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Cómo aplicar la ética en la toma de decisiones en el ámbito del compliance

La conexión auténtica entre ética y compliance es hoy más necesaria que nunca

Para las personas que ocupan la posición de Chief Compliance Officer de las organizaciones más avanzadas y responsables, queda ya lejos el enfoque estrictamente legal de evitar la sanción penal de la empresa o, incluso en el peor de los casos, de utilizar la función de manera cosmética para seguir haciendo las cosas como siempre.

El compliance ya no puede seguir siendo una finalidad en sí mismo. Si no hay un compromiso real que persiga construir una auténtica cultura ética en la empresa, basada en valores y principios robustos y claros, y que persiga la máxima coherencia entre [lo que decimos] y [lo que hacemos], no estaremos hablando de un enfoque de compliance, propio de una empresa responsable.

Durante los más de 10 años que han transcurrido desde la incorporación de la responsabilidad penal de la persona jurídica en nuestra legislación, son muchas las señales que apuntan a la importancia de consolidar la integración de la ética y el cumplimiento normativo en el propósito, la cultura, la gestión y el gobierno corporativo de las organizaciones – los fenómenos de corrupción, los objetivos de desarrollo sostenible, el cambio climático, la ley 11/2018 de información sobre aspectos no financieros ambientales, sociales y gobernanza -ESG-, la recientemente aprobada ISO 37301, diferentes directivas europeas como la Directiva (UE) 2019/1937, de 23 de octubre, relativa a la protección de las personas denunciantes o alertadoras, etc. 

El objetivo no es evitar la sanción penal de la empresa, sino promover una verdadera cultura ética 

La justicia corporativa también valora la cultura ética como sustrato del compliance y, por tanto, como elemento para su eficacia real. La circular de la fiscalía general del estado 1/2016 lo expresa muy claramente: “En puridad, los modelos de organización y gestión o corporate compliance programs no tienen por objeto evitar la sanción penal de la empresa sino promover una verdadera cultura ética empresarial, de tal modo que su verdadera eficacia reside en la importancia que tales modelos tienen en la toma de decisiones de los dirigentes y empleados”.

Actuar con la única intención de evitar las consecuencias de posibles incumplimientos penales no es suficiente. Desde esta perspectiva, podemos decir que estamos fomentando una cultura defensiva, negativa y reactiva, y poniendo el peso de las decisiones en factores impuestos desde fuera de la organización, como son las leyes y las normas, abandonando la asunción de nuestras responsabilidades y dejándolas en manos de agentes externos. 

La verdadera responsabilidad nace de dentro, de nuestra esencia corporativa 

Al entender la ética como el verdadero sustrato del compliance, las decisiones las tomamos desde el ejercicio y el fomento de la responsabilidad que reside en el interior de las personas de la organización, de acuerdo con unos valores y principios éticos que nos hemos fijado como empresa, internamente y de la manera más participativa posible. De esta manera, estaremos desarrollando una verdadera cultura ética, lo que contribuye a reducir los riesgos éticos y de cumplimiento y, en definitiva, a fortalecer la confianza de todos los grupos de interés en nuestra organización. La pregunta que surge a continuación es… pero esto ¿cómo se hace? ¿Disponemos de recursos?

Sí, disponemos de recursos para desarrollar una verdadera cultura ética empresarial 

En el estudio publicado recientemente por DIRSE y beethik “El estado de la gestión ética de nuestras organizaciones“ se puede constatar la existencia de un conjunto de herramientas y recursos de gestión que las organizaciones más pioneras ya están aplicando en su día a día para desarrollar esta cultura ética. Pero también se constata que nos queda un largo camino por recorrer y una gran brecha ética entre:

  • [lo que decimos] en nuestras declaraciones corporativas -“el 75% de las organizaciones incorporan la ética en el propósito”- y
  • [lo que hacemos] en el día a día -ya que solo “el 26% dispone de sistemas para aplicar la ética en la toma de decisiones”-.

Una de las herramientas más potentes y efectivas para reducir la brecha entre [lo que decimos] y [lo que hacemos] y conseguir, así, una verdadera transformación cultural es Introducir la perspectiva ética en la toma de decisiones. Aquí es donde reside una de las claves para consolidar el binomio ética y cumplimiento.

Un método para aplicar la ética en la toma de decisiones en el ámbito del compliance

Ética y cumplimiento tienen que ir de la mano, no puede ser de otra manera. Y para conseguir que avancen juntas debemos poner método y aplicar la ética a la manera en la que tomamos decisiones. Un proceso tipo que podemos implantar es el siguiente:

Primero, analizamos la situación que tenemos delante, identificando los valores que están en conflicto en dicha situación -cosa que ya rompe la dinámica habitual de toma de decisiones-. Y lo hacemos desde la reflexión compartida con las personas implicadas o afectadas por la decisión, porque el diálogo es el vehículo que nos permitirá llegar a la mejor decisión posible (la mejor posible, porque desde una mirada ética no existe una única solución nunca, algo que puede también romper algunos esquemas del cumplimiento).

En un segundo momento, buscamos opciones o cursos de acción que pretenden ser coherentes de manera alternativa y equidistante a los dos valores identificados. Esta premisa nos situará ante el desafío de trabajar conjuntamente en la identificación razonable de alternativas, mientras nos obligamos a olvidar y dejar de lado la decisión a la que habríamos llegado cada uno de nosotros siguiendo los mecanismos convencionales.

A partir de aquí, deliberaremos -y se vuelve a imponer el diálogo como herramienta clave - sobre cómo y en qué medida cada una de las opciones identificadas y escritas supera una serie de filtros consistentes en responder a preguntas que representan diferentes tradiciones éticas; cada una de ellas con sus criterios sobre lo que es adecuado y no, cada una con su parte de razón, pero que al contemplarlas en conjunto consiguen integrar diferentes perspectivas, reducir la complejidad y facilitar la mejor decisión posible para aquella situación concreta.

Y, por último, llega el momento de concretar de manera estructurada los aspectos relativos a la aplicación y seguimiento de la decisión tomada, aspectos que, a menudo, descuidamos en el proceso y que son vitales para garantizar la implementación de la solución que hemos construido de manera compartida.

Esta es la propuesta que hicimos recientemente a un grupo de personas representantes del ámbito del compliance de empresas pioneras de nuestro entorno a las que invitamos a un taller piloto, en el que aplicamos el Método beethik para la toma de decisiones para deliberar y decidir sobre una serie de situaciones que se encuentran en el límite entre la legalidad y la ética. Porque, aunque muchas veces nos parezca lo contrario, en el ámbito del compliance no siempre -de hecho, en muy pocas ocasiones – estamos ante situaciones que responden a la lógica del blanco o negro. Y, para encontrar la tonalidad adecuada en la escala de grises, necesitamos incorporar la mirada ética en nuestros procesos de toma de decisiones.

Porque en el ámbito del compliance, a menudo se tiende a tomar decisiones muy vinculadas a la norma, guiados por una concepción excesivamente legalista, construida sobre los imperativos del cumplimiento. Pero la mayoría de las situaciones están teñidas de gris y de una complejidad que necesita de conocimientos, talento, recursos y, también, de valentía para romper con esos apriorismos y abrir las puertas a la incorporación de la perspectiva ética en la toma de decisiones.Y cambiar estos esquemas provoca reflexiones como las que nos brindan algunas de las personas que compartieron la experiencia:

“Desde nuestra función de compliance, cuando analizamos un problema y sugerimos una decisión, lo hacemos con el foco puesto en la norma o la legalidad y nos olvidamos de tener en cuenta la perspectiva ética que, sin duda, contribuye a tomar la mejor decisión posible”. 

“He podido descubrir que no tengo por qué trabajar solo/a y que es imprescindible tomar decisiones de manera colegiada, incluyendo una visión ética más allá de la estrictamente legal; sin duda las decisiones que tomemos serán mejores para todas las partes”. 

“Después de experimentar el método he descubierto que yo solo/a hubiera tomado otra decisión; evidentemente no habría sido la mejor”.

En definitiva, la ética y el compliance son un binomio que no podemos separar si queremos ser coherentes entre [lo que decimos] en nuestras declaraciones institucionales y [lo que hacemos] de manera cotidiana.

Muchos de los conflictos de cumplimiento que nos vivimos día a día en nuestras organizaciones se encuentran en la frontera entre la legalidad y la ética y debemos analizarlos, deliberar y tomar decisiones. Y, para ello, las empresas estamos responsablemente obligadas a dejar atrás la cultura defensiva y reactiva, impuesta desde fuera por las leyes y las normas, y a asumir que la verdadera responsabilidad nace de nuestras raíces y de la esencia que nos hace únicas como organización.

Aplicar la ética y poner método a los procesos de toma de decisiones en el ámbito del compliance nos capacita, no solo a las personas del área de compliance, sino también a directivos/as y profesionales, para asegurar que hemos utilizado los recursos que tenemos a nuestra disposición para construir la mejor solución posible a las situaciones, complejas siempre, que nos presenta la realidad organizativa. Solo así estaremos desarrollando una verdadera cultura ética y de cumplimiento en la organización.

 

José Antonio Lavado, co-fundador y socio de beethik y Miquel Fortuny, socio director de Fortuny Legal.

En este artículo se habla de:
OpiniónEmpresascultura ética empresarial 

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