Cuando alguien lesiona la naturaleza, la ciudadanía responde. Cada vez más, afortunadamente. La historia se repite: el verano pasado hablábamos del lento magnicidio del planeta. Ahora nos estremecemos por la tragedia de Doñana. Es posible que ese terrible incendio pueda ser debido a la acción humana, personas que ignoran o no asumen el objetivo 15 de los ODS (Gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad)
Si golpeas a la naturaleza la ciudadanía te responde

La ONU advierte que los bosques son el hogar del 80% de las especies de plantas y animales de la Tierra, y que además regulan el clima, previenen la degradación ambiental y reducen los riesgos de desastres naturales. En la actualidad, 13 millones de hectáreas se pierden cada año. Las razones de la deforestación son múltiples y en su mayoría propiciadas por las actividades humanas.

En Doñana el incendio afecta a 10.900 hectáreas de superficie, de las cuales tan solo 2.414 han quedado intactas. Un desastre de tamañas proporciones ha tenido la virtud - si un desastre tiene alguna virtud - de despertar a la ciudadanía, que ha tomado la iniciativa desde diferentes plataformas:

• WWF pide que se investigue la relación entre la invasión de los montes y el incendio de Doñana;

• PACMA pide al gobierno que priorice la reforestación de Doñana;

• Los ciudadanos de la zona se están ofreciendo a colaborar en la reforestación a través de colegios, entidades vecinales y organizaciones varias, hasta el punto de que la Administración está trabajando en una aplicación para gestionar todas las iniciativas.

Me parece relevante que se produzcan estos movimientos sociales:

Por un lado, las organizaciones ecologistas que agrupan a multitud de socios, afiliados y simpatizantes están presionando para que la administración tenga visión de futuro y adopte las pautas de gestión medioambiental que han de ponerse en marcha en todos los países para luchar contra el cambio climático y la preservación de la naturaleza.

Y por otro, los ciudadanos se organizan espontáneamente utilizando las plataformas locales a su alcance para tomar parte activa en el proceso de regeneración del ecosistema.

Una vez más, son los ciudadanos quienes toman la delantera a las administraciones públicas.

Veo un rayo de esperanza en todos estos movimientos sociales. De hecho, he recordado la famosa Teoría de la Difusión de Responsabilidad de Latané y Darley, según la cual cuantos más testigos haya de una situación de emergencia menos probabilidades hay de que ayuden porque las personas sienten que se diluye la responsabilidad entre todos.

Lo que está ocurriendo alrededor de Doñana parece desmentir la teoría. Bien es cierto que fue formulada en 1970 y que se centraba en el auxilio que se debería prestar a una persona necesitada. En la actualidad la sociedad se comporta de forma muy diferente, y sobre todo se ha conseguido una conciencia social en materia de respeto al medio ambiente que en aquellos tiempos ni siquiera se planteaba.

Así que, con la pena, la rabia y la impotencia instaladas en mi corazón, envío desde aquí mi reconocimiento a entidades como WWF, PACMA y las agrupaciones locales que se esfuerzan en remediar el desastre y en concienciar a la ciudadanía para que no vuelva a ocurrir nada parecido. Están demostrando que la teoría de la Difusión de la Responsabilidad está obsoleta en esta sociedad que avanza. Lentamente, pero avanza.

Edita Olaizola (@EditaOla)

 

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