
La sostenibilidad gana espacio en las universidades españolas, tanto en su dimensión social como en la gestión de los recursos y en la actividad académica. Los resultados del Ranking CYD Universidades Sostenibles 2026, elaborado por la Fundación CYD, reflejan avances en ámbitos como la presencia femenina, la incorporación de las energías renovables o la integración de cuestiones ambientales en la oferta formativa, aunque también muestran diferencias entre áreas y tipos de instituciones.
En su segunda edición, el estudio analiza la labor de 84 universidades a partir de 18 indicadores, nueve relacionados con el compromiso social y otros nueve con el medioambiental. El objetivo es observar cómo contribuye el sistema universitario a mejorar su entorno a través de cuestiones como la igualdad, la inclusión, la protección de la salud y el bienestar, la acción social y la gestión ambiental.
Considerando conjuntamente las dos dimensiones, el Ranking CYD sitúa entre las universidades destacadas por su compromiso social y medioambiental a Girona, Vic-Central de Catalunya, La Rioja, León, Católica de Valencia San Vicente Mártir, Valladolid, Alfonso X El Sabio, Burgos, Rey Juan Carlos, Pontificia Comillas y CUNEF.
Uno de los ámbitos estudiados es la igualdad de género. Según los resultados de la Fundación CYD, las mujeres ocupan de media el 44,58 % de los puestos de liderazgo considerados, entre ellos rectorados, vicerrectorados, decanatos y vicedecanatos, direcciones y subdirecciones de centros y direcciones de institutos universitarios.
La proporción femenina entre el personal docente e investigador (PDI) alcanza, por su parte, el 46,26 %, una cifra próxima a la paridad. La situación cambia al observar las cátedras, donde la presencia de mujeres desciende hasta un promedio del 29,05 %.
Alejandra Suárez Gironza, coordinadora del Ranking CYD Universidades Sostenibles, señala que la representación femenina se aproxima a la paridad tanto en los puestos de liderazgo como entre el personal investigador, aunque continúa siendo inferior en las cátedras y los rectorados. También destaca que en un tercio de las universidades las mujeres representan más del 50 % del PDI.
La inclusión constituye otro de los ejes del análisis. El 1,53 % del alumnado universitario tiene algún grado de discapacidad, una proporción que asciende hasta el 2,30 % en las universidades a distancia. Para atender sus necesidades específicas, las instituciones destinan cerca del 0,03 % de su presupuesto.
En las universidades presenciales, la inversión destinada a promover la salud del conjunto de la comunidad universitaria representa el 0,13 %. La acción social —que engloba ayudas, programas y actividades dirigidas a favorecer el bienestar, la inclusión y la participación— concentra una proporción mayor, con un promedio del 0,37 %.
También existen diferencias en el tipo de actividades desarrolladas. Las universidades realizan, de media, 1,2 acciones de promoción de la salud por cada 1.000 estudiantes, frente a 0,4 actividades por cada 1.000 estudiantes destinadas a sensibilizar frente al acoso sexual y la violencia de género.
El compromiso ambiental universitario no se limita al funcionamiento de los campus. De acuerdo con el Ranking CYD Universidades Sostenibles 2026, en la mitad de las instituciones estudiadas al menos el 21 % de las titulaciones y el 16 % de los grupos de investigación están relacionados con la sostenibilidad ambiental.
Los datos muestran, además, que estas cuestiones tienen actualmente una presencia superior en la formación que en la investigación especializada. En promedio, el 22 % de las titulaciones están vinculadas con la sostenibilidad ambiental, frente al 18,24 % de los grupos de investigación y el 6 % de las tesis doctorales.
También se observan diferencias entre universidades públicas y privadas. Las privadas registran una presencia ligeramente superior de la sostenibilidad en sus titulaciones, mientras que las públicas duplican la media de tesis doctorales de las privadas. En los grupos de investigación las diferencias son menores, aunque existe una representación algo mayor en las instituciones públicas.
El consumo energético es otro de los aspectos examinados por la Fundación CYD. En promedio, el 34 % de la energía utilizada por las universidades procede de fuentes renovables, aunque las diferencias entre instituciones son considerables. En la mitad de las universidades analizadas, las fuentes renovables suponen al menos el 18 % del consumo energético, mientras que una de cada cuatro supera el 74 %.
Las diferencias entre instituciones públicas y privadas vuelven a aparecer en este ámbito. La inversión en políticas sostenibles relacionadas con el entorno natural alcanza el 0,42 % en las universidades privadas, frente al 0,32 % en las públicas, una distancia cercana a diez puntos porcentuales en términos relativos de las cifras aportadas.
En cambio, las universidades públicas presentan mejores resultados en determinados indicadores de eficiencia en el uso de recursos: registran medianas inferiores de residuos generados, consumo de agua y consumo de energía por metro cuadrado.
Suárez Gironza resume estas diferencias señalando que el comportamiento ambiental varía en función de la dimensión observada: mientras las universidades públicas sobresalen por un menor consumo de recursos y una menor generación de residuos por metro cuadrado, las privadas presentan una proporción más elevada de energía procedente de fuentes renovables.
Los resultados del Ranking CYD Universidades Sostenibles 2026 dibujan así un sistema universitario en el que las dimensiones social y ambiental atraviesan desde la composición de sus equipos y las políticas de inclusión hasta la docencia, la investigación y la gestión cotidiana de los campus.
Los resultados por universidad se pueden consultar en la página web del Ranking CYD: www.rankingcyd.org