
La Unión Europea sigue pagando un alto precio por su dependencia de los combustibles fósiles importados. Así lo advierte la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA) en un nuevo informe en el que sostiene que acelerar el despliegue de la electricidad renovable es la vía más eficaz para reducir la exposición de Europa a las crisis internacionales de suministro, contener la factura energética y reforzar su autonomía estratégica.
El organismo europeo recuerda que en 2024 la UE importó cerca del 85% del gas y el 97% de los productos petrolíferos que consumió, una dependencia que deja a la economía europea especialmente expuesta a sobresaltos geopolíticos y a las oscilaciones del mercado internacional. Según la EEA, esta vulnerabilidad se ha hecho visible en los últimos años con episodios como la guerra en Ucrania o las tensiones en torno al estrecho de Ormuz, que han contribuido a disparar el precio del gas y, con ello, el coste de la energía para hogares e industrias.
Frente a ese escenario, la agencia destaca que las renovables ya están actuando como un colchón frente a la volatilidad. El análisis calcula que el encarecimiento global del gas supuso un sobrecoste adicional de 13.000 millones de euros para la UE hasta mediados de abril, mientras que la aportación de la generación renovable evitó un impacto mayor al ahorrar 29.000 millones de euros. Para la EEA, estos datos demuestran que la expansión de tecnologías como la solar y la eólica no solo es una herramienta climática, sino también una palanca de estabilidad económica.
El informe plantea además que un impulso más rápido de las energías renovables podría evitar un aumento de hasta el 125% en los precios mayoristas de la electricidad de aquí a 2030. Esta previsión se basa en un escenario en el que las renovables alcancen el 68% de la generación eléctrica europea, en línea con las proyecciones incluidas en los planes decenales de desarrollo de red de los Estados miembros.
No obstante, la Agencia Europea de Medio Ambiente subraya que el abaratamiento de la energía no dependerá únicamente de instalar más parques eólicos o solares. A medida que crece el peso de estas tecnologías en el sistema eléctrico, será imprescindible acompañar su despliegue con más redes, capacidad de almacenamiento, medidas de eficiencia y herramientas de gestión de la demanda que permitan integrar una producción más variable sin recurrir a nuevas infraestructuras fósiles.
La EEA advierte, en este sentido, de que la electrificación de edificios, transporte e industria debe avanzar al mismo ritmo que la expansión renovable y la modernización del sistema energético. De lo contrario, Europa corre el riesgo de seguir atada al gas para cubrir picos de demanda o compensar la falta de flexibilidad del sistema.
En su evaluación, la agencia concluye que solo una transformación equilibrada entre renovables, electrificación, almacenamiento, redes y respuesta de la demanda permitirá reducir de forma sostenida el precio de la energía y blindar a la UE frente a futuras crisis de suministro.