Como sabes, el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP) es un acuerdo comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos que pretende equiparar las normativas a ambos lados del océano
TTIP: un futuro inquietante

Es la entronización de las multinacionales incontrolables para hacer tabula rasa de la democracia, el bienestar de las personas y la conservación de la naturaleza.  Parece una burda copia del mito de Cronos castrando a su padre Urano, aunque se puede pensar que los artífices de tal dislate jamás hayan oído hablar de mitos ni de cualquier otra cosa remotamente relacionada con  la cultura.

Europa es cuna de una civilización antigua y compleja que, con los traspiés que queramos, ha conseguido una sociedad avanzada y respetuosa con sus ciudadanos y con el entorno que les rodea.  La cultura estadounidense es  mayormente hija de la europea, pero actualmente trisca por unos derroteros que la están llevando a plantearse cómo fagocitar a la madre para imponer sus propios y letales intereses.

Esta alegoría me sirve para explicar mi punto de vista:  creo que el TTIP es un grave atentado a nuestro modelo social que impacta directamente en tres pilares básicos:

1. Falta gravemente al respeto a nuestra sociedad

  • Si el acuerdo entra en vigor, los Estados no podrán introducir variaciones;  serán organizaciones privadas quienes decidan en caso de desacuerdo.  Ello significa que las multinacionales tendrán muchísimas oportunidades de favorecer sus intereses por encima de los derechos de los ciudadanos, dado que ningún tribunal público de ningún país podrá juzgar ni dictar sentencia.  Y todos sabemos cómo las gastan las multinacionales en materia de defensa de sus propios intereses. Tenemos demasiados ejemplos en diversos ámbitos de actividad.
  • Los acuerdos que se alcancen perjudicarán severamente a las pymes, puesto que carecen de medios para enfrentarse a los colosos en igualdad de condiciones.  Pero resulta que en Europa 23 millones de empresas son pymes, lo que representa el 99% de las empresas, ofrecen el 67% del empleo disponible y genera el 85% de nuevos puestos de trabajo. No es difícil imaginar la repercusión social que tendría la puesta en marcha del TTIP.
  • Atenta frontalmente contra nuestra forma de gestionar acuerdos.  Desde el comienzo se caracteriza por el secretismo, la falta de transparencia y la falta de democracia: los europarlamentarios - quienes deberían representar los intereses de los ciudadanos - han sido mantenidos al margen de las negociaciones.  Ahora, y gracias al revuelo social que se ha originado, se permite que accedan a los documentos ya redactados.  ¡Qué gran avance, pueden leer lo que han negociado otros a sus espaldas!  Y eso sin comentar en qué condiciones les permiten leerlos: con cita previa, diciendo previamente qué documento desean consultar, en cámara acorazada, con códigos de seguridad, con dos vigilantes, sin teléfono, portátil, papel, lápiz o cualquier otro instrumento que permita anotar, con un plazo máximo de 2 horas, con la entrega del documento hoja a hoja, con la prohibición de hablar de lo leído… ¿Ésa es la forma de funcionar en una democracia?

2. Atenta gravemente contra los derechos de las personas

  • Colisiona frontalmente contra los derechos laborales.  A título de ejemplo, EEUU solo ha suscrito 2 de los 8 convenios fundamentales de la OIT.
  • Alto riesgo de imponer una política de precariedad salarial, puesto que las multinacionales decidirán libremente en materia de cantidad, calidad y ubicación del trabajo, así como sustitución no ordenada de personas por máquinas para incrementar la productividad.
  • Limitación de los derechos de  representación colectiva de los trabajadores.
    La dispersión geográfica, el escaso número de personas para cada puesto de trabajo en empresas robotizadas y otras variables impactarán negativamente en la capacidad de los trabajadores para agruparse y defender sus intereses.  Es obvio que las formas actuales necesitan evolucionar, pero en cualquier caso lo verdaderamente importante es que los derechos de representación colectiva no pueden desaparecer de un plumazo, son derechos fundamentales.  Y un acuerdo entre multinacionales difícilmente se prestará a cooperar en el diseño de nuevas formas de relación empresa /empleado respetando los derechos que éstos han adquirido como personas a lo largo de muchos años.
  • Alto riesgo de disminución drástica de puestos de trabajo. Sabemos que actualmente existen muchos puestos en vías de extinción y que es recomendable extinguirlos.  Otra cosa muy diferente es cómo se hace, y no parece lógico que el TTIP permita el nacimiento de nuevas pymes con sus oportunidades de nuevos empleos.

3. Atenta contra la naturaleza y el medio ambiente

  • Rebaja el nivel de exigencia de los estándares técnicos y de normalización industrial:  formas más agresivas de producir, gestión de residuos más deficiente, priorización del modelo economicista en detrimento de modelos más respetuosos como la economía circular, …
  • Utilización de transgénicos y productos peligrosos.
  • Normativa mucho más laxa en lo relativo al bienestar animal en granjas, laboratorios y otros medios de explotación.

Así las cosas, no es de extrañar que partidos políticos, organizaciones cívicas y plataformas diversas se alcen en contra del TTIP. 

La Responsabilidad Social es una corriente emergente que cuenta cada vez con más adeptos: personas, empresas, administraciones públicas, agrupaciones profesionales implantan este modelo de gestión para conseguir una sociedad capaz de atender debidamente a sus ciudadanos y al planeta que nos acoge a todos.

Ante este panorama tan inquietante ¿no es el momento de que todos los actores implicados en la RS se agrupen como fuerza social para hacer frente a lo que se nos avecina?

Edita Olaizola (@EditaOla)

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