Publicado el
La capa de ozono, una defensa invisible que protege nuestra salud

Mañana, 16 de septiembre, se celebra el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, una fecha que recuerda uno de los mayores ejemplos de cooperación ambiental internacional. Cuarenta años después del Convenio de Viena, Naciones Unidas reivindica el camino recorrido desde la evidencia científica hasta la acción política global y recuerda que preservar este escudo natural continúa siendo esencial para proteger la salud humana, los ecosistemas y el planeta frente a la radiación ultravioleta nociva.

No se ve, pero desempeña una función indispensable para la vida. La capa de ozono actúa como una barrera frente a parte de la radiación ultravioleta procedente del Sol y su deterioro supone, por tanto, una amenaza que trasciende el ámbito estrictamente ambiental.

Precisamente por ello, proteger la capa de ozono significa también proteger a las personas. Según recuerda Naciones Unidas con motivo del Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, hace cuatro décadas los países decidieron actuar ante las evidencias científicas que mostraban su deterioro y sus consecuencias para el planeta.

El resultado se ha convertido en uno de los principales precedentes de cooperación ambiental internacional: identificar científicamente un problema global, alcanzar acuerdos políticos y transformar progresivamente actividades económicas y tecnologías para reducir su impacto.

De la evidencia científica a una respuesta mundial

El punto de partida fue la constatación de que diferentes sustancias químicas utilizadas habitualmente estaban deteriorando la capa de ozono. Entre ellas se encontraban compuestos que liberaban cloro y bromo, elementos capaces de provocar su agotamiento.

Dentro de este grupo figuran el bromuro de metilo, el metilcloroformo y el tetracloruro de carbono, además de familias de sustancias como los halones, los clorofluorocarbonos (CFC) y los hidroclorofluorocarbonos (HCFC). Los halocarbonos que contienen bromo presentan, por lo general, un potencial de agotamiento del ozono superior al de aquellos que contienen cloro.

La confirmación científica del problema llevó a la comunidad internacional a crear un marco común de actuación. El 22 de marzo de 1985, 28 países aprobaron y firmaron el Convenio de Viena para la Protección de la Capa de Ozono.

El acuerdo estableció un mecanismo internacional de cooperación y abrió el camino para una respuesta más ambiciosa. Dos años después, en septiembre de 1987, llegó el Protocolo de Montreal relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono.

La estrategia demostró que la ciencia podía traducirse en decisiones políticas coordinadas a escala mundial. Naciones Unidas resume precisamente bajo la idea de pasar "de la ciencia a la acción global" el legado que se conmemora este año.

Un acuerdo para retirar las sustancias más dañinas

El Protocolo de Montreal estableció medidas destinadas a controlar la producción y el consumo mundial de las sustancias responsables del deterioro del ozono, con el propósito último de eliminarlas progresivamente conforme avanzasen el conocimiento científico y las alternativas tecnológicas.

El tratado controla casi un centenar de sustancias químicas, organizadas en diferentes categorías y familias. Para cada grupo fija calendarios de reducción gradual de su producción y consumo.

Uno de los cambios más significativos fue la retirada progresiva de los CFC, sustancias artificiales que tuvieron una amplia utilización en ámbitos como la refrigeración, los aerosoles y la fabricación de espumas.

El sistema contempla, no obstante, determinadas excepciones para usos considerados esenciales cuando no existen sustitutos aceptables. Entre los ejemplos recogidos por Naciones Unidas se encuentran determinados inhaladores utilizados para tratar el asma y otros problemas respiratorios, así como sistemas de extinción de incendios con halones empleados en submarinos y aeronaves.

La aplicación del acuerdo ha avanzado tanto en países desarrollados como en desarrollo. Según Naciones Unidas, la mayoría de los calendarios de eliminación establecidos se han respetado y algunos objetivos se alcanzaron incluso antes de las fechas previstas.

Los HCFC, que presentan un potencial de agotamiento del ozono inferior y fueron utilizados también como sustitutos transitorios de los CFC, contaron inicialmente con plazos más amplios. El calendario establecido en 1992 contempló su eliminación completa para 2030 en los países desarrollados y 2040 en los países en desarrollo. En 2007, las partes acordaron acelerar este proceso.

Un precedente excepcional de cooperación ambiental

El alcance político del proceso quedó reflejado en 2009. El Convenio de Viena y el Protocolo de Montreal se convirtieron el 16 de septiembre de ese año en los primeros tratados de la historia de Naciones Unidas en alcanzar la ratificación universal.

Su aplicación ha sido considerada uno de los grandes éxitos de la diplomacia ambiental. Ya en 2003, el entonces secretario general de Naciones Unidas Kofi Annan calificó al Protocolo de Montreal como posiblemente "el acuerdo internacional más exitoso hasta la fecha", una valoración ampliamente compartida dentro de la comunidad internacional.

Su relevancia reside también en el modelo que representa: frente a un problema ambiental planetario, los países fueron capaces de construir una respuesta común apoyada en el conocimiento científico, establecer objetivos progresivos y adaptar las políticas conforme aparecían nuevas evidencias.

¿Por qué sigue siendo importante protegerla hoy?

Los avances conseguidos no significan que la protección de la capa de ozono pueda darse por terminada. El Convenio de Viena y el Protocolo de Montreal continúan siendo fundamentales para vigilar los niveles de ozono y de radiación ultravioleta y controlar las sustancias capaces de deteriorar esta barrera natural.

Su conservación mantiene una relación directa con la protección de la salud. La función de la capa de ozono consiste precisamente en limitar la llegada a la superficie terrestre de radiación ultravioleta perjudicial. Evitar su deterioro significa, por tanto, mantener esa protección natural para las personas y para el conjunto de la vida en el planeta.

El desafío tampoco termina en las sustancias que inicialmente motivaron los acuerdos internacionales. La política internacional sobre el ozono ha ido evolucionando para responder a nuevos problemas ambientales relacionados con los productos empleados como sustitutos.

De proteger el ozono a combatir también el calentamiento

Un momento decisivo llegó el 15 de octubre de 2016, cuando las partes del Protocolo de Montreal reunidas en Kigali, Ruanda, alcanzaron un acuerdo para reducir progresivamente los hidrofluorocarbonos (HFC).

Estos gases no constituyen el mismo problema para la capa de ozono que los CFC, pero son gases de efecto invernadero. Su eliminación gradual mediante la Enmienda de Kigali amplió así el alcance ambiental de la cooperación construida alrededor del Protocolo de Montreal.

Actualmente, los tratados continúan proporcionando el marco para supervisar tanto las sustancias que destruyen el ozono como otros compuestos químicos relacionados con el calentamiento global.

Cuarenta años que dejan una lección para el futuro

En 1994, la Asamblea General de Naciones Unidas proclamó oficialmente el 16 de septiembre como Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, en recuerdo de la firma del Protocolo de Montreal en esa misma fecha de 1987.

Mañana, la conmemoración vuelve a poner sobre la mesa una experiencia especialmente relevante en un momento marcado por múltiples crisis ambientales. Hace cuatro décadas, la comunidad internacional comenzó a construir una respuesta conjunta ante un problema que la ciencia había identificado como una amenaza global.

La progresiva recuperación de la capa de ozono muestra el resultado de aquella decisión. Pero su legado va más allá: evidencia la capacidad de la cooperación internacional para transformar el conocimiento científico en regulación, innovación tecnológica y cambios productivos.

Como subraya Naciones Unidas, los tratados sobre la capa de ozono han simbolizado el paso de la ciencia a la acción global. Mantener esa acción durante las próximas décadas será fundamental para conservar una protección que, aunque invisible, resulta indispensable para la salud humana y la vida en el planeta.

En este artículo se habla de:
Noticias

¡Comparte este contenido en redes!

Este sitio utiliza cookies de terceros para medir y mejorar su experiencia.
Tu decides si las aceptas o rechazas:
Más información sobre Cookies