barco

2 elementos son clave para desarrollar una organización innovadora: limitar el miedo y volver a jugar. Limitar el miedo tiene varios componentes. El miedo a cómo me voy a exponer como ignorante en vez de como sabio, el miedo a la percepción de los otros miembros del equipo, al qué dirán, y el miedo a fallar en el intento en sí mismo. Y volver a jugar es recontactar con ese ser interno que se permite preguntar, volver a mirar con ojos de asombro, conectar realidades aparentemente sin relación, probar y volver a probar, aprender haciendo una vez más.

 

En una actividad reciente en cliente, en un taller titulado “el mando intermedio en una organización innovadora”, presenté varias de las dinámicas de oé corazón, varios juegos para pensar, para reflexionar y hacer diferente.

 Y me presenté por medio de una historia, una historia personal, porque no hay nada más universal que lo más personal, de la misma forma que no hay nada que mueva más a una persona que una historia de otra persona, una historia con corazón.

 Ese día, me presenté con la historia de un niño, que en primero de primaria tuvo que cambiar de colegio, porque en la primera quincena de Octubre, casi sin un mes de curso, ya estaba catalogado como el monstruo de la clase. Además, entre otras circunstancias, la profesora y tutora estaba estresada porque no iba a conseguir acabar el temario, de primero de primaria, no se lo pierdan, señoras y señores.


Recapacitando sobre la historia del niño, no pude evitar una frase relativa a Gorka, mi hijo mayor. Perdiendo un año, ganó la vida, que impactó, vistas las evaluaciones del taller, a una persona. Porque lo que nos pasó fue exactamente eso.

Gorka cambió de colegio, y nos ofrecieron, ya que era de diciembre, una plaza en jardín de infancia, tras un periodo de evaluación de 2 semanas. Repetir un año, en resumidas cuentas, algo con tan mala prensa hoy en día, en un entorno en el que estamos tan interesados en ganarle tiempo al tiempo, donde rápido se entiende como mejor, y repetir curso es sinónimo de fracaso escolar.

El diagnóstico de Mariana fue contundente:

  • a Gorka le faltaba jugar,
  • y tiene miedo al profesor.

Tras reconocer los síntomas y aceptar el diagnóstico, Gorka estaba repitiendo el último año de jardín de infancia.

10 años más tarde podemos evaluar los resultados de lo que hicimos, y vemos un chaval sano, fuerte, responsable, buena gente, amigo de sus amigos y buen estudiante. Y aunque es imposible evaluar los resultados de lo que no hicimos, supongo que ya te has parado a pensar al respecto (no sabemos los resultados del camino que no tomamos), todo parece indicar que no medicarle con Ritalín como nos recomendaron en el centro educativo del que salimos huyendo fue un acierto.

Para este niño pequeño parar un año fue un regalo. Volver a jugar y a disfrutar de su infancia, de los columpios y del arenero fue una maravilla del mundo mundial. Y lo fue para toda su familia, que entró en contacto con otro ritmo y otra forma de hacer.

Gorka, nunca me ha tocado tanto una evaluación, y me lo permito repetir, qué regalo, perdiendo un año ganó la vida. Es curioso cuantas cosas se pueden hacer en un año, una unidad de medida en el que caben tantas cosas, con su invierno y su verano, con su otoño y su primavera.

Echo la mirada atrás y veo los primeros posts de oé corazón, publicados en marzo del 2013, a modo de recopilación de una serie de posts anteriores, publicados en diario responsable, un saludo desde aquí, Jordi, todo el éxito del mundo en el evento de esta semana, con referencia a la responsabilidad social, y los siguientes, ya en abril del 2013, con la impronta tonta de oé corazón, con ese modo de contar y entretejer historias con retazos de otras historias, y pienso qué estoy haciendo.

Sin duda, estoy haciendo lo que Gorka me enseñó. Estoy jugando en mi arenero, construyendo una historia diferente, una historia en el que hombres y mujeres mayores se vuelven a permitir jugar, también en el trabajo. Un juego inocente, en el que no hay miedo al profesor, ni al jefe, ni a la compañera, ni al subordinado, ni al qué dirán.

Un juego en un espacio con corazón, en el que los sentimientos pueden aflorar, en el que las emociones sí forman parte de nuestro ser, y se entrelazan con nuestro pensar y con nuestro actuar.

Un espacio en el que, poco a poco, el profesional se encuentra con su Ser, y se da cuenta de que esos atributos redescubiertos de la infancia, la desinhibición, la curiosidad, la dinámica de prueba y error, le hacen mucho más flexible a la adversidad, y le permiten volver a construir castillos más fácilmente, si el anterior se rompió este va a ser mejor. Un espacio en el que poco a poco el profesional se encuentra con otros profesionales, y se reconocen como personas y como grupo, y se dan cuenta de esas capacidades nuevas, que siempre estuvieron de forma potencial, que están redescubriendo juntos.

Porque qué fácil es crear cuando nos quitamos tres capas de miedo (cómo me voy a mostrar, qué dirán de mí, qué va a pasar) y nos aventuramos nuevamente en la pregunta, en el no sé, en el vamos a tener que probar…

Hace un año pensé que un blog podría ser una buena forma de compartir el camino de oé corazón con toda aquella persona que estuviese interesada en escuchar, en sentarse a escribir, a leer, a responder, a interactuar. Poco a poco, el camino se manifiesta y nuestra particular forma de hacer, plagada de reflexiones, de preguntas y de conversaciones, tan parecida a tricotar, da paso a otra reflexión compartida, a otro post.

Perder un año para ganar la vida, parar un poco para pisar con más fuerza y determinación, definitivamente qué bonito es este camino, también en el seno de tu organización, convertida en una unidad generadora de innovación.

barcomon    Así lo vimos…

1 año creando posts

9 años en lontananza nos permitirán evaluar los resultados de alguna de las decisiones que tomamos hoy, sin miedo a cómo nos vamos a mostrar, al qué dirán, a qué va a pasar, sin miedo a experimentar y a jugar, elementos clave de la creatividad. También de la innovación.

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