La innovación es uno de los pilares fundamentales de cualquier compañía que quiera jugar un papel determinante en el mercado en el medio y largo plazo. Más aún en contexto tan cambiante y volátil como el actual, puesto que la crisis del covid-19 ha demostrado que la capacidad de adaptación a múltiples e impredecibles escenarios es en sí un valor para toda organización y una gran ventaja competitiva en tiempos de inestabilidad.
El propósito detrás de cada innovación

En sectores como el agroalimentario, la innovación de las compañías tiene además una repercusión directa en la relación entre las marcas y los consumidores, que no dejan de ser el conjunto de la sociedad. Como compañía en contacto directo con el gran público y sus hábitos diarios de consumo, las innovaciones lanzadas al mercado no solo tienen una implicación en las relaciones con todo el ecosistema de stakeholders de la empresa, sino que se convierten en la materialización de tus valores como organización y son percibidas e interpretadas por el usuario final.

Por ello, para estas compañías es aún más determinante tener claro que la innovación no es un fin en sí, sino un medio para alcanzar un bien superior: la creación de valor. De no tener esto en cuenta, se corre el riesgo de banalizar la innovación y de convertir un activo tan importante como es el potencial innovador de una compañía en algo superficial. La pregunta fundamental aquí no es cuánto ni cómo queremos innovar, sino para qué.

Es esencial que exista un propósito claro detrás de cada innovación y que ese propósito sea trasladado eficazmente al usuario final. Para ello, es determinante llevar a cabo un proceso de escucha constante del consumidor, comprender sus necesidades y hacer frente a sus demandas en base a unos valores comunes con la marca. A partir de ahí, es la marca la que puede identificar las transformaciones con las que puede ser útil al conjunto de la sociedad para aportar algo que los consumidores puedan entender como una innovación con propósito.

Según los estudios de consultoras como Hotwire[1], un 55% de los consumidores se decantan habitualmente por marcas que tienen un propósito claro. Además, en los consumidores más jóvenes ese porcentaje se eleva hasta el 83%, lo que nos da cuenta de que esta tendencia va a seguir al alza en los próximos años y que ya es ineludible para las marcas.

En Pascual, como compañía que incorpora un ADN innovador de manera transversal para la compañía, entendemos la innovación como un esfuerzo que no solo repercute en el negocio, sino también en los valores que queremos trasmitir a nuestros consumidores. Por ello, en Mocay lanzamos unas cápsulas de café realizadas con materiales 100% compostables, que no solo nos permitían ofrecer al consumidor un producto de calidad en un formato cada vez más demandado, sino que pudiera incorporarlo a sus hábitos de consumo de manera sostenible.

Las cápsulas de café Mocay son un ejemplo claro de lo que significa para Pascual la innovación con propósito. En lugar de utilizar los materiales clásicos que con los que se fabrican la mayoría de las cápsulas de café del mercado, como el aluminio, quisimos ir más allá para comprobar cómo podíamos ofrecer al consumidor este formato sin generar unos residuos que, si bien son reciclables, requieren de un tratamiento más complejo para poder ser reconvertidos en materiales reciclados.

Depositándolas en el contenedor marrón destinado a los desechos orgánicos, las nuevas cápsulas hechas de materiales 100% compostables de Mocay son fácilmente reconvertidas en abono tras pasar por la planta de compostaje. Así, convertimos todo un proceso de innovación de producto en una nueva manera de fomentar la economía circular y el aprovechamiento de los residuos, en línea con nuestra estrategia de ‘Dar lo mejor’, no solo al consumidor, sino también al planeta y a toda la sociedad.

 

[1] ‘Marcas con conciencia: la era del propósito corporativo’, Hotwire, 2020.

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