Millones de personas recurren cada verano al protector solar para prevenir los efectos de la radiación ultravioleta. Sin embargo, una parte de estos productos termina en el agua al bañarse, donde algunos de sus ingredientes pueden afectar a los ecosistemas marinos. Expertos y organismos internacionales recuerdan que es posible reducir ese impacto sin renunciar a la protección frente al sol.