La lucha contra el cambio climático supone un gran reto para gobiernos y empresas, pero también para la economía. Ya lo advirtió el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, que ha identificado el cambio climático como una amenaza para la estabilidad financiera. Tampoco podemos pasar por alto conceptos nuevos, como el riesgo de carbono, los activos obsoletos y la descarbonización de las carteras
¿Qué pueden hacer los gestores y los inversores para frenar el cambio climático?

Este último, la descarbonización, implica medir la exposición de la cartera; evaluar el riesgo relacionado, la tasación y los aspectos de los activos obsoletos, y rebajar el riesgo, lo que puede suponer reducir la exposición o desprenderse totalmente. Entre las acciones que han surgido en este sentido destaca la iniciativa Montreal Pledge, que promueve el principio de la publicación de los riesgos de carbono para permitir una mejor evaluación de este y está respaldada por los principios de la inversión responsable. Hasta el momento, más de cien propietarios de activos han decidido sumarse a esta iniciativa.

Para avanzar en este terreno, todavía queda mucho por hacer en la evaluación de riesgos. Los datos deben ser interpretados con precaución, por lo que no conviene lanzarse a sacar conclusiones. Por ello, medir el riesgo sigue siendo un desafío, y el concepto de activos obsoletos es un buen ejemplo de ello, al ser un asunto que hasta ahora no ha sido abordado por los analistas financieros en los sectores más afectados. Aunque este concepto se asocia principalmente con compañías en sectores como el petróleo y la energía, también es importante para las economías de los países cuyo modelo de crecimiento se basa fundamentalmente en las energías fósiles, como Venezuela, Rusia y otros países.

Sin duda, la inversión responsable con el medio ambiente es una buena causa de cara a los inversores pero, ¿cómo se reduce la huella de carbono en una cartera? Después de todo, el gestor debe decidir las inversiones respetando las directrices del mandato con el que se ha comprometido. Además, debe gestionar la liquidez de la cartera y la diversificación para optimizar el perfil de riesgo/retorno. Por si esto no fuera suficiente, se suma además el reto de reducir el riesgo de carbono, algo que debe hacerse a lo largo del tiempo y siguiendo unos criterios que se irán adaptando progresivamente.

Aunque estas tareas sean competencia de los gestores, no quiere decir que los inversores queden al margen. También atañe a las compañías, que no tienen otra elección que reducir las emisiones contaminantes en sus procesos de fabricación y sus productos, optando por las soluciones más respetuosas con el medio ambiente. Las empresas con mayor desarrollo tecnológico mejorarán gradualmente sus resultados y la huella de carbono de las carteras descenderá de manera natural.

Al comprometerse con empresas que han aplicado cambios en sus modelos de negocio para responder a estos retos, los inversores responsables están tomando posiciones y haciendo lo posible por entender las dificultades a las que se enfrentan todos los implicados en las distintas áreas de especialización. Están haciendo su parte para asegurar que la descarbonización de la economía se convierta en realidad.

Ophélie Mortier, Responsible Investment Strategist Degroof Petercam AM

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