Leo detenidamente cada día el Diario Responsable y constato el interés creciente por publicar comentarios y proponer actuaciones muy variadas en beneficio de la Responsabilidad Social. Sin duda, esto representa un cambio cualitativo significativo pero, adquirida esta dinámica, cada vez más, es necesario profundizar en los diagnósticos para poder aplicar la terapia adecuada, y así, intentaremos curar a este enfermo sistémico, cuando no moribundo
RSC, caleidoscopio de la empresa y de la sociedad

Los filósofos nos hablan del cambio que ha supuesto el fin del modernismo y lo que ha representado el posmodernismo, si es que alguna vez ha existido. Pero dejando aparte los nombres, más o menos acertados, es posible que todos estemos de acuerdo en que, en este momento, vivimos un periodo de transición.

La etapa pasada del modernismo, iniciada con la revolución industrial, se caracterizó por mantener unos valores éticos y de esfuerzo que nos proporcionaron progreso y bienestar, en términos generales, descartando las grandes guerras que deben ser referencia constante para que nunca más vuelvan a suceder. Pero ya veremos, porque estas referencias no parecen muy efectivas, pues estamos sometidos a una guerra de guerrillas continuas sin poder prever el resultado.

 Esta fase de transición en la que nos encontramos y que me atrevo a llamar “fantasismo áurico”, se caracteriza, como casi todas las anteriores etapas de transición, por convivir con una inestabilidad y una crisis permanentes. Esta crisis constituye una inseguridad creciente para instituciones públicas, organizaciones, empresas e individuos, y la consecuencia inmediata de la inseguridad establecida, no es otra cosa que “miedo”. Miedo para resolver colectivamente los problemas que nos desbordan individualmente: recursos naturales insuficientes, contaminación, corrupción y otros perfectamente bien definidos globalmente.

Tenemos acotados los problemas y disponemos de los medios tecnológicos necesarios para resolverlos. ¿Por qué, entonces, no realizamos los estudios  profundos y sistemáticos necesarios para encontrar las soluciones?

Este puede ser un jardín difícil de mantener porque concurren, o pueden concurrir, variantes y circunstancias diversas, pero la razón fundamental es el egoísmo individual y el egoísmo atroz de colectivos (multinacionales, lobbys, agrupaciones sectoriales, mafias…etc.) bien posicionados para hacer valer su propio beneficio. Ante esta situación de incapacidad personal nos limitamos a hacer exploraciones guiadas por la intuición, el impulso y la audacia de cada uno, para conseguir nuestro objetivo particular.

Por lo dicho en el párrafo anterior, no es casual que las virtudes que buscan  las empresas en sus trabajadores y, en general, para todas las acciones sociales sean la iniciativa, la imaginación, la novedad y la osadía.

En esta sociedad descrita, somos conscientes de que todos debemos aportar esfuerzo para mejorar nuestro entorno y, por lo tanto, la civilización actual, si no queremos tener resultados no deseados. Sirva de ejemplo la definición que Sigmund Freud hizo de civilización: “orden creado y gestionado por el hombre, manteniendo en equilibrio libertad y seguridad”.

Las cosas, da la impresión, cambian demasiado deprisa y no somos capaces de asimilarlas correctamente. El gran filósofo polaco Zygmunt Bauman, a quien se atribuye haber acuñado el concepto y la  expresión “sociedad líquida”, expresaba que nuestra cultura tiende más a olvidar que a aprender, y también decía que en este momento sabemos que estamos huyendo, pero no tenemos idea hacia donde. ¿Pretendemos encontrar la fantasía dorada, como yo nombraba arriesgadamente?

Percibimos que este mundo tecnológico está socavando la cohesión social, ya menguada por la pérdida de valores, y percibimos asimismo que la tecnología nos deja cada vez más solos fomentándose el subjetivismo y, lo que es más importante, sin referencias, al destruir todas las ideologías anteriores.

A pesar de que nuestros esquemas mentales se derrumban, realizamos un esfuerzo constante por alcanzar la felicidad que, sin ideología definida, nos lleva a aceptar que la única forma posible para llegar a ella es a través del consumo.

Este difícil y complicado panorama nos hace pensar que cualquier cosa puede pasar, y que muy pocas cosas se pueden hacer sin el grado de confianza y seguridad necesarias para encontrarnos satisfechos. Así, contribuir a un mundo mejor, resulta extraordinariamente complicado.

Como no podía ser de otra manera, este descontrol de fuerzas y de ideas  proporciona múltiples recetas, casi todas interesadas, resaltando una en especial que se convierte como por arte de magia en remedio de todos los males, y que es utilizada de forma recurrente para dar solución a todos los problemas, “la flexibilidad”.

Este remedio mágico es utilizado frecuentemente entre los políticos y los directivos de organizaciones empresariales, sobre todo, para permanecer en sus cargos sin arriesgar y sin tomar  decisiones a largo plazo, lo que corroe la confianza, la lealtad y el compromiso.

Mi posición es que la ilusión debe permanecer y que con coraje y obstinación lograremos persuadir a algunos que, estando en posición de “hacer”, abanderen los aludidos estudios en profundidad y con tesón iniciemos programas a largo plazo para el bien todos.

Si esto fuera así, la RSC podría ejercer la misma función que tiene el caleidoscopio, multiplicando, no solo las imágenes, sino también los efectos de sus acciones para mejorar nuestra sociedad.

Pedro Rodríguez Castañeda

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