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En torno al 70% de los cauces analizados en Europa presentan microplásticos, un problema que se origina antes de que el agua llegue a depurarse y que pone en cuestión la eficacia de los sistemas actuales de saneamiento.
Los microplásticos ya contaminan la mayoría de los ríos europeos

La contaminación por microplásticos se ha extendido de forma preocupante en ríos y arroyos europeos. Según datos recientes, estas partículas están presentes en aproximadamente siete de cada diez cauces analizados, lo que refleja que buena parte de la contaminación se genera antes de que el agua alcance las infraestructuras de tratamiento, tal y como advierten distintas investigaciones y entidades ambientales.

Este escenario se produce en un contexto donde el estado ecológico de las aguas sigue siendo insuficiente. En España, apenas el 49,1% de las masas de agua superficial alcanza un buen estado, una cifra similar a la media europea, donde solo el 39,5% de las aguas están en buen estado ecológico y el 26,8% en buen estado químico, según datos oficiales.

Uno de los focos más relevantes de esta contaminación se encuentra en actividades cotidianas. El lavado de ropa sintética libera fibras microscópicas que acaban en los sistemas de saneamiento, mientras que el uso inadecuado de toallitas húmedas —especialmente cuando se desechan por el inodoro— contribuye a obstrucciones y facilita que residuos plásticos lleguen directamente a ríos y arroyos. Desde el Ministerio para la Transición Ecológica insisten en la necesidad de evitar este tipo de prácticas.

Frente a este problema, algunas soluciones ya están mostrando resultados. Según informa el Canal de Isabel II, en 2024 se retiraron más de 1.500 toneladas de residuos sólidos en la red de saneamiento durante episodios de lluvias intensas, evitando que estos materiales acabaran en los ecosistemas fluviales.

Además, iniciativas sobre el terreno están ayudando a identificar los puntos más críticos. En colaboración con administraciones locales, la Fundación For The Best World ha detectado zonas especialmente vulnerables, como arroyos urbanos y puntos de alivio, donde los residuos acceden directamente al medio natural durante lluvias intensas.

“La protección del agua empieza en cada residuo que no se abandona y en cada vertido que se evita”, señala Elisenda Franquet en representación de la fundación, subrayando la importancia de actuar desde el origen.

En este sentido, organizaciones ambientales coinciden en que la respuesta debe centrarse en prevenir la contaminación antes de que alcance los ecosistemas acuáticos. Medidas como la instalación de sistemas de retención, el cierre de vertidos ilegales o el refuerzo de la concienciación ciudadana se perfilan como herramientas clave.

En el marco del Día Mundial del Agua celebrado el pasado 22 de marzo, el mensaje es claro: la lucha contra la contaminación hídrica no empieza en las depuradoras, sino mucho antes, en los hábitos de consumo y gestión de residuos. Porque una parte significativa del problema no nace en el agua, sino en todo aquello que termina llegando a ella.

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