. Mejorar las condiciones de vida solo se conseguirá si somos capaces de establecer de forma clara y precisa aptitudes intelectuales y morales a todos los individuos, sobre todo, de aquellos que por su posición privilegiada tienen una capacidad mayor de influencia sea política, económica o social.

Efectivamente estamos hablando de las clases dirigentes, pues son ellos los responsables de que el progreso sea efectivo y se aprecie en todos los individuos. No podemos permitir lo que estamos viviendo cada día, políticos sin formación, sin experiencia, sin capacidad moral y con una sola idea, mejorar su posición económica y social incluyendo la de sus familiares, amigos y allegados, siempre con el esfuerzo y el dinero del resto de los individuos. Esta valoración general se podría aplicar a todos los responsables empresariales y sociales, donde para ellos el progreso no es otra cosa que mejorar su posición económica. Esta realidad puede ser admitida, de buen grado, si su trabajo supusiera un ejemplo para los demás y, sobre todo, si las ganancias hubieran sido adquiridas legalmente con criterios éticos, sin engaños, proporcionando todos los datos necesarios para su valoración.

No hace falta ser un conocedor profundo de la realidad política, económica y social para percibir que estamos muy lejos de los objetivos deseables, de manera especial, en la clase política. Esta situación personalista y partidista que padecemos está produciendo cambios negativos, incluso desastrosos, para instituciones públicas y privadas en estos momentos, sin poder atisbar como afectará a las generaciones futuras. Me refiero a todas las instituciones relevantes, justicia, sanidad y especialmente a las instituciones educativas.

 Si no educamos a los menores, con criterio, responsabilidad, humanidad y respeto, ¿cómo podremos conseguir el progreso deseado? Esta podríamos considerarla como la pregunta del millón, pero sin saber lo que sucederá en el futuro. Con la experiencia y conocimientos actuales debemos ser cautos y proponer cuantas acciones consideremos necesarias para evitar, en la medida de lo posible, el peor de los escenarios.

No puedo saber si mi criterio será compartido por todos, pero voy a exponer algunas ideas que puedan ayudar a pensar y reflexionar sobre el mundo actual y después valorar esa vida mejor que todos deseamos.

La actual guerra de Ucrania, que confirma una invasión sin precedentes de un estado dictatorial a su vecino más débil, está representando un grave problema geopolítico. No podemos prever las consecuencias añadidas a la destrucción y muerte de ciudadanos, sin embargo, sí apreciamos las tensiones producidas:  incremento desproporcionado de precios en los combustibles, aumento de los gastos de defensa y, especialmente, acuerdos tácitos entre paises para conseguir su propio beneficio, ya sea económico o de poder, sin importarles las consecuencias que puedan causar al resto del mundo.

Esta situación expuesta no significa que sea novedosa. A lo largo de la historia se han producido situaciones y guerras con aspectos similares, resaltando las guerras mundiales del siglo pasado por haber sido sus efectos desastrosos, no solo en la eliminación de vidas, sino también por la destrucción ocasionada.  ¿Qué significaría en este momento una guerra mundial con armas atómicas? No voy a valorar esta posibilidad esperando que no llegue a producirse, pero si quiero ratificarme en lo peligroso que pueden llegar a ser los lideres políticos, sobre todo los que de forma dictatorial gestionan su orgullo y criterio propio, sin importarles los ciudadanos y las graves repercusiones de sus caprichos.

Sin duda las tecnologías que se han ido desarrollando, pueden ser nuestro gran enemigo si se utilizan, como en el caso descrito, para producir el terror y la muerte. Sin llegar a estos extremos, estamos viendo que estas tecnologías se usan de forma recurrente para vender ideas interesadas que favorezcan a políticos y a personas con muy alto poder económico. Queridos lectores, debemos hacer una valoración sosegada e impedirlo.

 Es necesario que todas las instituciones internacionales de relieve, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional (FMI), Organización de Naciones Unidas (ONU), Organización Mundial para la Agricultura y Alimentación (FAO), Organización Mundial de la Salud (OMS), Organización Internacional del Trabajo (OIT), etc. ejerzan su labor de forma honesta y con controles independientes, donde los altos cargos accedan por sus conocimientos y su valor moral, no por ser nombrados por los poderes dominantes y así ser utilizados en su propio beneficio, como sucede en la mayoría de los casos.

Es necesario que estas organizaciones de primer nivel, sin descartar el resto, sean una referencia constante para el buen funcionamiento de la sociedad y, sobre todo, tengan la capacidad de conocer y proponer actuaciones relevantes para conseguir el progreso deseado, al margen de sus intereses particulares.  Para conseguir este progreso deseado y que necesitamos no pueden centrarse exclusivamente en resolver problemas cotidianos, sino que deben tener una visión adelantada a los acontecimientos y así aumentar la posibilidad de evitarlos.

No quiero extenderme demasiado, pero para aclarar estas últimas ideas voy a poner unos ejemplos concretos y fáciles de entender:

1.- Problema energético y de movilidad: los recursos naturales petroquímicos y gases de combustión, gas natural, sea metano o gases licuados del petróleo, propano y butano se fueron generando a lo largo de millones de años en la tierra, pero parece que nadie se había dado cuenta que, con la sobreexplotación ejercida, tenían cada vez más cerca su final. ¿No habría sido lógico que las grandes compañías petrolíferas y de gas, junto con las organizaciones citadas, hubieran informado y alertado de esta situación con suficiente antelación evitando el grave problema que vivimos de contaminación y desabastecimiento de nuevos vehículos no contaminantes, además de los problemas planteados por los modelos de energía utilizados?

2.- Digitalización: iniciada en los años setenta, aunque como sabemos la primera computadora electrónica fue introducida por John Atanasoff en 1939, nos ha ido cambiando la vida. Ha supuesto un progreso en general, pero está creando problemas con la utilización interesada, en beneficio de una minoría, sin importarles problemas de seguridad, intimidad y respeto. Estamos acostumbrados a escuchar a instituciones lo siguiente: “por razones de protección de datos, no puede…” cuando todo el mundo sabe no solo lo que haces, cómo y dónde, sino lo que vas a hacer mañana mejor que tú mismo. ¿Por qué las organizaciones citadas y las instituciones políticas no han hecho nada para evitarlo?

Podría poner más ejemplos, pero permitidme citar por último el gran problema que representará el agua y otras materias primas en un futuro casi inmediato. Este articulo solo tiene un sentido como indicaba al principio y no es otro que proponer una reflexión que pueda ayudar a crear los mecanismos necesarios para corregir muchos de los problemas actuales y, sobre todo, evitar los futuros que serán más graves si no hacemos nada.

Hoy me había propuesto no poner ninguna cita filosófica, pero me doy cuenta de que no puedo terminar sin hacerlo. Aristóteles decía que no hay otro camino para alcanzar el bienestar que el obrar bien, o lo que es lo mismo “La verdadera felicidad consiste en hacer el bien”

Yo comparto esta frase del gran filosofo del siglo IV a.C, y ¿tú?

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