Cruz Roja, una estrategia contra el cambio climático

De manera individual y colectiva, nuestras acciones diarias repercuten directamente en el medioambiente, especialmente cuando utilizamos medios de transporte o consumimos electricidad. Los gases de efecto invernadero que generamos son los responsables directos del aumento de la temperatura de nuestro planeta, y las consecuencias las estamos viendo en forma de situaciones catastróficas: deshielo de los polos; inundaciones, huracanes y eventos naturales más feroces; desertificación; alteración de las estaciones que se traduce en hambrunas, escasez de alimentos y aumento de enfermedades infecciosas que se extienden por zonas donde no eran habituales; aumento de las migraciones de personas y animales…

Todos somos responsables, y todos podemos aportar nuestro granito de arena para revertir la situación.

En esa línea, hacer frente al cambio climático es una prioridad para Cruz Roja. Cada vez son más los proyectos que se ponen en marcha desde la organización: como nuestro primer edificio de arquitectura sostenible y autosuficiente, que está en Alcorcón, o la iniciativa piloto de compensación de la huella de carbono, porque queremos ser una organización neutra en términos de carbono, es uno de nuestros objetivos 2030, tal y como ha estipulado la ONU, que marca las pautas para reducir las consecuencias de los gases de efecto invernadero y para luchar contra al cambio climático.

Es fundamental que organismos que son referencia mundial, como es el caso de Cruz Roja, estén alineados con los objetivos de la ONU sobre Desarrollo Sostenible y pongan en marcha una estrategia global centrada en la reducción de la huella de carbono.

En el caso de Cruz Roja, el plan, centrado en las personas, se sustenta en tres pilares principales: el cálculo de las emisiones de gases de efecto invernadero; la reducción y compensación de la huella de carbono; y la inversión del ahorro económico producido por esa reducción en proyectos de lucha contra la pobreza energética.

El cálculo de la huella de carbono contempla las emisiones en todas nuestras actividades: gasto de gas, electricidad, agua, carburantes… Se presta una especial atención a la política de viajes, al uso de vehículos y al gasto de papel en las oficinas. Se miden los consumos con precisión, y se están tomando medidas concretas: de la flota de vehículos propios, que asciende a 3.500 unidades, el 25-30% son ya vehículos ecológicos.

Con toda esta información en la mano, se ha puesto en marcha la iniciativa CO(mpensa)2. Consiste acciones de reforestación de espacios y entornos naturales, que compensen las emisiones que se realizan de gases contaminantes durante la propia actividad de la organización. Esta estrategia comenzó en las Islas Baleares, mediante el aprovechamiento de la capacidad fotosintética de las plantas para absorber el CO2, y se está implantando de manera progresiva por todo el territorio nacional.

En definitiva, se trata en primer lugar de reducir la huella de carbono y, en segundo, de compensarla.

El tercer pilar de nuestra lucha medioambiental es el Plan de Lucha Contra la Pobreza Energética, que afecta al 41,4% de los hogares, según los estudios que manejamos. Queremos ayudar a familias vulnerables a salir de una situación de pobreza energética, que a veces les obliga a elegir entre comer bien o calentarse, mediante una mejora de su eficiencia energética y la disminución de sus emisiones.

Somos conscientes de que aún no son demasiadas las organizaciones que han situado el cuidado del medioambiente como una prioridad absoluta, pero confiamos en servir de ejemplo y de inspiración para que otros sigan nuestros pasos. Entre otras cosas, porque proteger a nuestro planeta de las agresiones a las que lo sometemos es una urgencia y una necesidad absoluta, o las consecuencias serán catastróficas.

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