Nadie duda de que la situación actual de la RSE es mejorable, pero por esa razón no se debe caer en el abatimiento y desgana. Como indicaba Ortega y Gasset, hay que abandonar la alegre aceptación de lo real
Disneyland, el punto de partida de la RSE

“Vivís en Disneyland, esos 15 retos no hay empresa que los asuma, por su propia naturaleza empresarial”. Es la respuesta de una lectora de Diario Responsable ante el artículo en el que expusimos las prioridades que el próximo Gobierno de España debería tener en relación con la Responsabilidad Social. No es una opinión aislada, parte de la sociedad tiene sus reticencias hacia todo aquello que tenga que ver con la ética empresarial. Sonados casos de corrupción o diferencias desorbitadas entre el salario de un CEO y el de un empleado medio, suelen ser algunos de los argumentos que más se esgrimen. Pero, no hay que caer en la resignación. Como algunos dicen: se vive porque se tienen utopías.

Entre los retos que se proponen para aquel gobierno, junto a la labor de las empresas, que resulte de los pactos o de unas segundas votaciones se mencionaban aspectos como la desigualdad, paro, corrupción, fiscalidad, compra pública responsable o empleo de calidad. ¿Utopía? “La utopía sirve para Caminar”, como dijo Eduardo Galeano y para “Crear un mínimo de consenso político” como escribe Iñaki Anasagasti en un interesante texto titulado La utopía necesaria.

Las empresas, quizás aquí tiene un papel importante el dirse, también deben de tener retos utópicos porque las utopías movilizan, y puede que de tanto repetirlos, más pronto que tarde se transformen en realidades. Un ejemplo, hace una década se dudaba del cambio climático, era impensable un acuerdo entre los EE.UU y China y menos otro de carácter universal. Hoy en día, la COP21, con sus más y sus menos, es una realidad.

Nadie duda de que la situación actual de la RSE es mejorable, pero por esa razón no se debe caer en el abatimiento y desgana. Como indicaba Ortega y Gasset, hay que abandonar la alegre aceptación de lo real. Que algunos informes de sostenibilidad/RSE sean ejercicios de marketing y no de rendición de cuentas o que sólo los lean los cuatro del departamento no es razón para dejar de hacerlos. Es la causa que motivará la mejora y no por ello se debe dejar de exigir la Responsabilidad Social.

También es evidente que las políticas de un gobierno o de una empresa no pueden basarse sobre pilares totalmente irrealizables, puesto que la confianza del ciudadano -no cliente- quedaría mermada con el incumplimiento. Objetivos y retos realizables, por supuesto, pero siempre con un toque utópico-transformador.

Ah, gracias y bienvenidos sean más comentarios de los lectores, pues con las redes sociales parece que se ha instalado el ahorro del pensar. Simplemente se muestra el desagrado o agrado de un artículo con un me gusta o favorito, y el hecho de escribir, aunque sólo sea una línea, ya implica reflexionar.

@ignaciocayetan

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