
La relación de los jóvenes españoles con el dinero muestra una doble realidad: crece el interés por invertir, pero este avance no siempre está acompañado de una percepción sólida de los propios conocimientos financieros. Además, las diferencias entre hombres y mujeres siguen siendo significativas.
Así se desprende de la Encuesta Funcas 2026 sobre la cultura y las conductas financieras de los jóvenes españoles, realizada entre el 1 y el 11 de septiembre entre una muestra representativa de 700 internautas de entre 16 y 35 años.
Uno de los principales resultados del estudio es precisamente la baja valoración que los participantes hacen de su formación financiera. Entre los hombres, únicamente el 13% define sus conocimientos generales sobre estas cuestiones como altos o muy altos, mientras que el 46% los considera bajos o muy bajos. La percepción es todavía más negativa entre las mujeres: solo un 6% cree disponer de conocimientos altos o muy altos y un 56% los califica como bajos o muy bajos.
Estas cifras contrastan con un mayor interés masculino por los productos financieros. Elisa Chuliá, investigadora de Funcas, advierte de que este mayor ánimo inversor no parece asentarse necesariamente sobre unos conocimientos sólidos, una situación que puede incrementar el riesgo de recurrir a productos con potenciales rendimientos elevados, pero también sometidos a una fuerte volatilidad.
La brecha aparece igualmente al analizar la capacidad de ahorro. Según Funcas, el 86% de los hombres consultados afirma haber ahorrado, aunque fuera una cantidad pequeña, durante los seis primeros meses de 2026. Entre las mujeres, el porcentaje se sitúa en el 73%.
La diferencia también se aprecia en las cantidades acumuladas. De media, ellos consiguieron ahorrar 1.540 euros, frente a los 990 euros de ellas, lo que supone una cantidad un 55% superior.
Parte de ese dinero acaba llegando a los mercados financieros. Entre quienes consiguieron ahorrar durante el primer semestre, el 27% de los hombres y el 16% de las mujeres señalan que ya han destinado todo o una parte de esos recursos a algún producto de inversión.
La distancia es especialmente visible entre quienes tienen entre 16 y 25 años. En este grupo, uno de cada cuatro hombres que había ahorrado afirma haber destinado parte del dinero a invertir, mientras que entre las mujeres la proporción se reduce a una de cada diez.
Las cuentas remuneradas y los fondos de inversión figuran entre las alternativas más utilizadas por ambos sexos. Sin embargo, la bolsa y, especialmente, las criptomonedas despiertan un mayor interés entre los hombres.
La tenencia de productos financieros refuerza esta tendencia. Un 24% de los hombres de entre 16 y 35 años declara disponer de un fondo de inversión, el doble que entre las mujeres, donde el porcentaje se sitúa en el 12%.
La distancia aumenta en el caso de los criptoactivos: el 23% de los hombres tiene o ha tenido criptomonedas, frente al 8% de las mujeres. También aparecen diferencias en productos más tradicionales, como los planes de pensiones, presentes entre el 12% de ellos y el 6% de ellas.
Paradójicamente, la preocupación por las pensiones públicas es mayor entre las mujeres. Un 79% desconfía de que, cuando llegue el momento de jubilarse, vaya a recibir una pensión pública que le permita vivir sin grandes dificultades, frente al 59% de los hombres.
En términos generales, la mitad de los hombres encuestados tiene o ha tenido algún producto de inversión, frente al 28% de las mujeres. La mayor distancia aparece en el tramo de 26 a 35 años: un 55% de los hombres cuenta o ha contado con estos productos, 22 puntos porcentuales más que las mujeres de la misma edad.
Pese al creciente interés por la inversión, comprar una vivienda sigue ocupando un lugar central entre los objetivos financieros de las nuevas generaciones.
Entre las personas de 26 a 35 años que consiguieron ahorrar durante la primera mitad del año, el 43% de los hombres y el 38% de las mujeres señalan la adquisición de una vivienda como su principal finalidad. Entre quienes tienen de 16 a 25 años, los porcentajes descienden al 28% y al 26%, respectivamente.
Chuliá señala que las dificultades para acceder a una vivienda mediante la acumulación de pequeños ahorros pueden favorecer la entrada de los jóvenes en los mercados financieros. A ello se suma la reducción de las barreras de acceso propiciada por las nuevas tecnologías y por la proliferación de plataformas que permiten comenzar a invertir con cantidades reducidas.
Este nuevo escenario también ha multiplicado la presencia en las redes sociales de actores que intentan influir sobre las decisiones financieras de sus seguidores. De hecho, alrededor de una quinta parte de los jóvenes consulta contenidos financieros o sigue a los denominados finfluencers todos o casi todos los días o varias veces por semana. Algo menos de la mitad realiza con esa frecuencia un seguimiento de los productos financieros que tiene contratados.
Las cantidades invertidas, sin embargo, suelen ser reducidas. Entre los hombres de 16 a 25 años que han comprado criptomonedas, siete de cada diez han destinado como máximo 1.000 euros.
La encuesta de Funcas también permite observar otros comportamientos asociados a la gestión del dinero. Entre las personas de 26 a 35 años, el 18% de los hombres y el 15% de las mujeres reconoce participar en apuestas online varias veces al mes.
Al mismo tiempo, existe una percepción relativamente favorable hacia la inversión entre los hombres más jóvenes. Un 63% de los encuestados de 16 a 25 años considera que invertir en productos financieros es, en general, una buena estrategia para personas de su edad. El porcentaje se reduce al 57% entre los hombres de 26 a 35 años.
La sostenibilidad, por su parte, todavía ocupa una posición secundaria a la hora de decidir dónde colocar el dinero. Según los resultados de Funcas, menos de un tercio de los jóvenes que han invertido en bolsa —un colectivo que representa el 22% de la muestra— ha priorizado empresas que cumplen criterios de sostenibilidad.
Los datos dibujan así un escenario en el que las nuevas generaciones tienen cada vez más herramientas y vías de acceso a la inversión, pero continúan reconociendo importantes carencias de conocimientos financieros. A ello se suma una marcada brecha de género tanto en el ahorro como en la participación en los mercados, mientras objetivos tradicionales como el acceso a la vivienda siguen condicionando buena parte de las decisiones económicas de los jóvenes españoles.