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Qué se necesita para conseguir un sistema capitalista más humano

Dos problemas afectan a las sociedades avanzadas: El deterioro del sistema capitalista y la crisis de la democracia.

La crisis del subprime que afectó fundamentalmente a la banca americana, el fracaso de la autorregulación, que si bien produjo un tiempo de enriquecimiento global se saldó con crisis empresariales y con el crecimiento de la pobreza, (El 1% de la población mundial controlaba casi el 50% del P.I.B mundial), los ataques del populismo y el paro juvenil fueron algunas circunstancias que afectaron la reputación del sistema de economía de mercado.

La Covid fue una oportunidad para que las empresas asumieran el papel de ciudadanos corporativos. Una acción plural que fue desde las donaciones a una comunicación marketiniana y estimulante. Las investigaciones que se realizaron en aquellos momentos testimoniaron responsabilidad y cercanía.

La crisis de la democracia no es solo una opinión, es un hecho evidente: La emergencia de Trump en y después de su mandato, los cambios en la gobernanza en Hungría y Polonia, el reforzamiento del autoritarismo en Rusia, China y en América Latina dibujan un entorno preocupante.

El sistema comunicativo contribuye al caos mediático y a la manipulación. El poder incontrolado de las tecnológicas ha descuidado el control ético de las denominadas Fake News. Han perturbado las elecciones. Han fragmentado la sociedad en grupos. Shoshana Zuboff la autora del bestseller “La era del Capitalismo de la Vigilancia” afirmaba:  Los intereses de los capitalistas de la vigilancia han ido desplazándose desde el uso de procesos automatizados de máquinas para saber de nuestra conducta hacia el uso de máquinas para modelar nuestra conducta con arreglo de sus intereses”.

Recomendable el Libro Manipulados de Sheera FrenKel y Cecilia Kang para conocer la breve y revolucionaria historia de Facebook, caracterizada por el desbordamiento de las normas de las democracias y una cierta incapacidad de los poderes públicos para limitar la acción de Facebook.   

El Capitalismo de la Vigilancia, aparte de intervenir en la libertad personal, ha contribuido a la mala reputación del capitalismo y a la vuelta del poder estatal.

La respuesta del capitalismo es dual. Por un lado, se encuentra el conglomerado de corporaciones y teóricos que han defendido la creación de valor para el accionista, como referente y propósito, de alguna manera herederos de la doctrina de la escuela de Chicago y concretamente de Milton Friedman que redujo la Responsabilidad social de una empresa a la maximización de sus beneficios. En verdad Milton Friedman hablaba también de que la empresa insensible a los empleados, proveedores, clientes no sobreviviría.

Por otro lado, el movimiento se está gestando en el seno del capitalismo. Hay teoría y práctica que lo acompañan. Por ejemplo, Larry Fink, director de BlackRok, en su carta anual informa sobre las inversiones sostenibles que han alcanzado los 5 billones de dólares. El dato del influyente empresario abre camino a conductas empresariales que asumen su preocupación y su intervención en la lucha contra el cambio climático, en la sostenibilidad y en el Gobierno Corporativo (ASG o ESG).

Otro dato reciente aportado por la encuesta de Edelman, presentada en enero en Davos, reconoce que el 58% de los encuestados se encuentran dispuestos a comprar o defender marcas alineadas con sus creencias y valores y la Business Roundtable en 2019 abandonó como objetivo corporativo la creación de valor y lo substituyo por cinco objetivos: 1) Entregar servicios y bienes a sus clientes.2) Invertir en sus empleados y compensarlos de forma justa. 3) Negociar de forma justa y ética con los proveedores. 4)Apoyar a las comunidades y 5) Generar rentabilidad de largo plazo para los accionistas. La propuesta estaba firmada por 191 CEO de importantes compañías estadounidenses.

También aquí existe una cierta critica como que el impacto de los fondos verdes no es sustancialmente diferente al de los fondos normales y tienen una tasa más alta.

Más allá de estas batallas de ideas queda pendiente la pregunta. ¿Qué se necesita para conseguir un sistema capitalista más humano, más anclado en la sociedad, más responsable, más eficaz?

Mi propuesta pasa por tres capítulos: Propósito, Ética y Dialogo

El propósito, tan en boga en estos momentos, debería reunir las siguientes características: Creíble, real, sencillo, sincero entendible, con un lenguaje que, como aconsejaba nuestro primer poeta Gonzalo de Berceo” Quiero fer una prosa en roman paladino, en qual suele el pueblo fablar con su vecino”

El propósito debe ser medible y presentado en la junta general de accionistas, previamente validado su desarrollo por la comisión de la auditoría, aunque, quizá lo fundamental es que el propósito tenga en cuenta las necesidades y las demandas de sus públicos.

El propósito necesita el apoyo de una ética empresarial. Una ética de los principios clásicos y no coyunturales, valores permanentes y no de moda. Una cultura de la ética que impregne las decisiones y las conductas de los directivos y fundamentalmente de los empleados.

En la investigación al que he hecho referencia, me encontré en la encuesta cualitativa las siguientes ideas” Sin ética no hay largo plazo”.” La sociedad exige que las empresas actúen con ética”. “La ética no es un lujo. Es una pura necesidad para tener unas relacionas equilibradas entre los actores que intervinimos en la sociedad”. Unas declaraciones que consolidan una nueva actitud, quizá un nuevo capitalismo más eficaz y humano. 

Y el dialogo, por último, debe cubrir el puente de ida y vuelta entre el ciudadano/consumidor y la empresa. No es publicidad es conversación. Tiene que hacerse entre iguales y con respeto a los intereses del contrario. El diálogo no es posible sin una conducta ética definida por la veracidad.

La debilidad del diálogo social facilita los conflictos y el enfrentamiento y rompa la sociedad en grupos cerrados y hostiles.  La utilización del robot para una gran parte de la población profundiza en el aislamiento, en el desencanto y en pérdida de confianza.

Las tres fuerzas intangibles propósitos, cultura ética y diálogo pueden generar la transformación de las empresas en ciudadanos corporativos que ayuden a fortalecer la confianza y la reputación del sistema.

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