Cada vez hablamos más del desarrollo de las empresas sociales en Europa. Sin duda, el sector está en plena evolución, pero es difícil de cuantificar porque no existe una definición homogénea de lo que es una empresa social entre los distintos países.
Empresas sociales: ¿ilusión de pocos o empresas del futuro?

Incluso a nivel nacional, el concepto de empresa social presenta múltiples facetas y genera debates. Una pluralidad signo de la riqueza y del dinamismo del sector, pero que también ocasiona una falta de claridad y dificulta su crecimiento. Observamos esta diversidad a través de los diferentes actores que forman parte del ecosistema del emprendimiento social en España, Portugal y Francia.

¿Con o sin ánimo de lucro?  

El primer gran debate está vinculado con el modelo de negocio de las empresas sociales. Particularmente en Francia, España y Portugal, donde la economía social y solidaria tiene una larga trayectoria y, al mismo tiempo, cuesta conciliar lo social con lo empresarial.

Leire Vega es Responsable de comunicación de la aceleradora Unlimited Spain, que impulsa start-ups innovadoras en los ámbitos de ciudades sostenibles, salud y agroalimentación. Ella explica que "en UnLtd, el concepto de empresa social se entiende bajo el eje del impacto social que genera. Creemos que un elemento central es la sostenibilidad financiera, por lo que nuestro programa no se dirige a las ONGs". Esta organización apoyó a más de 50 empresas de impacto social desde que inició sus actividades en España hace 3 años. Prácticamente todas son sociedades limitadas.

Sin embargo, para algunas organizaciones este perímetro no está tan claro ya que existe una zona gris. Es el caso de la fundación francesa Entreprendre & Plus que también apoya emprendedores sociales. Félicie Goyet, Directora de proyectos, cuenta que a veces el debate se genera hasta dentro del equipo al seleccionar los proyectos: "miramos el impacto social que puede generar la organización y su capacidad de no depender solamente de donaciones y subvenciones’. Pero todo depende de la interpretación que uno hace de ‘solamente’. Y agrega: ‘queremos maximizar el impacto social antes que las ganancias, ¡pero esto no impide generar algunas!".

Falta de visibilidad

La definición de empresa social es muy amplia debido a la ausencia de un marco legal específico. "En España, las empresas sociales no encajan en ninguna figura jurídica existente", cuenta Leire Vega. Un vacío legal que ocasiona, entre otras cosas, una falta de apoyo del gobierno, dificultades a la hora de conseguir financiación y un desconocimiento del sector por parte de la opinión pública. Daniel Serón, coordinador de la Coalición de Empresas por una Economía Baja en Carbono y Circular de Ecodes, Fundación Economía y Desarrollo, basada en Zaragoza, opina del mismo modo: "el hecho de no contar con una figura legal es problemático porque no da visibilidad a este modelo de empresa".

Por otro lado, Carlos Azevedo, co-fundador del IES Social Business School en Portugal, opina que quizás no haga falta esta figura. Su organización capacitó a nivel internacional a más de 5000 emprendedores sociales, y hoy asegura que "la forma jurídica sólo es un medio para lograr el impacto que se quiere generar. Ya no pienso que haga falta una figura legal específica porque dividiría el sector social en silos. Lo que tenemos en términos de marco regulatorio en Portugal ya es suficiente".

Nuevos retos

En Francia, existe desde el 2014 la posibilidad de solicitar la certificación de Empresa solidaria de utilidad social (ESUS) que da acceso a programas específicos del gobierno y a fuentes de financiación. Un sello que certifica que el objeto principal de la organización – independientemente de que ésta sea una empresa o no - es la utilidad social. Pero que implica, por ahora, cierto modelo de gobernanza. Por ejemplo, el sueldo más alto no puede ser mayor a diez veces el monto del sueldo más bajo. La realidad es que hoy esta certificación está infrautilizada y poco reconocida. Apenas mil organizaciones la tienen en Francia, de las que sólo el 20% son empresas. Lo que podemos observar es el nacimiento de modelos híbridos, como el de Meet my Mama, una empresa social basada en París que acompaña a mujeres migrantes o refugiadas para que generen ingresos gracias a sus talentos culinarios. Por un lado, la organización creó una asociación para capacitar a las mujeres y, por otro, factura los servicios de catering a través de una sociedad anónima.

Sin embargo, entre tanta diversidad hay retos comunes en los diferentes países. Uno de ellos, identificado por todos, es la llegada de las nuevas tecnologías al sector social y el desarrollo de la ‘tech for good’. Ésta implica una nueva generación de colaboradores con otro tipo de capacidades, motivaciones y expectativas salariales. Pero para retenerlos, hay que innovar y generar suficientes ingresos.

Auge de las empresas de doble propósito

Otra tendencia en este mundo en efervescencia es que las empresas ‘tradicionales’ integran cada vez más consideraciones sociales, ambientales y de gobernanza. Más allá de que tenga o no una misión social explícita, una empresa puede ser social por su manera de hacer negocios. Estamos comprobando que el interés del sector empresarial por este nuevo modelo va creciendo. Prueba de esto es el desarrollo del movimiento B Corp en Europa y del que Stone Soup Consulting forma parte desde su certificación como B Corp en 2016. Éstas son empresas de doble propósito -económico y social- que se comprometen en medir, auditar y publicar su impacto social y ambiental

En España, la tasa de crecimiento de las B Corp rodea el 20% anual con un total de 53 empresas certificadas actualmente. En Francia, ya son 60, "en tan sólo 2 años", aclara Benjamin Enault, de la organización Utopies, country partner de B Corp en Francia. Y agrega "algo nuevo es que ahora recibimos solicitudes de empresas de gran tamaño". El grupo Danone, por ejemplo, cuenta con 9 entidades certificadas desde el 2015 y tiene la ambición de obtener la certificación B Corp a nivel mundial.

La diversidad de opiniones y definiciones en el sector de las empresas sociales es sana y alentadora, pues muestra que el sector está madurando. Habrá que ver, en los próximos años, cómo se orquestra este movimiento a nivel nacional y europeo. Sea cual sea su desarrollo, no cabe duda de que el rol de las empresas está cambiando drásticamente: además de ser agentes económicos, son actores esenciales de la transición social y ecológica.

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