Los últimos datos disponibles, del año 2018, 49.209 mujeres llamaron al 016, y fueron asesinadas 50 mujeres, de las que solo 14 tenían previamente una denuncia. La iniciativa de Mascarilla 19 –en la que las farmacias prestan ayuda a las mujeres maltratadas durante esta etapa de confinamiento– es interesante y un buen intento en un contexto que no permite pedir ayuda.
No es un contexto propicio para pedir ayuda

En lo que llevamos de 2020, la mayoría de las muertes de mujeres por su pareja (violencia de género) tampoco habían denunciado previamente, pero está claro que si el desenlace fue el asesinato es que llevaban una trayectoria de maltrato. Es casi seguro que conocían la existencia del 016 para ponerlo en conocimiento de las autoridades y pedir ayuda, y en estos casos o no lo usaron, o les sirvió de poco.

No sabemos con certeza por qué no solicitaron ayuda o no denunciaron, pero podemos imaginar, basándonos en los estudios que se han realizado y en el conocimiento de los casos cercanos, que las circunstancias que viven y las dificultades para salir de esa situación no son fáciles. El miedo paraliza, la agresión continua acaba con la dignidad, la autoestima y con la iniciativa, y la víctima acaba por anularse como persona.

La iniciativa de Mascarilla 19 –en la que las farmacias prestan ayuda a las mujeres maltratadas durante esta etapa de confinamiento– es interesante y un buen intento en un contexto que no permite pedir ayuda.

Llevamos varias semanas confinados en nuestros domicilios y todos los hogares no son iguales. Estar encerrada con tu pareja que te maltrata, si además vives en un espacio reducido, se asemeja a una situación de esclavitud. El agresor en este contexto estará más estresado y ansioso, lo que desembocará en una mayor violencia. Si antes la violencia era fundamentalmente psicológica, ahora puede desencadenar en física.

Solo si se llega a una situación límite será cuando las mujeres puedan pedir ayuda. Solo cuando temes por tu vida, el instinto de supervivencia se activa y, si hay tiempo, puedes pedir socorro. Pero no estamos en un contexto en el que se pueda pedir ayuda. No se puede salir a la calle sin más, porque, por ejemplo, si vas a la farmacia o al médico, lo más seguro que en el trayecto te pare la policía para preguntarte.

Si el maltrato alcanza niveles de alta intensidad, la victima de esclavitud no solo tiene miedo a su agresor. Si antes podía ir al médico de atención primaria ahora no puede, solo atienden por teléfono, eso si consigue que le cojan el teléfono. Y si va a la farmacia respetando las medidas de seguridad, una distancia de metro y medio, tiene que vociferar “Mascarilla 19”, y el miedo a que se entere cualquiera se convierte en terror a que llegue a los oídos de su agresor.

No es el contexto de pedir ayuda, aunque los servicios estén abiertos para ayudarla. Es posible pedir ayuda en un contexto de cercanía y confianza, y si no generemos esto en situaciones de emergencia y alerta, estas víctimas todavía estarán más ocultas pasando a ser esclavas de sus agresores.

La realidad la analizaremos en unos meses.

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