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Millones de personas recurren cada verano al protector solar para prevenir los efectos de la radiación ultravioleta. Sin embargo, una parte de estos productos termina en el agua al bañarse, donde algunos de sus ingredientes pueden afectar a los ecosistemas marinos. Expertos y organismos internacionales recuerdan que es posible reducir ese impacto sin renunciar a la protección frente al sol.
Los protectores solares también dejan huella en el mar

Con la temporada estival en pleno auge en las costas españolas, la protección solar se convierte en un gesto imprescindible para prevenir quemaduras, envejecimiento prematuro de la piel y reducir el riesgo de cáncer cutáneo. No obstante, el uso masivo de estos productos también plantea un desafío ambiental que cada vez recibe más atención por parte de la comunidad científica.

Diversos estudios han constatado que una parte del protector solar aplicado sobre la piel acaba en el mar cuando las personas se bañan. A ello se suma el producto que se elimina durante la ducha y llega a ríos y mares a través de las aguas residuales. Según han señalado diferentes organismos e investigaciones científicas, algunos filtros ultravioleta y otros compuestos presentes en determinados protectores solares pueden acumularse en el medio acuático y afectar a especies marinas, especialmente en zonas costeras con una elevada afluencia turística.

Los corales figuran entre los ecosistemas más sensibles. Aunque los arrecifes tropicales no forman parte del litoral español, investigaciones internacionales han relacionado ciertos ingredientes, como la oxibenzona (benzofenona-3) y el octinoxato, con alteraciones en el desarrollo y la reproducción de los corales. También existen estudios que apuntan a posibles efectos sobre algas, moluscos, peces e invertebrados marinos, si bien los científicos continúan investigando el alcance real de estos impactos y la influencia de otros factores como el cambio climático o la contaminación por nutrientes.

En el Mediterráneo, donde durante el verano coinciden millones de bañistas en espacios relativamente reducidos, la concentración de residuos procedentes de protectores solares puede aumentar de forma puntual en playas y calas con escasa renovación del agua. Por ello, distintas administraciones y organizaciones ambientales promueven hábitos de uso más responsables.

Cómo reducir el impacto ambiental sin dejar de proteger la piel

Los especialistas insisten en que la solución no pasa por dejar de utilizar protector solar, ya que la protección frente a la radiación ultravioleta sigue siendo esencial para la salud. La clave consiste en combinar distintas medidas para minimizar la cantidad de producto que llega al mar.

Entre las recomendaciones más habituales destacan:

  • Aplicar el protector solar al menos entre 20 y 30 minutos antes de entrar en el agua para favorecer su absorción por la piel.
  • Complementar la protección con ropa de manga larga, camisetas con protección UV, sombreros de ala ancha y gafas de sol homologadas, reduciendo así la cantidad de crema necesaria.
  • Buscar la sombra durante las horas centrales del día, cuando la radiación solar alcanza su máxima intensidad.
  • Elegir protectores solares resistentes al agua cuando se practiquen actividades acuáticas, siguiendo siempre las instrucciones del fabricante para reaplicar el producto.
  • Optar, cuando sea posible, por formulaciones que eviten ingredientes cuya presencia en el medio marino genera mayor preocupación científica y ambiental.

Un consumo más responsable también protege los ecosistemas

Cada verano, pequeños cambios en los hábitos de millones de personas pueden contribuir a disminuir la presión sobre los ecosistemas costeros. Reducir la cantidad de producto que acaba directamente en el agua, junto con otras medidas para prevenir la contaminación marina, forma parte de un enfoque de turismo más sostenible.

La protección de la salud y la conservación del medio ambiente no son objetivos incompatibles. Elegir correctamente el protector solar, aplicarlo de forma adecuada y combinarlo con otras medidas de protección física permite cuidar la piel mientras se reduce la huella que dejamos en playas y mares.

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