
El sonido de un dron se ha convertido en una señal cotidiana de peligro para millones de niños y niñas atrapados en zonas de guerra. Allí donde debería escucharse el timbre de una escuela, muchas veces es el zumbido de estos dispositivos el que determina cuándo una familia puede salir de casa, acudir a un hospital o desplazarse en busca de alimentos y agua.
Esta es una de las realidades sobre las que alerta World Vision con motivo del Día Mundial de la Ayuda Humanitaria, que se celebra cada 19 de agosto. Según informa la ONG, la evolución de los conflictos armados y el creciente empleo de drones y otras tecnologías emergentes están modificando las condiciones en las que se presta asistencia, con consecuencias tanto para la seguridad del personal humanitario como para la población civil y, especialmente, para la infancia.
La amenaza no se limita al momento de un ataque. La presencia de drones puede provocar miedo entre la población, obligar a las familias a permanecer refugiadas, interrumpir carreteras y dificultar que los equipos humanitarios alcancen comunidades que necesitan alimentos, medicamentos, agua potable y protección. También puede afectar al funcionamiento de hospitales y otros servicios básicos.
Uno de los casos señalados se encuentra en Darfur Oriental, Sudán. Un ataque con drones contra el Hospital Universitario de Al-Daein habría provocado la muerte de al menos 64 personas, entre ellas 13 niños y niñas y personal sanitario, además de dejar a otras 90 personas gravemente heridas. El centro quedó completamente fuera de servicio, impidiendo continuar con prestaciones sanitarias esenciales.
La expansión de este tipo de ataques no se circunscribe a un único punto del país. La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha advertido sobre el creciente uso de drones en una zona cada vez más extensa de Sudán. Naciones Unidas también ha informado de ataques en El Obeid que alcanzaron una central eléctrica y una estación de combustible y provocaron el cierre de centros médicos.
En Ucrania, World Vision recoge testimonios de familias cuyos hijos e hijas se refugian en sótanos mientras escuchan drones sobre sus localidades. Algunos menores llevan meses separados de sus progenitores después de que estos buscaran refugio fuera del país.
Para Isabel Gomes, responsable global de Gestión de Desastres de World Vision, el desarrollo tecnológico no modifica las obligaciones de protección existentes en los conflictos. “Puede que la tecnología esté cambiando la forma en que se libran los conflictos, pero no puede cambiar nuestra responsabilidad de proteger la vida y la dignidad humanas”, sostiene.
Gomes advierte además de que cada ataque que obliga a cerrar una clínica, destruye una carretera o fuerza a un equipo humanitario a interrumpir su recorrido reduce las posibilidades de supervivencia de la infancia. La organización insiste en un principio fundamental: el personal humanitario, los hospitales y los niños y niñas no pueden convertirse en objetivos de guerra.
La advertencia llega en un contexto especialmente grave para quienes trabajan prestando asistencia en escenarios de crisis. Más de 1.000 trabajadores humanitarios han muerto durante los últimos tres años, de acuerdo con datos difundidos por Naciones Unidas. Solo en 2025 fallecieron 350, la segunda cifra anual más elevada registrada hasta el momento, según datos de Humanitarian Outcomes.
A ello se suma el deterioro de otros espacios que deberían estar protegidos frente a la violencia. La Coalición Global para Proteger la Educación de los Ataques documentó al menos 8.566 ataques contra la educación durante 2024 y 2025, lo que representa un incremento superior al 40 % respecto al periodo 2022-2023.
La sanidad también se encuentra bajo una fuerte presión. Según los datos citados por World Vision de la Organización Mundial de la Salud (OMS), durante 2026 se han verificado cerca de 1.900 ataques contra instalaciones, personal y servicios sanitarios.
Estas cifras tienen consecuencias que van mucho más allá de quienes trabajan directamente en la respuesta humanitaria. Cuando un convoy no puede avanzar, una clínica deja de funcionar o los equipos de asistencia tienen que abandonar una zona por motivos de seguridad, son las comunidades afectadas las que pierden el acceso a bienes y servicios esenciales.
En numerosos casos, además, quienes asumen esos riesgos son trabajadores locales y personas pertenecientes a las propias comunidades atrapadas por la violencia.
World Vision subraya que la seguridad del personal humanitario y la protección de los niños y niñas forman parte de una misma responsabilidad. Cuando la ayuda no consigue llegar, aumenta la exposición de la infancia al hambre, las enfermedades, la violencia, la explotación y la falta de protección.
En este contexto, la organización recuerda la importancia de la Declaración para la Protección del Personal Humanitario, que respaldó el pasado año. Este compromiso busca reforzar el respeto del derecho internacional, impulsar medidas concretas para proteger a quienes prestan asistencia, preservar el acceso humanitario y mejorar la rendición de cuentas cuando esas garantías son vulneradas.
Ante la conmemoración del próximo 19 de agosto, World Vision reclama a los gobiernos y a las partes implicadas en conflictos cuatro líneas de actuación: proteger al personal humanitario, a la población y a las infraestructuras civiles conforme al derecho internacional humanitario; asegurar un acceso seguro, continuado y sin obstáculos a las comunidades afectadas; garantizar investigaciones independientes y responsabilidades ante los ataques contra trabajadores humanitarios, instalaciones sanitarias y otras infraestructuras civiles; y abordar específicamente las consecuencias humanitarias derivadas del empleo de drones y otras tecnologías militares emergentes.
“Cuando los trabajadores humanitarios son atacados o se les impide llegar a las comunidades, los niños y niñas pierden a las personas que les proporcionan alimentos, medicinas, agua potable y protección”, advierte Gomes, quien reclama que estos hechos sean tratados como una prueba efectiva del cumplimiento del derecho internacional y no únicamente como nuevas cifras en las estadísticas de los conflictos.
El Día Mundial de la Ayuda Humanitaria se celebra anualmente el 19 de agosto como una jornada de reconocimiento a quienes trabajan asistiendo a personas afectadas por guerras y otras crisis. En 2026, la campaña pone el foco en una mayor protección del personal humanitario, la rendición de cuentas por los ataques y la necesidad de garantizar un acceso seguro a quienes necesitan asistencia.
Para World Vision, el homenaje a quienes han perdido la vida debe traducirse también en medidas concretas. La organización plantea una cuestión de fondo: cuántas muertes de trabajadores humanitarios y cuántos hospitales inutilizados serán necesarios antes de que las declaraciones de preocupación se acompañen de responsabilidades y consecuencias ante las vulneraciones del derecho internacional.
En un escenario bélico marcado cada vez más por nuevas tecnologías, proteger el espacio humanitario significa preservar la posibilidad de que la ayuda llegue hasta quienes dependen de ella para sobrevivir. Para millones de niños y niñas, mantener abiertas una carretera, una clínica o una ruta de asistencia puede marcar la diferencia entre recibir alimentos, atención sanitaria y protección o quedar completamente aislados.