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Nosotros ya lo fuimos y nos podría volver a pasar: Seamos un ejemplo para los refugiados ´acogidos´ en nuestro país, empezando con nuestras empresas y por nosotros mismos

Todos hemos escuchado cifras que nos indican la cantidad de personas desplazadas y refugiadas en el mundo…pero reflexionando un momento...60 millones de personas desplazadas y refugiadas según el ACNUR equivale a ¡740 estadios de fútbol del tamaño del Santiago Bernabeu llenos de gente! Además, no son los países "ricos" de la Unión Europea aquellos que más personas desplazadas acogen, sino los más pobres del planeta, aún cuando no tienen medios ni para sostenerse a ellos mismos en condiciones dignas.

Un refugiado según la Convención de Ginebra “es una persona que "debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de su [propio] país...". Es decir, que son personas normales, como tú o como yo, que no tienen más remedio que huir de sus países ya que la situación en la que viven es tan peligrosa e intolerable que se arriesgan a dejarlo todo atrás en busca de seguridad, abandonando sus casas, sus raíces, TODO, con la esperanza de pedir asilo en el país de destino que les pueda prestar protección.

Alemania el año pasado tuvo 444.000 solicitudes, pero en España solo fueron 15.000 personas las que solicitaron asilo. Y me da pena pensar que potencialmente esa cifra es en parte porque en el Mediterráneo murieron ahogadas entre el año pasado y lo que va de año, 5.200 personas.

Organismos como CEAR, ACCEM, ACNUR proporcionan un programa de integración donde les dan seguridad,  ayuda psicológica, atención psicosocial, jurídica, educación para sus hijos, entre otros. Durante el programa, que puede durar hasta 24 meses en los casos más vulnerables, algunos eligen la repatriación voluntaria si la situación en la que está su país de origen se lo permite, y en otros casos se continúa con la integración a nivel local. Lo idóneo es que se les integre en las ciudades pero hay muchas variables por las cuales en ocasiones no queda más remedio que crear campos de refugiados alejados de estas.

Pero ¿qué pasa con los refugiados cuando se les acaba el programa de integración? Aquí es donde todos tenemos una oportunidad por delante, ya que normalmente los esfuerzos se centran mientras los refugiados están dentro del programa.

Como ya publicamos el 18 de diciembre, empresas privadas tienen un gran poder de influencia y sus decisiones pueden afectar a la vida de millones de personas. Aquí mismo en Madrid acudimos este viernes a la conferencia organizada por IKEA, en la que se comentaba la situación de los refugiados en España y explicaron cómo su departamento de RSC proporciona elementos que necesitan en los centros de acogida y pisos, para ayudar a crear un hogar, siendo los mismos empleados de IKEA los que trabajando en equipo dejan todo preparado para la llegada de los refugiados.

También, en la misma conferencia nos hacía cuestionarnos de forma más personal María Tejada de Accem, “¿qué puede hacer uno para ayudar si no tiene dinero? … y la respuesta es simple, convivir”. Situar a un refugiado en un plano de igualdad, respetarlo y aceptarlo en nuestro entorno, en nuestra cultura, escuchar sus historias, entender su situación, eliminar rumores, hacer campañas en contra de la xenofobia y del racismo, ayudarle a recuperar su autonomía y sensibilizarnos entre todos poniendo el foco en el largo plazo. Debemos generar esa cultura y esa estrategia de integración y convivencia ciudadana porque hoy son ellos los que han tenido que dejarlo todo y han tenido que empezar de nuevo, pero mañana podríamos volver a ser nosotros.

 

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