
El agua se ha convertido en uno de los grandes retos ambientales del siglo XXI, y también en un factor estratégico para la economía. En este escenario, BBVA ha dado un paso relevante al publicar por primera vez el cálculo completo de su huella hídrica, alcanzando los 8,6 millones de metros cúbicos equivalentes en 2024, tal y como recoge el Estado de Información No Financiera del grupo.
Este dato integra tanto el consumo directo —más de 2 millones de m³— como el indirecto, que supera los 6,5 millones de m³ y está vinculado a la cadena de suministro y a los servicios necesarios para la actividad del banco.
La huella hídrica es un indicador que mide el volumen total de agua utilizado —de forma directa e indirecta— por una organización, así como su impacto sobre la calidad y disponibilidad del recurso. No se trata solo de cuánto agua se consume, sino también de cómo ese uso afecta a los ecosistemas y a las comunidades.
En un contexto donde, según el Foro Económico Mundial, la mitad de la población mundial podría vivir en condiciones de estrés hídrico en 2050, medir este impacto se vuelve clave. Para las empresas, conocer su huella hídrica permite identificar riesgos, mejorar la eficiencia, reducir costes y avanzar hacia modelos productivos más sostenibles.
Según detalla BBVA, el cálculo se ha realizado siguiendo la norma internacional ISO 14046, que evalúa tanto el consumo como los impactos ambientales asociados. Esta metodología distingue entre huella directa —la derivada del uso de agua en edificios, oficinas o centros de datos— y huella indirecta, vinculada a la energía, los materiales o la gestión de residuos.
El proceso ha contado con el apoyo técnico de Veolia y ha sido verificado por un tercero independiente, lo que refuerza la fiabilidad de los resultados.
En palabras de Desirée Granda, responsable de Inmuebles y Servicios en BBVA, “la gestión de la huella de agua ya forma parte de nuestra estrategia de impacto directo, junto con la huella de carbono”, destacando la importancia de una visión conjunta para priorizar acciones de reducción y regeneración.
La entidad también ha avanzado en la reducción de su consumo hídrico. Entre 2019 y 2025, BBVA ha logrado disminuir un 27% su consumo total de agua y un 36% el consumo por empleado, superando ampliamente los objetivos marcados en su Plan de Ecoeficiencia.
Estas mejoras responden a medidas como la optimización de edificios, la digitalización de procesos o el impulso del reciclaje, lo que evidencia cómo la gestión eficiente del agua puede integrarse en la operativa diaria.
Más allá de medir y reducir, BBVA apuesta por la regeneración del recurso hídrico. Según informa la propia entidad, cuando no es posible disminuir más el consumo, se recurre a iniciativas de restauración, como la adquisición de Créditos de Agua Positiva.
Estos créditos permiten compensar el impacto mediante proyectos que mejoran la disponibilidad de agua en zonas con escasez, por ejemplo, optimizando redes de distribución y reduciendo pérdidas. Cada crédito equivale a 1.000 m³ de agua ahorrada o recuperada.
El agua ya no es solo una cuestión ambiental, sino también económica. Sectores como la agricultura, la alimentación o el turismo dependen directamente de su disponibilidad. De hecho, el coste de no actuar frente a la crisis hídrica puede ser hasta cinco veces mayor que invertir en soluciones de eficiencia, según datos de CDP citados por la entidad. En este contexto, BBVA estructura su estrategia en cuatro pilares: medir la huella hídrica, reducir el consumo, regenerar el recurso y comunicar los avances de forma transparente.
Como resultado de este enfoque, BBVA ha sido reconocida en 2025 con la certificación ‘Water Committed’ bajo el estándar Act4Water, que distingue a las organizaciones que no solo miden su impacto, sino que también implementan acciones concretas para mejorarlo. Este paso refleja una tendencia creciente: la gestión del agua se consolida como un eje central en las estrategias ESG. Medir la huella hídrica ya no es una opción, sino una herramienta clave para afrontar los riesgos climáticos y avanzar hacia una economía más resiliente.