A lo largo de nuestra vida vamos acumulando pertenencias y objetos de todo tipo. Muchos de ellos los utilizamos en un momento dado y después los dejamos arrinconados en algún lugar recóndito de un armario, o en el trastero, porque ya no nos sirven: equipamiento de un deporte que ya no practicamos, muebles y complementos decorativos que no responden a nuestros gustos actuales, libros ya leídos, dispositivos eléctricos y electrónicos que hemos sustituido por otros más modernos… Por no hablar, en el caso de las familias con niños, de ropa, juguetes y elementos varios cuya etapa de uso ya ha finalizado para ellos.
Frente al consumismo, economía circular y consumo responsable

Muchas de esas cosas se encuentran en perfecto estado, y nos da pena tirarlas a la basura porque sabemos que se podrían seguir utilizando, pero están ocupando un espacio en nuestra casa que cada vez se hace más y más grande. Y mientras tanto, seguimos comprando nuevos objetos, nuevos complementos, nuevos juguetes, nuevos dispositivos, gastando nuestro dinero en ello y provocando una sobreproducción que implica más consumo de materias primas, más contaminación y más residuos para el planeta.

Vivimos en una sociedad que se preocupa cada vez más por el cambio climático y la injusticia social, que protesta en la calle y en las redes sociales por el comportamiento de los gobiernos y de las multinacionales, y que, sin embargo, en su día a día se deja llevar sin remedio por la fiebre consumista, cuando podríamos contribuir realmente a mejorar el mundo si fuéramos capaces de modificar nuestros hábitos de consumo y apostar más por la reutilización y la economía circular.

Con el fin de promover ese cambio de paradigma en nuestra sociedad, y con una fórmula que combina solidaridad y sostenibilidad, nace Gratix. Se trata de una app donde todos esos objetos que guardamos sin utilizar pueden encontrar a alguien que los considere importantes y les dé una segunda vida, y donde también podemos encontrar aquellos productos que necesitamos sin necesidad de comprarlos.

La teoría es irrefutable: es mucho más gratificante regalar lo que no utilizamos que acumularlo sin sentido o tirarlo a la basura; y mucho más equilibrado pedir lo que necesitamos que tener que pagar por ello y malgastar recursos con una producción innecesaria y sus respectivas emisiones de CO2. ¿Comprar? Sí, pero con cabeza y dando valor a lo que compramos.

Gratix es una app gratuita (claro), disponible para iOS y Android, donde el usuario puede publicar sus productos en buen estado, con sus fotos y la historia que les une, y puede decidir si comparte su publicación con toda la comunidad o bien sólo con sus amigos o con determinados grupos en los que participa (por afinidades, por compartir escuela, vecindad o lugar de trabajo, etc.). Cuando aparecen miembros interesados en ellos, el propietario también puede elegir libremente a quién se los regala. Porque, efectivamente, compartir la filosofía de Gratix no es deshacerse de lo que ya no sirve, sino regalar cosas que que pueden hacer feliz a otra persona, querer participar en una cadena de favores alimentada por la generosidad.

Cuanto más aportamos a la comunidad, cuantas más cosas regalamos, acumulamos más karma, que en el contexto de la app se traduce en que aumentamos nuestro nivel de confianza. Es decir, nos mostramos como un usuario merecedor de recibir regalos, y será más fácil que podamos cumplir la lista de deseos que hemos publicado con aquellas cosas que nosotros necesitamos o nos gustaría que nos regalaran, frente a otros usuarios que pudieran querer hacer un uso aprovechado de la plataforma.

Cuando, después de más de una década con responsabilidades internacionales en Google, decidí dar el salto para iniciar este proyecto, lo hice porque estoy convencido de algo: es posible mejorar el mundo a través del consumo responsable. Y teniendo ya en la cabeza la visión de Gratix, no era una opción no intentarlo.

Es cierto que cada vez surgen más propuestas con ese ambicioso fin: mejorar el mundo, nada más y nada menos. Pero también lo es que la sociedad actual tiene mucho que cambiar, y que además de las políticas públicas es imprescindible integrar pequeños gestos en nuestra vida cotidiana para participar todos juntos en esa transformación. Porque las decisiones políticas trascienden a nuestra voluntad, pero esos pequeños gestos están en nuestras manos.

En la antesala de la época del año en que se concentra el consumismo más desmedido, hagamos una reflexión: es tiempo de iniciar la transición de esta sociedad de consumo a una sociedad más responsable.

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