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Un panel científico internacional impulsado por Naciones Unidas analiza cómo garantizar que la inteligencia artificial refuerce las capacidades humanas sin comprometer derechos, ética ni control democrático. Según la propia ONU, el objetivo es claro: que la tecnología esté al servicio de la humanidad y no al revés.
La ONU pone el foco en la gobernanza de la IA: ¿puede la tecnología avanzar sin desplazar a las personas?

La Organización de las Naciones Unidas ha puesto en marcha un nuevo espacio de análisis global para abordar uno de los grandes desafíos contemporáneos: cómo gobernar la inteligencia artificial sin perder de vista su impacto social. Se trata del Panel Científico Internacional Independiente sobre IA, un organismo que reúne a expertos de distintos ámbitos con el objetivo de evaluar tanto los beneficios como los riesgos de esta tecnología.

Tal y como recoge la propia ONU, este grupo —el primero de carácter global dedicado exclusivamente a la inteligencia artificial— se prepara para celebrar su primera cumbre presencial, en un contexto marcado por el rápido avance tecnológico y las crecientes preocupaciones éticas.

Poner a las personas en el centro

Uno de los ejes centrales del debate es cómo evitar que la automatización desplace el papel humano en la toma de decisiones. En este sentido, la experta Menna El-Assady, miembro del panel, insiste en la necesidad de que la IA se desarrolle desde un enfoque centrado en las personas.

“Garantizar que los seres humanos ocupen un lugar central en la toma de decisiones” es una de las prioridades, subraya la investigadora, que forma parte de los 40 especialistas designados por la Asamblea General.

El panel analiza, entre otras cuestiones, cómo esta tecnología está transformando ámbitos clave como el empleo o la sanidad, así como las implicaciones sociales de su expansión.

De la automatización a la “inteligencia aumentada”

Frente a una visión basada en la sustitución del trabajo humano, el grupo propone avanzar hacia el concepto de “inteligencia aumentada”. Este enfoque apuesta por utilizar la IA para reforzar las capacidades de las personas, promoviendo una relación de colaboración entre humanos y máquinas.

La idea del conocido “humano en el bucle” —es decir, mantener siempre supervisión humana en procesos automatizados— aparece como un principio clave para garantizar decisiones responsables y evitar errores o sesgos.

Además, el panel plantea la necesidad de desarrollar infraestructuras digitales públicas que permitan un acceso más equitativo a la tecnología, así como incorporar diversidad cultural y lingüística en los sistemas de IA para evitar que se concentren en unos pocos países o contextos.

Riesgos, ética y confianza: los retos pendientes

La creación de este panel responde también a una creciente preocupación internacional por los riesgos de una inteligencia artificial sin regulación. El propio secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que “el destino de la humanidad no puede dejarse en manos de un algoritmo”.

En la misma línea, el Alto Comisionado de Derechos Humanos, Volker Türk, alertó sobre el peligro de desarrollar tecnologías sin tener en cuenta principios éticos y sociales básicos.

Entre las posibles soluciones que se barajan, destaca la introducción de mecanismos como el “marcado de agua” en contenidos generados por IA, una herramienta que permitiría diferenciar claramente entre producciones humanas y automatizadas, reforzando la transparencia y la confianza pública.

Hacia una gobernanza global de la IA

El primer informe del panel se presentará en el Diálogo Global sobre la Gobernanza de la IA, previsto para julio en Ginebra. Aunque este organismo no tiene capacidad reguladora, su función será aportar evidencia científica y análisis independientes que sirvan de base para la toma de decisiones políticas.

En un momento en el que la inteligencia artificial avanza más rápido que las normativas, la iniciativa de Naciones Unidas apunta a un objetivo clave: construir un marco global que permita aprovechar el potencial de la tecnología sin comprometer los derechos, la equidad ni el control humano.

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