
Cada 16 de abril se celebra el Día Mundial del Emprendimiento, una jornada que busca poner en valor el papel de quienes impulsan nuevos proyectos y generan empleo. Sin embargo, en España, el creciente interés por emprender contrasta con las dificultades reales para transformar una idea en un negocio viable.
Según señala Acción contra el Hambre, aún existe una brecha significativa entre el potencial emprendedor y las oportunidades reales de acceso a financiación, formación y acompañamiento técnico. Esta desigualdad se refleja en los datos: aunque el país se sitúa entre los cinco con mayor mentalidad emprendedora, solo el 16% de la población activa está registrada como autónoma, lo que evidencia las barreras estructurales que persisten.
En este contexto, la organización subraya —según informa la propia entidad— que el emprendimiento no depende únicamente de la motivación individual, sino del entorno que facilite su desarrollo. Sus programas gratuitos buscan precisamente reducir estas desigualdades, ofreciendo acompañamiento y apoyo financiero a perfiles diversos.
Durante 2025, más de 1.100 personas participaron en estas iniciativas, que dieron lugar a la creación de 105 nuevos negocios en distintos sectores. Además, el acceso a financiación —con ayudas directas de hasta 2.200 euros y microcréditos que pueden alcanzar los 50.000 euros— se consolida como uno de los pilares clave para impulsar proyectos sostenibles.
Uno de los aspectos más relevantes que destaca Acción contra el Hambre es la diversidad generacional de quienes emprenden. Lejos de concentrarse en un único perfil, el autoempleo se presenta como una opción transversal:
El 44% de las personas participantes tiene menos de 30 años, en parte gracias a programas específicos de emprendimiento juvenil.
El 42% se sitúa entre los 30 y los 45 años.
Y un 14% supera los 45 años, lo que refleja procesos de reinvención profesional o retorno al mercado laboral.
Estos datos refuerzan la idea de que el emprendimiento puede ser una alternativa tanto para quienes buscan su primera oportunidad como para quienes necesitan reorientar su trayectoria laboral.
El perfil de las personas participantes también pone de relieve el potencial del autoempleo como herramienta de cohesión social. Más del 45% procede de contextos migratorios —con origen en países como Colombia, Marruecos, Venezuela o Argentina—, lo que evidencia su papel en la integración económica.
En términos de género, el 60% de las personas participantes en 2025 fueron mujeres. Esta tendencia contribuye a avanzar hacia un mercado laboral más equitativo, aunque la organización reconoce que la brecha de género en el emprendimiento sigue siendo un desafío pendiente.
Los proyectos impulsados abarcan distintos ámbitos de actividad, contribuyendo a diversificar el tejido productivo. El 40% se concentra en hostelería y comercio, seguido por sectores como salud (10%), cultura y deporte (8%) o educación (6%).
En cuanto a las fórmulas jurídicas, predomina el trabajo autónomo (84%), aunque también crecen modelos vinculados a la economía social (7%), sociedades colectivas (5%) y comunidades de bienes (3%).
En palabras de Ana Alarcón, gestora nacional de proyectos de emprendimiento inclusivo de Acción contra el Hambre, recogidas por la organización, “emprender no depende únicamente de la edad o la motivación, sino de contar con un entorno que acompañe a las personas en cada fase del proceso”. Una afirmación que resume el principal reto: convertir el interés por emprender en oportunidades reales, accesibles y sostenibles en el tiempo.