
La crisis climática está dejando de ser únicamente un desafío ambiental para convertirse en una amenaza directa para los derechos de la infancia. Según el nuevo Informe sobre el Riesgo Climático de la Infancia 2026, elaborado por UNICEF, casi todos los niños y niñas del planeta están expuestos actualmente a al menos un peligro climático significativo, mientras que alrededor de 1.100 millones afrontan simultáneamente tres o más riesgos relacionados con el clima.
El estudio, que ofrece una de las radiografías más completas hasta la fecha sobre el impacto del calentamiento global en la población infantil, subraya que la exposición a fenómenos como inundaciones, sequías, tormentas tropicales, incendios forestales, olas de calor o contaminación atmosférica no afecta a todos por igual. Las desigualdades sociales, económicas y territoriales amplifican la vulnerabilidad de millones de menores, especialmente en comunidades con acceso limitado a servicios esenciales.
Según informa UNICEF, los impactos climáticos repercuten directamente sobre dimensiones fundamentales para el desarrollo infantil. Las altas temperaturas incrementan los riesgos de golpes de calor y deshidratación, mientras que las sequías agravan la inseguridad alimentaria y nutricional. A ello se suma el aumento de enfermedades como el dengue o el paludismo y la contaminación derivada de los incendios forestales.
La organización advierte además de que los menores sufren estas consecuencias de manera desproporcionada debido a que sus organismos aún están en desarrollo y cuentan con menor capacidad para afrontar las presiones físicas y psicológicas derivadas de los fenómenos extremos.
La publicación también destaca el efecto del cambio climático sobre servicios básicos. En 2024, al menos 242 millones de estudiantes de 85 países vieron interrumpida su educación por eventos climáticos peligrosos. Asimismo, entre 2016 y 2023 se registraron 62,1 millones de desplazamientos internos de niños y niñas vinculados a desastres climáticos, una media superior a 21.000 desplazamientos diarios.
Uno de los hallazgos más preocupantes del informe es la superposición de amenazas. UNICEF señala que la realidad de muchos territorios no está marcada por un único fenómeno extremo, sino por la combinación de varios riesgos que se retroalimentan. Una sequía puede destruir cosechas, favorecer incendios forestales y, posteriormente, aumentar el impacto de inundaciones repentinas, generando un efecto en cascada sobre comunidades enteras.
La exposición también presenta importantes diferencias geográficas. Mientras que países con grandes poblaciones infantiles como India, Nigeria o Pakistán concentran cifras muy elevadas de menores expuestos en términos absolutos, regiones especialmente vulnerables como el Sahel registran algunos de los niveles más altos de exposición relativa a riesgos climáticos múltiples e intensos.
Frente a este escenario, UNICEF plantea que la protección de la infancia debe ocupar un lugar central en las políticas climáticas. La organización reclama acelerar la reducción de emisiones, avanzar en una transición justa hacia energías renovables y reforzar la resiliencia de sistemas esenciales como la salud, la educación, el agua, el saneamiento y la protección social.
El informe también defiende una mayor participación de niños, niñas y jóvenes en la toma de decisiones climáticas, recordando que el derecho a un entorno limpio, saludable y sostenible está estrechamente vinculado al cumplimiento de otros derechos fundamentales de la infancia.
En un contexto de intensificación de los fenómenos extremos, UNICEF concluye que actuar con rapidez no solo es una cuestión ambiental, sino una obligación para garantizar el bienestar, la seguridad y las oportunidades de las generaciones presentes y futuras.